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23/04/2026

No sólo ropa: un roperito solidario busca ayudar entregando también alimentos

Una agrupación barrial intenta paliar distintos padecimientos de la sociedad.
El roperito es un lugar de ayuda ya clásico, pero ahora la gente que va en busca de abrigo también pide comida (foto gentileza).
El roperito es un lugar de ayuda ya clásico, pero ahora la gente que va en busca de abrigo también pide comida (foto gentileza).

“Somos el nexo entre el que colabora y el que recibe, nada más”, dice Marcelo González, uno de los impulsores de la agrupación Don Juan, a cargo de un roperito solidario que, en Pasaje Gutiérrez y Mascardi, en el corazón del barrio Bella Vista II, se ha transformado en un rincón de peregrinación para aquellos que padecen los embates de una vida que, a fuerza de indiferencia, suele avanzar sin preocuparse por aquellos que quedan fuera del sistema.

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“Sin la colaboración que brinda la comunidad, no podríamos hacer nada”, insiste Marcelo, pero aquellos que conocen el trayecto que emprendió hace tiempo, junto a su hermano Manuel, saben que, pese al baño de modestia, lo que realizan desde el grupo es mucho, ya que la propuesta que idearon hace algo más de seis años actúa, en cierta forma, como contención para aquellos que sufren un presente que se les torna luctuoso a base de piedras en el camino que se multiplican.

Desde sus inicios, la agrupación Don Juan tuvo como eje recibir donaciones de ropa y repartirla. En el medio, claro, también colaboraron con alimento ante situaciones puntuales —especialmente, para gente mayor—, así como en conseguir algún medicamento para quien lo requiriera con urgencia. Pero, en esencia, la acción siempre apuntó a la vestimenta, de ahí que el centro alrededor del que giran todas las actividades —más allá de propuestas vinculadas a fechas como el Día del Niño, Navidad y Reyes— sea, precisamente, el roperito solidario.

Pero la actualidad ha hecho que tengan que diversificarse. Por ejemplo, un mes atrás desarrollaron un primer encuentro de jóvenes —que luego tuvo réplicas—, con el objetivo de generar un espacio donde escuchar las opiniones de aquel segmento poblacional que no siempre es tenido en cuenta, en un contexto, además, donde la violencia cotidiana marca y define el ritmo de la sociedad. De tal forma, la idea, básicamente, respondió a ofrecerles un sitio que sintieran como propio. Y varios de los que se acercaron también han tenido la necesidad de ayudar en la tarea que impulsan en el roperito. “Un chico de diecisiete o dieciocho años, el otro día, me dijo: ‘Vine porque me gustó la idea y quiero devolver un poco de lo que me ayudaron a mí’. La frase me quedó grabada”, cuenta Marcelo.

Y, más allá de esa actividad para la juventud, acaban de lanzar una campaña donde, además de ropa para repartir, piden alimentos. “Muchas personas están viniendo no sólo a buscar calzado, ropa de abrigo y frazadas, que es lo que más suelen solicitar en esta época del año, sino que también piden comida. Pero es algo que resulta muy difícil de conseguir, porque nadie la está dando como para que nosotros, luego, podamos repartirla”, explica Marcelo, para después desarrollar: “Es un momento donde la situación se torna complicada para gran cantidad de familias, debido, sobre todo, a la escasez de trabajo, especialmente en lo que hace al ámbito de la construcción, porque en estos meses baja el laburo y muchos quedan desempleados”.

El roperito solidario de la agrupación Don Juan es un sitio al que acude gente de toda la ciudad (foto gentileza).

“Cada vez que abrimos el roperito (en general, los martes y jueves, de 16.30 a 18.30), vienen entre veinte y sesenta personas; la necesidad se nota de manera importante”, suma, aclarando: “No se trata sólo de este barrio y de los alrededores, sino de toda la ciudad”. 

“Todos conocen nuestro roperito, entonces, se acercan de varios lados. Incluso se ven personas de otras ciudades que han venido a vivir a Bariloche y llegan buscando abrigo y alimento”, indica, y ahonda: “El otro día, por ejemplo, recibimos a una familia de Tucumán. Nos decían que supuestamente venían con trabajo asegurado, pero sólo fue por una semana, después los dejaron prácticamente en la nada. No conseguían laburo y les habían prestado una piecita en una toma”.

“Bariloche se está poniendo muy complicado”, suspira Marcelo, que reflexiona: “Nuestro roperito es una medición de cómo estamos. Si viene menos gente, estamos mejor; si viene más, estamos peor. Muchos vecinos que han trabajado toda la vida, de repente, se han quedado sin laburo”.

“Hay gente que se avergüenza por venir a pedir, pero como ya muchos nos conocen, por todo el tiempo que llevamos haciendo esto, igualmente se acercan, sabiendo que pueden hablar con total tranquilidad sobre lo que les sucede”, explica, y refleja: “Intentamos ayudar todo lo que podemos, pero a veces se hace complicado”.

“Detrás de cada pedido hay abuelos que están solos, familias que hacen lo imposible para salir adelante y chicos que necesitan lo básico para crecer dignamente. Sabemos que no siempre se puede dar mucho, pero también sabemos que cuando una comunidad se une lo poco se transforma en algo enorme”. Esa es la premisa. Marcelo tiene en claro que “no se trata sólo de donar, sino de estar, de mirar al otro y no ser indiferentes”. 

“El que quiera participar y dar una mano siempre será bienvenido”, concluye.

Un roperito donde se ayuda con ropa y mucho más (foto Eugenia Neme).

Las donaciones se reciben los martes y jueves, de 16.30 a 18.30, en Pasaje Gutiérrez y Mascardi. Quienes deseen contactarse con Marcelo González pueden hacerlo por WhatsApp, al +54 9 2944 51-7028. 

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