2025-11-01

Apertura de la temporada de pesca, se abre el interrogante: ¿qué pasará con las truchas en la zona?

Se trata de una actividad que despierta pasiones y atrae a gente de todo el mundo; un experto marca el panorama de lo que podrá suceder en los próximos meses, tras un invierno con escasas precipitaciones.

Cuando se piensa en la Patagonia, y especialmente en Bariloche, la gente suele identificar a la zona con la nieve y las actividades invernales, pero, para muchos, la región, sobre todo, es sinónimo de pesca. Justamente, ante la apertura de la temporada de esta práctica el 1° de noviembre (se extenderá hasta el 1° de mayo), muchos fanáticos —locales, pero también de lugares distantes— están preparando sus cañas para disfrutar de su pasión.

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El secretario de la Asociación de Pesca y Caza Nahuel Huapi, Alejandro Linares, explica que la fecha escogida para dar comienzo al período en que se puede pescar no es casual: “Tiene que ver con el ciclo reproductivo de las truchas. Se considera que ya dejaron sus huevos en las camas de desove, en los ríos. En realidad, lo hicieron en julio, porque suben a desovar antes de la primavera. Es decir que ahora estamos fuera de su época de reproducción, por lo que en esta etapa las afectamos menos”, señala.

Asimismo, cuenta: “Para hacer pesca deportiva, se introdujeron (alrededor de 1900) tres variedades de truchas, la arcoíris, la marrón y la de arroyo. También se introdujo el salmón, pero sólo se adaptó en la cuenca del río Traful, donde ha quedado una población medianamente estable de lo que se llama salmones encerrados. También está la trucha criolla, autóctona de nuestro país, pero no tiene el atractivo deportivo que poseen los otros tipos, los que fueron introducidos, porque carece del tamaño y de la fuerza de aquellos peces”.

Un paisaje idílico.

—Cuando se habla de temporada de pesca, ¿se trata de una etapa que tiene las mismas características todos los años o puede ser que haya algunas temporadas buenas y otras malas?

—Lo importante es el estado del nivel de los ríos. Cuando se trata de un invierno que ha tenido mucha nieve, están más caudalosos y muestran ciertas características. En este caso, por el contrario, hubo un invierno de escasa nieve, por lo cual los ríos tienen poca agua. Por ejemplo, sabemos que en el Pichileufu la temporada será corta, porque a mediados de enero tendrá poca agua; cuando eso sucede, las truchas se retiran a zonas muy profundas, ya no están diseminadas por todo el río. Es decir, la pesca se restringe mucho de acuerdo con la cantidad de agua que tenga el río. Respecto a los lagos, hay un estudio que dice que existe determinada cantidad de truchas por litro de agua y ese número se mantiene. No va a haber una variación en la temporada en ese aspecto.

—Para el Limay, ¿qué se espera?

—Por un lado, se aguarda, justamente, una temporada con poca agua, por lo que realizar la lectura del río quizá sea más sencillo, ya que, ante esa situación, se nota mejor dónde puede haber peces. Es decir, cuanta menos agua hay, se aprecia con mayor facilidad en qué espacios se dan las condiciones de pesca más convenientes. Pero, al mismo tiempo, son menos los lugares para pescar; los peces se concentran en determinados sitios, y si uno va y, de alguna manera, los “molesta”, se retiran, por lo que pescar se torna más difícil. Así que, este año, seguramente, la pesca se complique.

—¿Hay gente que viene desde otros lugares para pescar en la zona?

—Un montón. De todas partes, de Argentina y del mundo. Por ejemplo, llegan personas desde Estados Unidos. Allá será invierno, y acá nosotros estaremos en verano, así que para ellos se trata de algo ideal. Por eso los guías bilingües tienen mucho éxito.

—Más allá de lo paisajístico, ¿la zona tiene algún atractivo particular para el hombre de pesca, algo que lo haga decidirse a venir a la Patagonia desde lugares lejanos?

—Hay algo que es fundamental. En la Argentina, seguimos teniendo especímenes de truchas salvajes, que en muchísimas partes del mundo ya no quedan, porque en general son de reproducción, es decir, de criadero, y después las tiran al río. Acá seguimos teniendo cepas introducidas alrededor de 1900, que no están contaminadas con truchas de criadero. Y no es lo mismo un animal de criadero que uno salvaje. Ese es un atractivo particular, distintivo. Sobre todo, está la diferencia de la alimentación. Una trucha que fue criada con una alimentación en base a alimento balanceado y la arrojan en un río, cuando vas a pescarla con mosca y le tirás una imitación de un insecto, no entiende lo que está ocurriendo, porque aguarda que le des una pelotita naranja de eso que está acostumbrada a comer. En cambio, acá hay truchas completamente salvajes, acostumbradas a comer insectos del lugar. Y eso también es un desafío, porque no van a querer la misma mosca con la que pescan en Estados Unidos. Las moscas que funcionan en la región se relacionan con los insectos propios de la Patagonia. Entonces, si venís a pescar, lo primero que debés hacer es informarte acerca de qué clase de imitaciones están atrayendo a las truchas y en dónde. Es muy interesante todo lo vinculado a la diferencia entre un ambiente y el otro. En este caso, en referencia a Estados Unidos y Argentina.

Alejandro, felicidad plena.

UNA FILOSOFÍA DE VIDA

Alejandro tiene sesenta y dos años. Recuerda que comenzó a pescar a los ocho (“Mojarritas, en una laguna de Buenos Aires”, evoca).

En tal sentido, cuenta: “Pescaba con carnada, con lombriz, con cucharita, con anzuelo, con plomada, con todo lo que había, hasta que alrededor del 2000 descubrí la pesca con mosca. Si bien yo ya tenía esta pasión, decidí venir a la Patagonia (porque quería irme de Buenos Aires) cuando supe acerca de la relación que había entre los peces, los hilos y las plumas, que es con lo que atamos las moscas; siempre he estado relacionado con las aves, ya que mi abuelo criaba aves de raza, y las plumas son uno de los componentes fundamentales para armar una mosca”.

—¿Qué implica la pesca en este momento de su vida?

—Primero, tiene que ver con una relación con el entorno. También, es una filosofía de vida, porque se vincula con entender el medioambiente, las estaciones del año, los procesos de reproducción de la trucha… Es algo que va más allá de la captura de un pez. Se trata de un mundo apasionante.

Una acividad que se relaciona con el contacto con el medioambiente.

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