Cuarteto de Nos: una "rareza" musical para "raros" en la "rara" Bariloche
El barilochense es un tipo raro. Ya sea nacido en la ciudad o llegado —vaya a saber de dónde— para quedarse. Es decir, sea nacido y criado (nyc) o llegado y quedado, el barilochense está condenado a trabajar en un sitio que los turistas eligen para divertirse. Pero, a contramano de un mundo que propone claudicar, el barilochense intenta doblarle el brazo al destino, atreviéndose él mismo a vivir una vida interesante en un paraíso que, en realidad, no debe por qué resultarle ajeno cuando, naturalmente, por derecho, le es propio. Claro, lo de ser “interesante” puede también volverse en contra… Hay que evocar que una antigua maldición china —aunque algunos dicen que el dato es apócrifo— espanta con eso de: “Ojalá que te toque vivir tiempos interesantes”.
En cualquier caso, el barilochense es un argentino que algunas veces escapa de la argentinidad al palo y otras veces se sumerge en ella. Y esa forma de ser suele causar extrañeza. Y como entre extraños las cosas no suelen sonar tan extrañas, los uruguayos son bien recibidos en la ciudad. Porque los uruguayos también tienen fama de raros. Algunos más que otros, claro. Pero los candidatos a más raros, justamente, muestran una rareza cargada del mejor de los sentidos (pensemos en un argentino que recuperó cierta inocencia al caérsele la soberbia sin detenerse a recogerla).
Y la música uruguaya suena bien como banda sonora de Bariloche. Sobre todo, la creada por ciertos artistas. Los más “raros”, valga el exceso de rareza en esta nota. Y si hay un grupo raro por excelencia en la patria charrúa, ése es el Cuarteto de Nos.
La opinión generalizada es que esta banda, con más de cuatro décadas en el camino, se hizo dueña de una rareza vital a partir de un disco de 2006 titulado, precisamente, Raro. Y este año reafirmaron la rareza con un álbum surrealista, Puertas.
Roberto Musso, cantante surrealista.
“Y sigo atravesando puertas/ buscando saber quién soy/ a veces fría suspicacia/ a veces sabía percepción”, canta el vocalista, Roberto Musso, en el tema inicial, que da título al disco.
Luego, en Esplín, la letra advierte: “Ahí vuelve el esplín ya lo siento/ clavando su estaca por dentro”. El esplín, un término vinculado a la melancolía, había estado latente en el pensamiento de Musso durante mucho tiempo. Escuchó la palabra de joven, sin entenderla del todo, en una canción de Eduardo Darnauchans. Bastante después, se cruzó con aquel mítico cantante uruguayo y le preguntó por el término. “Darno”, como se lo conocía, le explicó que era un término utilizado por el poeta francés Charles Baudelaire.
“Cuando se va parezco exorcizado/ como si hubiera un demonio liberado/ cuánto va a durar no lo sé decir/ solo sé confiar en lo que aprendí/ volver a pegar pedazos de mí/ mirando el futuro a los ojos”, canta luego Roberto en el tema, el cual, por otra parte, cuenta con arreglos notables en una música que acelera para luego pasar por una estepa y relanzarse nuevamente a un nivel etéreo.
En tercer lugar, Roberto Musso, en un rock por momentos rapeado, afirma algo que muchos presentíamos… Señoras y señores, Ganaron los malos. En tal sentido, advierte: “Gritaron más alto, jugaron más sucio/ fueron más astutos, nos acorralaron”.
El cuarto de Nico llega marcando un punto alto en el álbum. Describiendo la habitación de… ¿un adolescente? —es probable—, el grupo plantea un ambiente entre real y onírico, donde, al pedir: “Escúchenlo, aunque no esté gritando;/ escúchenlo, aunque no esté llamando”, pareciera remitir a estar atentos a las señales, tal vez pedidos de ayuda…
Después aparece El astrónomo que no podía ver el cielo, la historia de alguien cuyo cerebro funciona en una aparente galaxia propia (“perdido en su constelación”).
El perro de Alcibíades, en tanto, habla de esa manía de los políticos de crear cortinas de humo para tapar lo que no quieren que veamos.
Luego, Cara de nada parece una oda acelerada a los “poker face”.
El surrealismo, que se mece en varios tracks, estremece en su máxima expresión sobre el final, en Camello patagónico, donde incluso, cortazariamente, “bailan catala cronopios y famas”. Y no podía faltar un “perro andaluz”, made in the universe of Luis Buñuel and Salvador Dalí.
Una banda con estilo.
En definitiva, Puertas, el disco, es una bienvenida rareza en un presente de fórmulas repetidas.
Y, aunque resulta raro, la delicada rareza podrá ser disfrutada en vivo por los raros barilochenses, ya que el domingo 2 de noviembre el Cuarteto de Nos, en el marco de la gira Puertas, se presentará en el escenario del gimnasio Bomberos voluntarios, Beschtedt 279 (las entradas están disponibles a través de https://laticketera.ar/).