TODO MAL
Por qué la familia de Soledad Pastorutti rechazó a Jeremías, su esposo: “Salí corriendo”
Antes de convertirse en una de las parejas más sólidas del folklore argentino, Soledad Pastorutti y Jeremías Audoglio tuvieron que atravesar un inicio lleno de miradas incómodas, dudas y un recibimiento familiar que estuvo muy lejos del “amor a primera vista”. La propia Sole fue quien reveló que, en aquellos primeros cruces, su mamá y su papá no querían saber nada con el futuro arquitecto que años después se volvería su compañero de vida.
Todo empezó en Arequito, cuando ambos eran estudiantes de la secundaria nocturna. La conexión fue inmediata, pero la presentación formal fue casi una escena de película: “Un día fui y le golpeé la ventana a mi suegra… directamente. Salí corriendo”, recordó entre risas en una entrevista. Ese gesto impulsivo funcionó como mensaje cifrado para Jeremías, que entendió enseguida y fue a buscarla.
Sin embargo, puertas adentro de la familia Pastorutti, la historia no estaba tan clara. La propia cantante admitió que su romance no generaba demasiada confianza: “A mi viejo mucho no le gustaba. A mi mamá tampoco. Nunca me fui de vacaciones con Jere estando de novios”, confesó sobre aquellos primeros años donde la relación avanzaba, pero la aprobación tardaba en llegar. Eran tiempos distintos, contaba, donde incluso la convivencia recién llegó después del casamiento.
Con el paso del tiempo, ese vínculo resistió todos los filtros: la fama explosiva de Soledad Pastorutti, las giras eternas, el crecimiento profesional y una dinámica familiar que los transformó en un verdadero equipo. Mientras ella se consolidaba como una de las voces más influyentes del país, Jeremías dejaba de lado su carrera de arquitecto para sostener la logística familiar y sumarse al engranaje que sostiene cada proyecto. Sole lo explicó sin vueltas en otra entrevista, orgullosa del rol que él asumió: “Mi marido trabaja conmigo, me ayuda mucho con las nenas. Cuando nos vamos de gira nos vamos los cuatro y eso hace que ellas vivan en un ambiente de familia muy tranquilo”.
A esa organización doméstica se suman otras responsabilidades: la gestión de los campos de la familia y la presencia constante en cada armado de show. Un trabajo silencioso pero fundamental que Sole sintetizó así: “Es ser el primero que llega y el último en irse a la noche con el desarme”.
Hoy, todos esos temores iniciales quedaron sepultados por una historia que probó ser más fuerte que cualquier prejuicio. Soledad Pastorutti y Jeremías Audoglio llevan casi dos décadas de matrimonio, dos hijas, un proyecto artístico compartido y un hogar que se nutre de la misma certeza: aquello que arrancó con resistencia terminó convirtiéndose en uno de los pilares más firmes de la vida de la cantante.