Hogar de Cristo en Bariloche: tomar las riendas de la vida desde la esperanza y el acompañamiento
En el 2008 cuando Francisco era el arzobispo Jorge Bergoglio, acompañado por el padre José `Pepe` Di Paola inauguraron en las villas 21-24 en Barracas y en la Villa 31 las primeras sedes del Hogar de Cristo. En el año 2014 se creó en Mendoza y en ese centro estuvo trabajando Michael Belmont, quien desde el 2018 está presente en el de Hogar de Bariloche.
Primero comenzaron a reunir a pibes y pibas del Alto que estaban en situación de calle, en conflicto con sus familias y muchos de ellos, con problemas de adicciones a sustancias o alcohol.
Realizaban encuentros en un espacio barrial del barrio Unión y dentro de las actividades, hicieron un gran campamento de cuatro días donde convivieron, compartieron sus historias y se conocieron con otros que estaban atravesando situaciones similares.
Eso fue en el año 2018 pero marcó un antes y un después, surgiendo la necesidad de un acompañamiento de manera más cotidiana y cargado de proyectos. Michael Belmont fue uno de los pilares visibles de ese sueño.
Como cura de la iglesia católica había trabajado en sectores muy humildes de Mendoza y en Bariloche, junto a otros que sentían las mismas necesidades, pensaron en abrir un Hogar de Cristo.
Un espacio basado en la escucha y los momentos de encuentro, crear desde esos cimientos, una familia elegida. “El centro barrial sigue trabajando y es un espacio de día que tenemos lunes, miércoles y viernes, antes de la pandemia era todos los días” comenzó recordando Belmont. Abren sus puertas desde las 10 de la mañana hasta las 4 de la tarde, con talleres por la mañana y un espacio comunitario por la tarde, que incluye desayuno, mates, almuerzo y merienda compartida.
Al cumplir un año recibieron en forma de donación un lote en el mismo sector donde ya venían trabajando. Lograron montar una prefabricada muy pequeña pero fue el primer paso para poder construir algo más amplio.
Están ubicado al fondo de avenida Crucero General Belgrano, a pocos metros de la ladera del cerro Otto, en su intersección con Cacique Huincaleo. La meta era poder crear un espacio convivencial, donde algunos pibes y pibas pudieran vivir y eso también lo lograron.
“En Bariloche no hay un dispositivo gratuito de alojamiento para personas con consumo problemático por eso empezamos a soñar con esto, el lugar está pensado para continuar como un hogar de día por eso contamos con un salón grande”. Pero además tiene dos habitaciones donde ya alojan a 6 o 7 personas en cada una.
En el Hogar de Cristo las etapas se dividen en umbrales. “Son los pasos en el proceso para ir trabajando interiormente y con todas las herramientas que tenemos disponibles, para no ir logrando no solo una recuperación en el consumo problemático sino también, de sanación a nivel integral, reinserción social si se quiere y que la persona pueda volver a potenciar sus capacidades educativas, en el trabajo y la familia” explicó Belmont.
Que puedan volver a lograr una autonomía de vida que quizás se perdió por el consumo problemático. Entre las personas que ya se alojan en el Hogar de Cristo hay algunas en el primer umbral y otras que ya transitan el segundo.
Ya han tenido procesos de quienes han pasado al tercero, cuarto o quinto. “En el tercero generalmente los invitamos a que hagan una experiencia de granja, en estos años desde el Hogar hemos logrado armar dos, una en General Roca que se llama Virgen de la Esperanza y otra en Viedma con gente de Cáritas y el Padre Luis”.
Quienes ya están en ese tercer umbral se van tres o cuatro meses a compartir como parte del proceso. “No tenemos ninguna granja en Bariloche porque en el barrio o la ciudad es donde está la problemática y necesitas tomarte un tiempo de alejamiento y salida del entorno habitual”.
En cada una de las granjas deben amoldarse a las tareas rurales que se dividen en grupos. “Allí se apuesta con mucha más fuerza al trabajo interior y en el comienzo del armado de un proyecto de vida”.
En el cuarto umbral los pibes y pibas vuelven a Bariloche ya para empezar a desarrollarlo. “Cada uno desde el oficio que ejecuta o que aprendió en los distintos talleres, por eso también queremos continuar ampliando la casa del Hogar porque esos espacios servirían como el paso inicial de sus emprendimientos”.
Ese cuarto umbral es muy institucionalizado “no todos están capacitados para trabajar jornadas de 8 horas, entonces tienen que hacerlo muy de a poco”. Recuperar y resaltar sus habilidades pero no ya desde la calle, el abandono o el consumo problemático “esa ayuda es la que hace que la capacidad de la persona se vuelva a potenciar vinculada de otra manera con la vida, con la familia y la ciudad”.
