REPORTAJE
El tesoro de Emilio Frey: conocé el lugar donde están los documentos y objetos que guardan la historia de Bariloche
Impresiona el material de Emilio Frey que el Museo de la Patagonia atesora. Documentos y objetos que “cuentan” una época de esta zona de la Patagonia. Pero, para poder comprender lo que esos elementos “narran”, se necesita la labor de personas que realizan un trabajo minucioso tras bambalinas. Se trata tanto de integrantes del equipo del museo como colaboradores externos.
Por ejemplo, en una oficina del primer piso, rotulada como “Archivo documental”, un día entresemana, por la tarde, los historiadores Giulietta Piantoni y Maximiliano Lezcano, del Instituto de Investigaciones en Diversidad Cultural y Procesos de Cambio (Iidypca), trabajan con diversos elementos de la colección —Iidypca es una unidad ejecutora de doble dependencia entre la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN) y el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet)—.
Giulietta y Maximiliano se toman un respiro para contestar las preguntas del cronista.
Maximiliano Lezcano, quien también es docente de la Universidad Nacional del Comahue, tiene cincuenta y cinco años y ve a la historia como “una herramienta no sólo de comprensión, sino también de ayuda para vivir el presente”.
Él tuvo mucho que ver en la llegada de parte de la colección al Museo de la Patagonia, ya que la familia Frey, en 2022, cuando se vendió la propiedad de Los Cipreses a la firma de indumentaria Patagonia, lo contactó para que revisara el material que había en el lugar.
Según indica, ya había existido una comunicación anterior, durante 2015. A partir del fallecimiento el año previo de Nelly Frey (hija de Emilio), se donaron documentos, libros y archivos, que primero pasaron por la universidad y después llegaron al museo. “Yo estuve en ese tránsito”, dice el historiador.
Lezcano, amante de la historia, en el museo, un ámbito que disfruta.
Además, hubo material que arrribó en la década del noventa, de acuerdo a la información que brinda el director del Museo de la Patagonia, Eduardo Pérez. En aquel caso, quien acercó las cosas fue la propia Nelly Frey, que entregó “fotografías y documentos relacionados con la vida de su papá”.
“Todo aquello fue la base, pero los casilleros libres se completaron ahora”, señala Eduardo, quien aprovecha para resaltar la figura de Nelly: “Era una emprendedora y trabajadora incansable. Cuando hablaba, te enseñaba. Llevaba la docencia incorporada; sabía muchísimo, era un libro abierto”.
Eduardo Pérez, "guardián" del museo".
Lezcano también realza la importancia de aquella mujer: “Fue una figura clave cuando el territorio de Río Negro pasó a ser provincia”, evoca. En tal sentido, informa que, al museo, ingresaron materiales vinculados “a la provincialización”. Porque toda la última donación, en realidad, es como si fuesen múltiples donaciones, ya que, si bien se la describe como colección Frey, se incluyen cosas de Nelly y de su esposo, el doctor Juan Javier Neumeyer.
“Esto significa bastante más de lo que podíamos imaginar. Se trata de un tesoro de una familia que hizo mucho por Bariloche y la región”, sintetiza Eduardo Pérez.
La labor incluye la separación temática del material.
Así, afirma que los elementos serán “fuente de muchas exposiciones”.
“Cuando trajeron las cajas, en 2022, mi susto tenía que ver con cómo almacenar todo… y quién haría el inventario”, apunta.
De tal forma, destaca el “trabajo de hormiga” que realizan los profesionales.
Almacenando "la historia de la historia".
Precisamente, sobre la cuestión, Lezcano señala: “El año pasado nos propusimos dedicarnos especialmente a todo esto, porque se trata de uno de los archivos más importantes que tiene el museo. Con pocos recursos económicos y mucha tarea a pulmón, teniendo en cuenta los avatares laborales de cada uno, nos pusimos a trabajar, y ya hemos avanzado en una parte importante del inventario”.
Pero, además, la labor se desarrolla de una manera especialmente metódica. En eso, mucho tiene que ver Giulietta Piantoni, quien ha estado relacionada con el museo, como voluntaria, desde 2012, “haciendo tareas de archivo, colaborando en temas de conservación”.
Giulietta lleva años relacionada, de uno u otro modo, con el museo.
