TURISMO
Un edificio barilochense que remite al apellido de un pionero
Primo Capraro es un nombre destacado en Bariloche. Las referencias a su figura abundan. Desde lo edilicio, claramente, está el colegio privado que lleva su nombre, en Gallardo 40, pero, además, debe destacarse una construcción céntrica que forma parte del circuito histórico de la localidad y se llama… ¡sí!, Edificio Capraro.
El pionero local había nacido en Belluno, Italia, y, según cuentan diversos historiadores, pasó por diversos países antes de desembarcar en 1903 en la zona del Nahuel Huapi.
Aquí desarrolló una importante carrera empresarial, pero a partir de la crisis de 1930 varias cosas fueron en declive hasta tomar la decisión, en 1932, de suicidarse. El pueblo, ante la noticia, se vistió de luto.
El Edificio Capraro respira, en la modernidad, aires de otros tiempos.
Dos décadas después, la empresa Mengolini proyectó y edificó una construcción para sus descendientes.
Se ubica en Moreno 20, y si bien ahora se conoce al lugar como Edificio Capraro, en su momento solía llamárselo “de los italianos”, porque allí solían recalar los trabajadores que, provenientes de Italia, venían a probar suerte a Bariloche.
Los techos, de fuerte pendiente, y los revestimientos exteriores, en madera y piedra, conforman, según los expertos, una síntesis de la transición entre la arquitectura tradicional y las tendencias propias de la modernidad.
La edificación, donde Moreno se cruza con Urquiza, llama la atención de los turistas, ya que, más allá de la presencia actual de un restaurante en su base, al mirar hacia arriba se topan con una imagen inusual: ante tanta edificación de cemento, ese espacio deja aflorar la madera como pasaba antaño.