Mamá bombero: un mimo al alma de los voluntarios del cuartel centro Bariloche
La enorme responsabilidad de ser madre a veces, va más allá de los hijos naturales, acompañando y apoyando a personas de manera desinteresada, solo basadas en el amor y la empatía.
Alicia Dominck ya está jubilada, pero desde hace más de 10 años dedica gran parte de su tiempo, al cuartel de Bomberos Voluntarios Bariloche. Una historia de vida silenciosa pero digna de conocer.
Nació en Bariloche “mi primer trabajo fue en la chocolatería Del Turista y estuve más de 8 años, después con la familia García Cano y cuando ya había nacido mi hija, estuve con la familia Brogger que tenía la pileta en el Club Danés hasta jubilarme” detalló.
Ella tiene dos hijos, Fernando que trabaja en una FM local y Belén, quien es parte del cuerpo activo de Bomberos. “El papá de Belén se crió en la zona de Llao Llao y ella lo acompañaba al destacamento, en esa época no hacían grandes cursos ni capacitaciones como ahora” comenzó recordando.
Alicia es tía lejana de Oscar Sánchez, bombero que, por un accidente durante un incendio, debió retirarse de la institución y aún continúa haciendo rehabilitación. “Mi hija hacía gimnasia rítmica y artística, obtuvo muchos premios y a los 4 años y medio comenzó con danza clásica y yo siempre la acompañé haciendo rifas y colaborando con eventos para reunir dinero”.
Su hija siempre decía que quería ser bombero “pero es muy sensible con determinadas situaciones así que pensé que no podría cumplir con su vocación, le decía que podía asistir a un accidente de un ser querido o de algún menor y eso le haría mucho daño”.
Sin embargo, un día al llegar a su casa, le comentó a Alicia que venía del cuartel, se había inscripto como aspirante. “La vi tan convencida que mi única opción, fue comenzar a acompañarla, cada vez que sonaba la sirena la llevaba sin importar si era a la madrugada” recordó.
Mamá bombero
Hace 10 años se originó un incendio en el kilómetro uno que puso en vilo a la comunidad, el fuego comenzó detrás del sanatorio privado y en pocos minutos, tomó la vegetación hacia arriba por la ladera. Muchas casas estaban en riesgo y los bomberos junto a otras instituciones y vecinos, trabajaron largas horas sin descanso para extinguirlo.
“Fue un domingo y estaba almorzando con mis hijos cuando sonó la sirena, puse el auto en marcha y la llevé a Belén al cuartel de Yatasto, al enterarme de la gravedad del incendio, fui a comprar agua mineral y jugo para darles a los chicos cuando volvían al cuartel”. Iban haciendo relevos y regresaban por tandas completamente mojados y cansados y ahí, los esperaba Alicia.
A partir de ese momento seguía llevando a su hija al cuartel, pero se quedaba en el auto porque no quería invadir su espacio. “Los bomberos al verme, me decían que entrara y me tomara unos mates en la guardia, pero no podía estarme quieta y mientras esperaba entraba a la cocina y les hacía un té o algo rico para cuando volvieran”.
Y así fueron pasando los años “verlos mojados, cansados y con hambre me partía el corazón, la gente muchas veces los critica, pero no saben el esfuerzo que hacen todos los días y no cobran un peso porque de eso se trata un voluntariado”.
Cuando los bomberos tienen jornada de instrucción les prepara donas o torta fritas y si la necesitan para algún evento, ahí está Alicia junto a ellos. Es tan fuerte ese acompañamiento que, en la cena de aniversario de la institución en junio pasado, decidieron darle un obsequio muy particular y cargado de amor, un delantal que cita “Mamá Bombero” y un buzo. Ese gesto la conmovió hasta las lágrimas.
Alicia también hace arreglos de costura, pero no solo para los bomberos, también le confeccionó un chaleco a otro integrante, Kevin la mascota del cuartel.
Una historia de vida de acompañamiento cotidiano y silencioso, ideal para difundir en el Día de la Madre.
Kevin, la mascota del cuartel también recibió un mimo de Alicia, su chalequito de bombero.