Luego, el vínculo con la institución se afianzó, tal como ella misma cuenta: “En 2022 gané una beca de temas estratégicos, algo especial dentro de las líneas financiadas por Conicet, ya que debe incluirse una aplicación de política pública. Es decir, se tiene que demostrar que el Estado o una organización social sin fines de lucro tiene una necesidad puntual que uno, con su proceso de trabajo, puede colaborar a resolver. Así, me presenté con la idea de poder gestionar y trabajar la documentación que tiene el museo, porque la realidad es que existe una parte muy fuerte dedicada a la sala de exposiciones y a la atención al visitante, y eso insume la mayor cantidad del tiempo y de los recursos, pero hay otras tareas que son más mecánicas, sistemáticas y lentas, que arrancan pero paran, con tiempos largos en medio, lo que hace que el trabajo sea difícil de sostener y queden muchas cosas sueltas”.
Un ejemplo del buen estado en que se conservan los elementos.
“Traigo una propuesta de cómo debería hacerse una labor sostenida en el tiempo, esté o no la misma persona trabajando siempre en la tarea, y cómo tendría que realizarse el proceso de ingreso, sobre todo, de materiales documentales, que es lo que, a mí, por ser historiadora, me ocupa especialmente”, relata, aunque aclara: “La sinergia con la gente que trabaja en el museo lleva a que uno empiece a hacer otras cosas y a colaborar”.
“Un poco por compartir este espacio, además de proyectos comunes que nos involucran, empezamos a meternos con el archivo Frey”, indica.
Firma de Emilio Frey.
En ese punto, recalca: “Actuamos de manera coordinada para que el trabajo que se inició el año pasado sea en concordancia con estas nuevas formas de pensar y administrar los materiales del museo”.
“Nos estamos encontrando con varias realidades”, advierte Giulietta, y profundiza: “Hay cosas de la Comisión de Estudios Hidrológicos, de la de Tierras y Colonias, la de Límites… Es decir, se ven elementos de todas las tareas que llevó a cabo Frey”.
Varios de los elementos pertenecientes a Frey procedían de Nueva York.
Sus palabras llaman a consultar cómo, precisamente, definiría a Emilio Frey. “Era un hombre orquesta”, sonríe. Y ofrece, al respecto, un panorama de la época en que vivió: “Estas fueron tierras que se ganaron a través de la fuerza a las comunidades indígenas, y el Estado dejó liberado, al emprendimiento privado, que se colonicen y ocupen, para que vuelva a vivir gente en la zona. Pero no había un aparato estatal firme y constituido, como el que podemos pensar en la actualidad, con personal a disposición para traer a tierras que, en esa época, se consideraban deshabitadas. Entonces, Frey acumuló en su figura un montón de tareas y de acciones que hoy se hallan multiplicadas en organismos distintos. Se ocupaba de cuestiones relacionadas con las escuelas, hacía los relevamientos para puentes y caminos, los estudios topográficos… Fue el representante del Parque Nacional del Sud, miembro de la Comisión de Fomento, estuvo en la Dirección de Tierras, fue intendente… Cumplió un montón de roles”.
“Eran muchas funciones del Estado unificadas en una persona”, remarca, exponiendo que, de ese modo, “acumulaba papeles de todas las instituciones en las que estaba”.
La cantidad de documentos llama la atención; los hay de todo tipo.
“Así, tenemos la ventaja de que, en una sola figura, podemos ver un montón de temas”, destaca Giulietta. En tal sentido, recuerda que, en aquellos tiempos, se realizaban diversas copias (algunas veces, mecanografiadas; otras, a mano) para conservar la información, con el fin de no extraviarla por eventualidades.
Por otra parte, añade: “Y así como tenemos la suerte de que una persona aglomerara un montón de funciones del Estado, su hija Nelly era historiadora y también una figura pública, entonces sabía que el rol que había tenido el padre era importante, y conservó todo”.
Giulietta delante y Maximiliano detrás, mirando un libro perteneciente a Frey, "Descripción gráfica de la Patagonia y valles andinos,", de Aarón de Anchorena.
Por su parte, Lezcano suma que, si bien la cantidad de material es enorme, “hay objetos faltantes”. Asume que, a través del tiempo, algunas cosas pueden haberse entregado a gente cercana a la familia.
“Si hay personas que tienen objetos que pertenecieron a Frey, los podríamos recibir”, expresa Lezcano, interesado en completar lo máximo que se pueda una colección que, para un historiador, resulta una especie de sueño hecho realidad.
