Pamela Schweblin, una artista que impulsó la transformación de la Patagonia en un distrito musical irlandés
Pamela Schweblin tenía unos quince años cuando en una plaza de Hurlingham, zona Oeste del Gran Buenos Aires, escuchó el sonido de una gaita.
De eso hace tres décadas, es decir, hacía rato que Luca Prodan, nacido en Roma, pero con una unión particular con esta parte del mundo, había muerto. Y Hurlinghan fue un lugar particularmente cercano al líder de Sumo, porque allí vivió un tiempo y, además, utilizó el nombre de la localidad para bautizar a uno de sus proyectos paralelos: “La Hurlingham Reggae Band”. Y esto viene a cuenta de que en un clásico de Sumo, Crua Chan, tema que abre el álbum After Chabón, se escucha lo que simula ser una marcha gaitera. Prodan, que había estudiado en un internado de Escocia, para componer la canción se inspiró en una batalla de 1746 entre escoceses e ingleses. Precisamente, en aquella grabación se buscó emular con la guitarra el sonido de las gaitas escocesas.
“Es que hay gaitas diferentes en cada parte del mundo”, explica Pamela Schweblin, detallando que la que escuchó tanto tiempo atrás, en una plaza del oeste bonaerense, era, precisamente, escocesa.
En la adolescencia escuchó el sonido de una gaita y quedó encantada.
“A veces, cuando se habla de este instrumento, aparece en el imaginario la escocesa, que es la que suele verse en las películas. Pero está la irlandesa, la bretona, la asturiana, la gallega, la smallpipe… Hay muchísimas”, cuenta.
El sonido que escuchó en la adolescencia la cautivó (“Me emocionó profundamente”, revela), pero, al ponerse a averiguar, apreció que la musicalidad que la atraía, en realidad, no se vinculaba tanto a Escocia, sino a Irlanda.
Pamela, entonces, decidió meterse de lleno en ese mundo. “Empecé a investigar sobre gaitas”, cuenta, para luego aclarar: “En esa época no existía Internet, YouTube, ni Spotify… No había nada de eso. Además, a la Argentina llegaba poca música irlandesa, así que fue un proceso largo”.
Y esa especie de obsesión –sana– resultó determinante en su vida.
Por ejemplo, la guió a viajar a Irlanda para estudiar acerca del instrumento. “Es, quizá, de las gaitas más modernas. Se empezó a desarrollar en el siglo XVIII. Y es de las más completas, en términos de capacidad expresiva, melódica y armónica”, explica, y detalla: “Está el chanter, con dos octavas completas; y los reguladores, que son para hacer acompañamientos armónicos, como si fuera un piano. Suena más dulce y suave que otras”.
Realizó varios viajes a Irlando. Primero, para aprender; luego, como una figura destacada.
A Pamela, que también se especializa en flautas de Irlanda, no le agrada la expresión “música celta”. “Es un término impuesto por las discográficas”, afirma, y ahonda: “En realidad, no hay registros concretos de la música que hacían los celtas. Se usa como fórmula para encasillar ciertos sonidos. O sea, dentro del término, entra la música irlandesa, escocesa, bretona, la asturiana, gallega… hasta la new age. Es un paquete donde meten un montón de cosas”.
De tal forma, aclara que, de acuerdo a la procedencia, “cada música tiene su historia, su lenguaje, su contexto, sus instrumentos…”.
“A mí, particularmente, me apasiona la música tradicional irlandesa”, señala.
Un instrumento vital en la música irlandesa tradicional.
–Cuando conociste Irlanda, ¿sentiste que había una concordancia entre el lugar y la música? Es decir, ¿te pareció que era algo así como el tango a Buenos Aires?
–Sí, absolutamente. La música me brindaba un imaginario que después resultó ser tal cual. Es una música muy transparente, que dice mucho. O sea, se comporta como un mismo ente con la historia. Toda la parte histórica irlandesa está en su música. Y es de transmisión oral, no está escrita. Se transfiere de forma comunitaria, familiar. Al pasar la música, se traspasa historia. Quienes hacemos música irlandesa somos recopiladores de esos sonidos. Las melodías quedan en nuestra cabeza, se mantienen en nuestra memoria y las transmitimos a otras personas.
Concentración en el sonido...
De alguna manera, ella lleva adelante la misión de comunicación musical a través del Club de Gaiteros de Lago Puelo, institución que dirige.
“Buscamos que los chicos puedan empezar a tener su oído y memoria musical. Es un juego de juntar, aprender y compartir melodías, que es el estilo que conlleva la música irlandesa”, detalla.
Al referirse a la temática, narra: “El Club de Gatieros cuenta con el apoyo de Na Píobairí Uilleann (NPU), que es una asociación de gaiteros con sede en Dublín, una organización internacional que se dedicó siempre a rescatar este instrumento, el cual estuvo muy cerca de extinguirse por completo”.
La gaita, su compañera desde hace tres décadas.
El Club de Gaiteros, más allá de ser un proyecto que ya lleva varios años, desde 2024 cuenta con un espacio físico propio, “donde aprender todo lo que tiene que ver con la tradición de la gaita irlandesa, que no es solamente tocar el instrumento”, según cuenta Pamela, “sino que es también aprender a construir las cañas que lo hacen sonar, y a mantenerlo, que es algo muy arduo”. Y, claro, además está el hecho de compartir experiencias. “Funciona como un centro de encuentro”, define la artista. Justamente, durante la primera semana de noviembre de cada año, la entidad –la única de su tipo en Latinoamérica– organiza actividades a las que se acercan músicos de diversas partes del mundo.
Con su pareja, compartiendo música.
Pamela es parte de Finn, una agrupación donde también toca su pareja, Alfredo Fariña, quien se encarga del violín irlandés, el bajo tenor, la mandolina y una especie de pandero denominado bodhran. Juntos, una década atrás, decidieron radicarse en la Patagonia. Y en Lago Puelo fue donde observaron cierta escena musical que se adaptaba a sus deseos de desarrollarse artísticamente. Así, de algún modo, su arribo comenzó a definir a aquella localidad como capital argentina de la música irlandesa.
Finn se completa con Sergio González, quien toca un bouzouki.
La banda, cada vez que se presenta en Bariloche, causa cierto revuelo entre los seguidores de la música irlandesa. Por ejemplo, hace un par de semanas el grupo tocó a sala llena en el Museo de los Viajeros, sitio en el que volverán a brindar shows el sábado a las 17 y a las 19.30.
Finn, la banda que integra.
Más allá de su participación en Finn, Pamela ha ha sido invitada como gaitera solista para realizar un concierto con la Orquesta Folclórica Nacional de Irlanda, en el marco de un festival presigioso denominado Fleadh Cheoil na hÉireann 2023, donde fue premiada.
Asimismo, Calle 13 la invitó a participar de un recital en el estadio de Ferro en 2014, donde la argentina acompañó al grupo en un tema llamado El aguante.
Por otra parte, Raly Barrionuevo la convocó para grabar en el disco Mujeres caminantes. “Fue muy curioso, porque, en el momento en que me contactó, yo estaba explorando nuestro temas folklóricos con mis instrumentos, así que nos pareció súper interesante cómo, en la canción Y volvió a aparecer, se podían combinar las sonoridades de la gaita y las flautas con nuestro folklore”.
En el sur del mundo, sus manos toman la tradición de la música de Irlanda.
Y todo empezó alrededor de treinta años atrás, cuando escuchó una gaita en Hurlingham… Ahora, desde la Patagonia, surge una cadencia irlandesa...