2025-09-19

Una cita para recordar el Bariloche de otros tiempos: “Queremos encontrarnos y abrazarnos”

Por segundo año consecutivo, convocan a reunirse con el fin de celebrar los valores de una ciudad que extrañan.

El año pasado se concretó una idea que hacía rato que daba vueltas en la mente de muchos… “Qué bueno que sería que nos juntáramos todos de vuelta”, decían varios nyc (acrónimo comúnmente utilizado entre los nacidos y criados en Bariloche). De pronto, los planetas de alinearon y la propuesta se hizo realidad. Cerca de cuatrocientas personas se reunieron para recordar una ciudad que ya no existe pero se mantiene viva en el alma de una parte importante de la población. Abundaron las anécdotas, las fotos conjuntas y, sobre todo, esos abrazos que llevaban mucho tiempo esperando. Tan bien resultó todo que han decidido reincidir.

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Una vez más, surgió la propuesta para reunirse, aunque con algunas pequeñas diferencias con lo que ocurrió en 2024. Para empezar, aquella vez se hablaba de un “encuentro nyc”, ahora, en cambio, se hace referencia a “barilochenses”. Quizá porque algunos —aunque claramente nunca ha sido la intención— ven en el término un tinte discriminatorio, se optó por la palabra clara y directa que representa a todos los que quieren a la localidad. “Convocamos a aquellos que eligieron esta tierra para poder ser felices”, explica Jorge Alberto Valenzuela, una de las personas que organizan el evento. 

En esta ocasión, además, no se apuntará a una franja etaria. Es decir, podrán participar todos los que se sientan parte de la ciudad, sin limitaciones. El año pasado, en tanto, sólo se apuntaba a los nacidos hasta 1970.

En cualquier caso, como el cupo es limitado, se aconseja a los interesados apurarse (los teléfonos para obtener información y anotarse son: 294 4 560560 y 294 4 788747).

El sitio escogido para la reunión —que se llevará a cabo el 18 de octubre— es el mismo del año pasado, el camping de la Asociación Mutual Empleados de Comercio (AMEC), a la vera de la Ruta Nacional 40, a catorce kilómetros del centro de la ciudad (se ingresa por el camino al puente viejo del Ñirihuau). Asimismo, nuevamente habrá un colectivo dispuesto para aquellos que no cuenten con movilidad propia (más cerca de la fecha se detallará de dónde saldrá). También volverá a utilizarse el método “a la canasta”, es decir, cada uno deberá llevar lo que quiera consumir, aunque se solicita, en lo posible, colaborar con algo para una mesa dulce general. 

Jorge Alberto Valenzuela, bromeando precisamente con el término nyc, se presenta como “nacido, criado y… ¡malcriado en Bariloche!”, aunque, en su caso, la permanencia en la localidad tuvo diversos intervalos, ya que es un trotamundos de corazón. “Viajé mucho”, ríe.

Como periodista y locutor llegó, incluso, a tener un programa radial en Praia de Cumbuco, en el norte de Brasil, donde también se dedico al ámbito turístico.

Jorge, al evocar los tiempos que ahora, aunque sea a través de un conjunto de recuerdos, se busca recuperar, habla de un Bariloche donde prevalecía “la comunión entre los vecinos”.

De la misma manera, dice: “Para nosotros, los 'ochentosos' (época de su juventud), el colegio servía de nexo social”. Y detalla que sus años de secundario transcurrieron en el Nacional. La primaria, en tanto, la hizo en la escuela N° 187 Carlos María Biedma, del barrio El Mallín.

Luego deambula verbalmente por diversas temáticas y señala que sus antepasados fueron los hacedores de la primera fábrica de tejidos que hubo en la ciudad, así como que otros familiares eran propietarios del terreno donde se ubica la Catedral. A eso suma el listado de boliches a los que asistía cuando era joven… Esos temas —y muchos otros— probablemente formen parte de algunas de las charlas que se desarrollarán en el encuentro de barilochenses. 

Una imagen del encuentro del año pasado (foto gentileza).

EL BARILOCHE DONDE TODOS ERAN AMIGOS

“Soy de Bariloche y nací en… ¡mi casa!, sonríe Schatzi Bachmann, para luego añadir: “La vivienda estaba en Quaglia y Elflein. Vino la partera, y también ayudó el doctor (Juan Javier) Neumeyer”.

“La escuela primaria la hice en el Primo Capraro, que estaba a una cuadra. Todavía no tenía secundario, pero, donde ahora está el jardín de infantes, funcionaba el Colegio Nacional Dr. Ángel Gallardo, con aulas de madera que tenían una estufita hexagonal. Cada uno de nosotros, todas las mañanas, llevaba un palito de leña para mantener calentito el lugar”, narra.

“La mía fue la última promoción, en 1970, que egresó de esas aulas, después la entidad funcionó en la costanera”, apunta.

“Siempre me gustó ir a la montaña, algo que también hacíamos con la escuela. Aprendíamos deportes… De ahí mi gusto por la educación física, lo que fui a estudiar a Buenos Aires. Me recibí y volví a Bariloche”, expone.

Durante treinta años, Schatzi se desempeñó como profesora de educación física en diversas entidades educativas de la ciudad, pero luego decidió darle un giro a su vida y se instruyó para ser guía de turismo; a ese rubro le dedicó dos décadas.

Sus dos abuelas eran suizas. La materna se llamaba María; la paterna, Magdalena. Y esos dos nombres fueron los que sus padres eligieron para ella, María Magdalena. A Magdalena no la conoció, porque falleció antes de que ella naciera; a María, sí, y es una especie de referencia en su vida. Precisamente, fue ella quien comenzó a llamarla Shatzi (en alemán, “tesorito”), y así la conocen todos hoy.

“Bariloche es el lugar en el que nací, donde vivo, y me encanta”, señala, añadiendo: “Me gusta recordar el Bariloche de antes, donde todos éramos amigos”.

Así, reflexiona: “No todo es Internet, ni recibir fríos mensajes por el celular; por eso queremos encontrarnos y abrazarnos”.

El deporte, siempre presente. Gran esquiadora, Schatzi fue profesora de educación física en diversas instituciones educativas. Una de las cosas que más extraña del Bariloche antiguo se vincula al espíritu que se vivía en torno a los torneos intercolegiales. Por otra parte, el ciclismo es otra de sus pasiones.

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