Una libreta de Frey.
Entre las cosas que no se encontraron, a modo de ejemplo, pueden citarse un revólver (están las balas y la funda, pero no el arma), un teodolito (instrumento topográfico que se compone de un círculo horizontal y un semicírculo vertical, ambos graduados y provistos de anteojos, para medir ángulos en sus planos respectivos) y una filmadora (sí se cuenta con el proyector y la pantalla, además de películas que seguramente se enviarán a algún sitio especializado para que sean tratadas con el debido cuidado y así descubrir qué imágenes guardan).
Lezcano tiene la esperanza de que la colección, en el futuro, sume más elementos.
Entre los objetos que se conservan, en tanto, llama la atención muchos relacionados con la fotografía, que presentan a Emilio Frey como alguien aficionado al tema. Hay cámaras, rollos, negativos en vidrio…
En cuanto a sus tareas como ingeniero topógrafo, destacan barómetros, brújulas, reglas, niveles ópticos e incluso un hipsómetro, es decir, un instrumento que sirve para determinar la altura sobre el nivel del mar basándose en la temperatura de ebullición de un líquido.
Detalle de un hipsómetro.
Asimismo, está el instrumental médico de Neumayer, donde resalta la aparatología de anestesia.
Elementos de Neumayer.
Más allá de los historiadores, también gente que trabaja directamente para el museo se ocupa de diversas labores en lo referido a la colección Frey. Por ejemplo, el arqueólogo Emanuel Vargas, del área de patrimonio cultural del Parque Nacional Nahuel Huapi, un espacio que, según define, “involucra la gestión, investigación y conservación de los recursos culturales, es decir, todo lo que tiene que ver con los sitios arqueológicos e históricos, y su proceso de patrimonialización”.
Emanuel Vargas.
“Mi rol en lo referido a la colección Frey es articular para que los organismos de ciencia y técnica puedan desempeñar las tareas, cubrir las necesidades y estar en el seguimiento del proceso”, explica, sumando: “En Parques Nacionales (el Museo de la Patagonia depende de esa Administración), como equipo, intentamos que investigadores y becarios aporten su conocimiento a la resolución de problemas de gestión; en este caso, en una colección histórica tan relevante como es la de Frey”.
Emanuel trabajando junto a Giulietta.
Por otra parte, más allá de los citados, debe recalcarse la colaboración de voluntarios, como Alejandra Ruffini, que tiene sesenta y seis años y es estudiante avanzada de Historia. Lo curioso es que comenzó en esa carrera una vez que se jubiló de bióloga. Precisamente, su primer vínculo con Parques Nacionales fue como docente en la Escuela de Guardaparques durante tres promociones (se hacía cargo de la asignatura Aves).
Una bióloga que pronto se recibirá de historiadora.
“Me ofrecí con un compañero (Nicolás Tomé) para colaborar en el ingreso del material de la colección Frey. Nos pareció interesante trabajar con documentación”, manifiesta.
Ruffini detalla que decidió seguir Historia por un “interés particular en las mujeres originarias de Pampa y Patagonia, sobre todo las de la segunda mitad del siglo XIX”.
Trabajo en conjunto.
“Me parece que hay una parte de la historia que no se ha contado, que tiene que ver con los grupos subalternos en general, no sólo con los pueblos originarios y con las mujeres. Y para que la historia sea completa debe tocar todas las aristas”, considera.
De tal forma, exterioriza que, al terminar la carrera, le gustaría escribir textos vinculados a temáticas de difusión sobre esas cuestiones.
El espíritu de camaradería es notable.
A la vez, subraya que, en ella, “la bióloga permanece, no se fue, porque las situaciones históricas tienen que ver con ambientes naturales”.
Sobre su participación en la labor relacionada con la colección Frey (que desarrolla dos días por semana, durante un par de horas), con una sonrisa, afirma: “Cuando me toca venir, salgo de mi casa y soy la mujer más feliz del mundo, precisamente, porque me dirijo al museo”.
Felicidad en el museo.
Giulietta, en tanto, sueña con una muestra vinculada con los objetos de la colección Frey sobre los que trabajan, que incluya, a la vez, una visibilización de la labor que desarrollan y el procesamiento que realizan. “La tarea que el museo hace puertas adentro”, sintetiza.
Revisando el material.