Borges “filosofará” en la Noche de los Museos
“El movimiento, ocupación de sitios distintos en instantes distintos, es inconcebible sin tiempo; asimismo lo es la inmovilidad, ocupación de un mismo lugar en distintos puntos del tiempo”, filosofaba Jorge Luis Borges en el prólogo a su Historia de la eternidad, así como, en El Aleph, estiraba sus pensamientos hasta el infinito al escribir sobre un punto que reúne lo inabarcable: “Vi en el Aleph la tierra, y en la tierra otra vez el Aleph y en el Aleph la tierra, vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y conjetural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo”.
En definitiva, la eternidad y lo absoluto, temas que borgeanamente ha dedicido reunir el profesor en Filosofía Javier Gulin, quien el viernes a las 20.30, en el Instituto de Formación Docente Continua (John O’Connor 1757), dará una charla junto a León Imperiale, titulada, precisamente, “Borges y la filosofía: eternidad y absoluto”, en el marco de la Noche de los Museos.
“Consideramos que la obra de Borges sirve para tender un puente entre filosofía y literatura”, señala Gulin, quien explica que “la intención es leer fragmentos borgeanos, interpretar algunas de las ideas del escritor y establecer relaciones con otros autores”. De tal forma, promete “una presentación amena, dirigida tanto a los que leyeron a Borges como también a quienes no lo han hecho”.
El profesor en Filosofía destaca el peso filosófico de varios textos de Borges y, dado que los conceptos escogidos para girar sobre ellos a partir de la figura del escritor son la eternidad y lo absoluto, adelanta que, especialmente, más allá de pasar también por otras creaciones, en el encuentro tienen previsto recalar principalmente en el ya citado ensayo Historia de la eternidad, el poema El golem y los cuentos El jardín de senderos que se bifurcan y El Sur. También, claro, se hará mención al también citado El Aleph, con aquel “punto donde se concentra el tiempo y el espacio, una metáfora del absoluto muy linda que nos regala la obra de Borges”, según describe Gulin.
Javier Gulin, profesor borgeano (imagen gentileza).
Oriundo de Burzaco, en la zona sur del conurbano bonaerense, el profesor —que reside en Bariloche desde hace nueve años—, en un primer momento, había decidido estudiar medicina, pero al año y medio se percató de que prefería orientarse para el lado de las ciencias humanas, y ahí apareció la filosofía. En tal sentido, dice: “Siempre me ha parecido interesante buscarles el sentido a las cosas, a la totalidad, y, de alguna forma, la explicación a lo que es el ser humano y lo que es el universo, en una búsqueda general y total”.
—Ya que hablamos del tema, se trata de una búsqueda eterna —sugiere el cronista.
—Estudiar filosofía te da esa perspectiva de entender que, si bien iniciás el camino pensando que vas a encontrar algo ya cerrado, terminado, a lo cual adscribir, en realidad, todos y cada uno de los representantes de la filosofía clásica —yo me formé, sobre todo, en la filosofía occidental— generan más preguntas —y más vías de trabajo— que respuestas cerradas.
—¿Cómo ha sido tu vínculo con los libros de Borges?
—Por recomendación de un amigo, soy su lector desde la adolescencia. Fue uno de mis primeros acercamientos a la filosofía. Justamente, creo que Borges es culpable de que haya elegido estudiar filosofía.