2025-06-30

Una muestra en la sala Frey llama a reflexionar que “el cóndor representa libertad”

En la exhibición se convoca a conocer un poco más del ave andina.

Silvia Peralta es docente y fotógrafa. Vivía en Córdoba cuando, durante un atardecer, tomaba imágenes de la caída del sol y, de pronto, vio emerger la figura de un ave de gran tamaño que proyectó una sombra relevante.

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Luego, al ver la fotografía, un amigo le comentó que se trataba de un cóndor andino. “Alguna vez había escuchado hablar de él, pero nunca había tenido un contacto así, en la naturaleza”, dice ella, que en la actualidad reside en Buenos Aires.

Aquel mismo amigo le contó que, precisamente, su padre estaba trabajando con cóndores en el zoológico de Buenos Aires, y los puso en contacto.

“Ahí empezó mi camino del cóndor… Fue hace ya veinte años, como voluntaria del programa”, señala Silvia, aludiendo, precisamente, al Programa de Conservación del Cóndor Andino.

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En la actualidad, además de desempeñarse como divulgadora para los alumnos de diversas escuelas (“Llevando a los niños una palabra de concientización, para que podamos vivir más en unidad con la naturaleza”, apunta), es curadora de la muestra educativa, cultural y científica de la Fundación Bioandina que puede disfrutarse –con entrada libre y gratuita– en la sala Frey del Centro Cívico, hasta el sábado 5 de julio, de 10 a 19.

Fotos y otras diversas visiones artísticas confluyen en la muestra.

Así, en ese espacio ubicado a un lado de la plaza emblema de Bariloche, pueden observarse fotografías diversas sobre el ave, además de obras de arte que la reflejan.

“Se trata de difundir las actividades que lleva adelante la entidad desde hace treinta y tres años”, expresa Silvia, quien define a Bioandina como “una fundación reconocida a nivel internacional”, para luego precisar: “Nos dedicamos a la conservación del ave voladora más grande del mundo. Tenemos varios pilares, uno de ellos es el rescate, rehabilitación y posterior liberación de cóndores que se encuentran lastimados, con signos de envenenamiento, en distintas provincias del país. Cuando eso sucede, se activa un protocolo, a través de las direcciones de fauna de las provincias, Parques Nacionales, la policía rural, Gendarmería Nacional… De esa forma, Aerolíneas Argentinas traslada de forma gratuita a los cóndores hasta los sitios donde están los centros de rescate para poder asistirlos y hacer los estudios necesarios”.

Silvia brinda detalles a los visitantes.

La especialista (que residió un par de años en Bariloche, además de vivir un tiempo en Villa Llanquín, debido a que allí se ubica una base de campo del Programa de Conservación del Cóndor Andino) señala que la población de cóndores, en la Argentina, ronda entre los mil quinientos y dos mil ejemplares. En tal sentido, indica que en varias provincias comenzaron a censarlos.

En algunas de las imágenes expuestas, ciencia y ternura se dan la mano.

Silvia, asimismo, apunta que otro punto importante sobre el que se trabaja es “el retorno del cóndor al mar”, y desarrolla: “Porque el cóndor andino, hace más de un siglo, además de volar sobre la cordillera de los Andes, sobre las sierras centrales de Córdoba y de San Luis, también lo hacía sobre el mar, en la costa atlántica patagónica, pero los colonos lo extinguieron por desconocimiento, creyendo que con sus patas se llevaba a la cría de ovejas, de terneros, cuando eso en realidad no sucede, porque el cóndor tiene los tres dedos que necesita para desplazarse y el cuarto está atrofiado, atrás; posee las garras mochas y es carroñero, a diferencia del águila que sí es cazadora y tiene las cuatro garras bien desarrolladas y en la misma línea para levantar y llevarse en vuelo animales más pequeños”. 

Una serie de fotografías revelan la labor de incubación artificial.

La divulgadora cuenta que Bioandina desarrolla un “programa de incubación artificial y cría en aislamiento humano, con huevos provenientes de parejas que lamentablemente no están en condiciones de ser liberadas”. Esas crías, cuando ya están en condiciones de partir, son soltadas en la naturaleza.  “El día anterior a la liberación, se les coloca en las alas transmisores de radio y satelital”, especifica, detallando que, de esa manera, se hace un seguimiento hasta que los animales aprenden a volar de manera correcta, así como a encontrar alimento por sus propios medios.

Imágenes diversas evidencian, también, la importancia cultural del cóndor.

“Se liberan en la base de campo de Sierra Pailemán, en la provincia de Río Negro, que se encuentra en línea de vista aproximadamente a cincuenta kilómetros del mar, y por la lectura satelital ya hemos visto que varios cóndores han volado sobre el agua, más exactamente al sur del Parque Nacional Islote Lobos, el 14 de enero de 2022”, sonríe.

La sala Frey, durante esta semana, ofrece un panorama donde cada rincón llama a "volar".

Sobre aquellos cóndores que no pueden retornar a la naturaleza, detalla que son animales que tienen un ala rota o problemas en las patas, e incluso resalta que varios de ellos fueron rescatados del tráfico ilegal. De tal forma, señala que en muchos sitios los venden para mascotizarlos. “En La Rioja y Catamarca hay un montón”, afirma, y describe: “Varios de los que ahora se encuentran en el Ecoparque de Buenos Aires, que no se pueden liberar, estaban atados con cadenas y encima los maltrataban”.

Durante la jornada de apertura de la muestra, Silvia (que residió en algún momento en Bariloche) recibió diversas muestras de cariño.

En la muestra de la sala Frey, hay fotografías que tomó Silvia, y otras de quien era su compañero, Hernán Canuti, el reconocido reportero grafico que falleció en 2014. Además, se observan imágenes captadas por Hernán Pepe y Facundo Vital, entre otros.

El concejal Juan Pablo Ferrari acercó a los integrantes de la fundación Bioandina la documentación donde se refleja la declaración que realizó el cuerpo legislativo local.

La exhibición hace más de diez años que recorre el país, y recientemente fue declarada de interés municipal y cultural por el Concejo Municipal de Bariloche. “El objetivo de la muestra es llevar más conocimiento a la gente, sobre todo porque una de las problemáticas que estamos teniendo se vincula al uso de cebos tóxicos, que no se colocan para matar al cóndor, pero, indirectamente, lo hacen, porque el ave, en su condición de carroñera, baja a comer el animal muerto y agarran lo que colocaron los puesteros que quieren atrapar a un puma o un zorro”, dice Silvia, quien, a modo de ejemplo, señala una de las imágenes que muestra a treinta y cuatro cóndores envenenados en Mendoza.

Cuando se le pregunta qué supone el ave para ella, Silvia afirma: “El cóndor representa libertad. El silencio que debe enseñar a calmar un poco la mente, con esos vuelos increíbles en las alturas. También, solidaridad y generosidad, porque ellos tienen mucho cuidado incubando el huevo, criando a su pichón, defendiéndolo. Por eso, me parece que el mensaje más potente del cóndor se vincula a la unidad. Todos somos parte de este bendito universo”.

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