Walter y su vida en el Hogar
En el cuarto y quinto umbral los ayudan a que puedan alquilarse una pieza, independizándose pero no alejándose de la familia y de esto habló Walter, quien actualmente acompaña las 24 horas de cada día a quienes se alojan allí. “Desde muy joven estuve metido en la problemática, gracias a Dios pude conocer el Hogar de Cristo, un lugar donde encontré la contención, el abrazo y la escucha, generando una familia que no es de sangre pero sí la que elegimos y nos elige”.
Agregó “acá me di cuenta de mi problema con las adicciones, empecé a pedir ayuda y buscar ese hogar donde me contenían, me escuchaban y me entendían”. Lograron gestionarle una internación “por mucho tiempo trabajé mi enfermedad y eso me llevó a conocerme a mí mismo y me pude ver como persona”.
Walter dijo que al encontrar tanto amor y contención nunca quiso soltar al Hogar de Cristo. “Porque hace que uno no se vuelva a sentir solo ni triste, acá te abrazan, te escuchan y se genera esa familia que todos necesitamos y que pocos teníamos”.
Los que han ingresado al Hogar hace poco tiempo cuentan entonces con la experiencia de Walter en cada una de sus etapas o umbrales. “Ser testimonio hacia el otro que recién llega, contarle un poco de tu historia de vida identifica al otro y como digo siempre: si yo pude ¿por qué ustedes no van a poder salir adelante?”.
Hay muchos puntos en común entre ellos y ellas “la mayoría hemos estado en la calle o llegado a un punto donde intentamos quitarnos la vida porque sentíamos que ya no servíamos o que no tenía sentido seguir o sentir que no había nadie que nos quisiera o a quien le importáramos”.
No son caminos fáciles de transitar pero que se puede hacerlo no hay dudas. “Mucha gente que nos conoce, critica y dice que no vamos a cambiar, pero nosotros sabemos que con la familia del Hogar que nos acompaña podemos mejorar y salir adelante”.
Se puede colaborar
Hay muchas cosas con las que la gente puede colaborar ya que las necesidades son grandes, pero básicamente piden que los visiten, que conozcan el Hogar o que compartan una mateada. Es decir que la mayor prioridad es dedicarles tiempo.
Son parte de la iglesia católica por lo que se pueden realizar aportes en Cáritas Bariloche en calle Chubut 840, detallando que son para el Hogar de Cristo. “También si alguien quiere venir a ofrecer su voluntariado para brindar algún taller va a ser muy bienvenido” dijo Belmont.
Dentro de las necesidades materiales están necesitando algunas cuchetas, colchones y mantas porque siguen llegando pibes y pibas. Leña para la calefacción del Hogar y todos los días son entre 15 y 20 personas en cada comida por lo que se puede colaborar con toda clase de mercadería ya sea alimentos no perecederos como frescos.
Además, hay proyectos en los cuales se puede colaborar, como el acompañamiento educativo de alguno de los pibes o pibas o en sus primeros trabajos.
Desde el Hogar de Cristo trabajan de manera articulada con otras instituciones. Desde el dispositivo Apasa, que forma parte de la Agencia para la Prevención y Asistencia ante el Abuso de Sustancias y de las Adicciones de Río Negro brindan apoyo y orientación a personas y familias que atraviesan estas situaciones.
Un testimonio que da fuerzas
Daniel Calisaya tiene 24 años, está transitando el segundo umbral y ha recibido una visita de sorpresa, su mamá y su hermano que llegaron desde Mendoza a compartir unos días con él. Reconoció que su mamá nunca le hizo faltar nada “creo que al haber perdido a mi papá cuando tenía 9 años quise llenar ese vacío con el consumo, no podía salir y cada vez era peor, al morir él también se perdió mi fe”. Agregó “me costó mucho recuperar la confianza en Dios pero no porque no haya estado conmigo sino porque yo no lo sentía”.
“Tuve que darme cuenta y aceptar que estaba metido en una enfermedad de la que no podía salir solo, que inevitablemente me iba a llevar a la cárcel o a la muerte”. A fines de 2024 en Mendoza ya había perdido a su pareja con la cual tiene dos hijos y a través de una prima que es parte del Hogar de Cristo de esa provincia supo de la existencia del espacio similar en Bariloche.
En febrero llegó a nuestra ciudad “Tenía problemas de consumos, me estaba haciendo muy mal, tuve intentos de quitarme la vida y necesitaba salir de todo eso” dijo.
Ahora pudo disfrutar en el Hogar con sus seres queridos pero ya desde desde otro lugar. Marcela, mamá de Daniel dijo que desde hace mucho tiempo estaba esperando esa llamada que le permitiera volver a ver y abrazar de nuevo a su hijo.