2025-08-21

LAS PRUEBAS Y DOCUMENTOS MARCHA EN OTRO SENTIDO

Califican de charlatanes a quienes aseguran que Hitler estuvo en Bariloche

Investigaciones de carácter académico echan por la borda las aseveraciones que difunde un sector del periodismo. Tampoco la Argentina fue una “Meca de los nazis”.

Un exintegrante de la Comisión para el Esclarecimiento de las Actividades del Nazismo en la Argentina (CEANA) refutó las versiones según las cuales Adolf Hitler no se suicidó en el bunker de Berlín y tuvo una suerte de sobrevida en Bariloche o alrededores. En un artículo de autoría conjunta calificó de “charlatanes” a quienes alimentan esa hipótesis y en la nómina incluyó a un reconocido periodista y escritor de esta ciudad.

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Ignacio Klich estuvo hace unas semanas por aquí y compartió con un allegado del que firma el texto que precisamente, tituló “Nazis y charlatanes en Argentina. Acerca de mitos e historia tergiversada”, al que elaboró junto con Cristian Buchrucker (CONICET - Universidad Nacional de Cuyo). La contribución se publicó en el número 41 de la Revista de Estudios Sociales y puede hallarse con facilidad en Internet.

Integrante de la Universidad de Buenos Aires al momento de su redacción, Klich menciona en su artículo que “dos décadas han trascurrido desde el inicio de un acceso más fluido a la documentación sobre los nazis acumulada en distintos repositorios argentinos. Si bien tardía, esta medida propicia, primero efectivizada no más que apenas, luego con mayor amplitud, comenzó a verse implementada a partir de 1992. Desde entonces, el grueso de la producción sobre esta vasta temática –básicamente la del periodismo investigativo local– ha dado pocas señales de haberse servido del consecuente acrecimiento de la materia prima disponible”.

El especialista observó que “la calidad de gran parte de esa producción periodística revela, en todo caso, que ella no ha abrevado demasiado en tan rica, aún si incompleta, fuente. En rigor, tales escritos se produjeron mayormente con prescindencia de casi todo el material de archivos argentinos y extranjeros, como si estos papeles no existiesen o el acceso a ellos estuviese enteramente vedado. En el mejor de los casos, están quienes han recurrido ocasional y selectivamente a una cantidad insignificante de documentos, priorizando hallazgos personales de difícil consulta por terceros, salvo para quienes se den por satisfechos con las copias facsimilares ocasionalmente reproducidas por tales periodistas, y citando a los demás de manera indirecta y descontextualizada”.

Otrora también columnista de Le Monde Diplomatique en su versión argentina, Klich resaltó que “un caso más extremo de la misma falta es el de quienes escriben con casi la más absoluta prescindencia de la documentación e historiografía, como si se pudiese lograr un texto de historia seria a puro artificio, con asertos cuya validez está más allá del aporte de evidencia firme en su apoyo”.

Submarinos

Su crítica hace nombres. “A modo de muestra sobre aproximaciones indirectas a las fuentes e insuficiente evaluación de las mismas, así como de selectividad en materia de documentación e historiografía relevada, sirva de botón un trabajo de Nahuel Coca sobre los submarinos del Tercer Reich en Argentina. Éste representa un resumen pulido y mejor acabado de lo sostenido por algunos autores sobre tales sumergibles. Desde Silvano Santander hasta Abel Basti, autor inicialmente de una guía turística sobre sitios reales o ficticios de los nazis aquí, e incluyendo a los periodistas Jorge Camarasa, Carlos de Nápoli, ellos suponen que la costa argentina fue escenario del arribo de más submarinos que el conocido par que se rindió en 1945 en Mar del Plata –el U-530 y el U-977–, albergando sus honduras los restos de sumergibles hundidos antes o después del fin de la conflagración mundial”.

La prensa informó sobre el arribo del segundo submarino alemán.

La investigación alude específicamente a esta ciudad y su aureola nazi. “El interés provocado por tales naves es fácilmente explicable. Entre sus distintas raíces, es un nutriente de la noción de que un Adolf Hitler prófugo fue uno de sus pasajeros, venido a instalarse aquí. Varios son los autores que se han quedado fijados a esta hipótesis desgastada, refutada por la historiografía más seria. Ésta contradice la alegada sobrevida del entonces Fuehrer (itálica o cursiva en el original), por ejemplo, en una estancia de las inmediaciones de Bariloche”.

“Con amabilidad -ironizan los autores- esa versión alentada por Basti, entre otros, es descollante en materia de tergiversación de la documentación e historiografía cuando sostiene imaginariamente, por caso, que no existen «dictámenes soviéticos» sobre el suicidio de Hitler, presentando además al jurista estadounidense Michael Musmanno como habiendo opinado en 1946 que el ex Fuehrer «había escapado»”, recrea el informe.

Sin embargo, “hasta ahora nunca refutado, un documento de inteligencia soviética de 1945 concluyó que el cadáver de Hitler había sido positivamente hallado, y el juez Musmanno, tras acumular veinte tomos de documentos, remató años después que «no existe la menor evidencia para dudar de la muerte de Hitler» en su refugio berlinés. Es ésta una constatación inalterada por los historiadores que se ocuparon del tema luego”.

No obstante, aclara la elaboración de la dupla Klich – Buchrucker que corresponde “diferenciar a Hitler de un elenco de criminales de guerra de distintas nacionalidades –no menos de 180, según la Comisión para el Esclarecimiento de las Actividades del Nazismo en la Argentina (CEANA)–, que, cualquiera su nacionalidad, sí afluyeron al país, siguiendo una variedad de rutas, empleando distintos medios de transporte, contando con un conjunto variopinto de apoyos extranjeros y locales, y afincándose en distintos lugares, Bariloche incluido”.

Ninguna Meca

Sin embargo, planteó otra objeción a los relatos que circulan mayoritariamente, porque “a contrapelo de quienes transitaron en años recientes de la magnificación cuantitativa a la cualitativa de la importancia argentina como indudable país receptor de nazis, o bien siguen aferrados a la amplificación cuanticualitativa (sic) de Argentina como «la Meca de los nazis», el historiador alemán Ulrich Herbert publicitó una conclusión compartida por otros estudiosos germanos: «casi todos los nazis de alta graduación que sobrevivieron la guerra y la posguerra, al igual que aquéllos en la Gestapo y las SS, (…) habían estado viviendo pacíficamente por décadas en el seno de nuestra sociedad», es decir, en la mismísima Alemania. “Ergo, no habrían podido estar simultáneamente aquí, realidad que no habilita la pérdida de vista de los criminales de guerra nazis llegados al país”, como sí nos consta a los vecinos/as de esta ciudad. En el resto del artículo hay más refutaciones al tema de los submarinos. La CEANA dejó de funcionar hace exactamente 20 años.

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