¡CUÁNTO LUJO!
Las fotos de la increíble casa de Donato de Santis en Italia: decoración retro y un gran patio
Primero mirás las fotos y entendés todo: sol a pleno, muros de piedra clara y ese aire mediterráneo que te obliga a bajar un cambio. El escenario es Puglia, al sur de Italia, y allí Donato de Santis armó un refugio que habla por él sin necesidad de presentaciones. No hay fuegos artificiales ni excesos decorativos. Hay calidez, textura y una idea simple pero contundente: vivir bien, a otro ritmo.
De este modo, la postal inicial abre paso a los detalles. La casa respeta la arquitectura local con materiales nobles y una impronta rústica que nunca cae en lo rústico turístico. La piedra domina fachadas y pasillos, mientras las contraventanas de madera y los pisos gastados por el tiempo suman carácter. Adentro, la luz entra a raudales por ventanales que enmarcan verde, cielo y mar a lo lejos. El conjunto, es que, funciona como un descanso visual.
El corazón del hogar es un gran patio que ordena la vida diaria. Ahí conviven sillones de cemento adosados, una mesa de vidrio de espíritu vintage y vasijas de distintos tamaños que trepan escaleras angostas como pequeñas esculturas. Nada sobra y nada falta: la paleta beige, arena y crema deja que el sol haga lo suyo, y algunos textiles le ponen notas suaves de color sin romper el clima.
En el interior, la decoración se mueve entre lo retro y lo contemporáneo. Líneas simples, muebles bajos, piezas de hierro y madera recuperada, y una curaduría de objetos que cuenta viajes y afectos. No hay acumulación; hay relato. La cocina, por supuesto, mantiene el orden milimétrico que identifica al chef, pero sin frialdad: frascos, hierbas y vajilla elegante conviven con electrodomésticos al servicio de la práctica cotidiana.
La terraza mira al horizonte y funciona como bisagra entre la intimidad y la inmensidad. Desde ahí, Puglia se despliega en olivos y brisa salina. Por lo pronto, el espacio invita a rituales simples: un café al amanecer, una charla al atardecer, una mesa larga cuando llegan amigos. La casa está pensada para usarse, no solo para fotografiarse.
Otro capítulo aparte es la huerta orgánica. Entre olivos centenarios y canteros bien trazados, crecen ajíes, pimientos, repollos y aromáticas que después pasan directo a los platos. No es una escenografía: es producción real, con tierra, temporadas y paciencia. Ahí se entiende la coherencia de Donato de Santis: cocina, sí, pero también cultiva, prueba, vuelve a empezar. La cocina empieza antes de la cocina.
En síntesis, esta casa italiana no busca impresionar: busca pertenecer. Retro en espíritu, funcional en el uso y atravesada por la naturaleza, condensa una forma de estar en el mundo. Y confirma algo más: el chef que enamoró a la Argentina con su acento y su precisión también encontró un lugar donde la belleza y la calma se combinan como una receta perfecta. Un hogar que, sin estridencias, dice exactamente quién es.