EMOTIVO
Rocío Marengo confesó cómo fue la ayuda espiritual que recibió para quedar embarazada
Dicen que la fe mueve montañas, y Rocío Marengo puede dar fe de eso. A los 45 años, está esperando a su primer hijo junto a Eduardo Fort, y en un mano a mano con Pronto compartió detalles del largo camino que transitó para lograrlo. Con la emoción a flor de piel, habló de tratamientos, creencias y emociones contenidas.
“Estaba tan acostumbrada a los no, que cuando recibí ese llamado no lo podía creer”, reconoció Rocío Marengo al recordar el día que supo que estaba embarazada. Fue el 11 de mayo, mientras grababa el programa de Juana Viale. “Me largué a llorar de una manera que no pude manejar”, confesó sobre ese momento inolvidable.
Según explicó, venía de una larga seguidilla de intentos fallidos. “No te digo que estaba pesimista, pero estaba muy acostumbrada a escuchar: 'Volvé, empezá de vuelta con la medicación tal día'. Era todo continuar con la búsqueda y nunca me imaginé que la médica iba a decirme: 'Estás embarazada'”, relató conmovida.
En paralelo al tratamiento, también se apoyó en la fe. “Estaba muy con mis santitos, como este que tengo acá colgado. Es la de San Ramón Nonato”, contó. Además, reveló por primera vez que había viajado a Rosario a ver al Padre Ignacio: “Fui a pedirle un hijo. Nunca lo conté en detalle”.
Rocío también relató que hizo varias caminatas a Luján: “Ya fui como cinco veces. En el trayecto uno va hablando con otra gente y mi búsqueda era medianamente conocida. Después, me guardé y no hablé más”, explicó, dejando en claro que en los últimos tiempos eligió transitar el deseo en silencio.
En total, estuvo buscando durante cinco años, pero en los últimos tres volcó casi toda su energía a ese objetivo. “Me corrí del medio: ya no iba a los programas como invitada y no estaba con la energía puesta ahí”, dijo. Ese cambio, según admite, le afectó incluso en su forma de vincularse con los demás.
“Ahora me doy cuenta de que volví a ser yo. Pero antes estaba en un neutro, en piloto automático y muy rara”, cerró Marengo, sincera y aliviada. Su historia, marcada por la constancia y la fe, deja en evidencia que, cuando el deseo es fuerte, el corazón encuentra caminos inesperados.