NI BARILOCHE EXISTÍA TODAVÍA
¿Quién fue el primer turista que se asomó al Nahuel Huapi?
Suele suponerse que el primer contingente que llegó a las orillas del Nahuel Huapi con finalidades estrictamente turísticas fue el que integró el célebre Aarón de Anchorena junto a dos de sus amigos. El terceto llegó en marzo de 1902, par de meses antes de que la existencia de Bariloche fuera reconocida formalmente por el gobierno nacional. Pero antes que los porteños e inclusive con anterioridad a que los primeros pobladores no indígenas se asentaran a orillas del Nahuel Huapi, hubo un viajero insospechado de presencia muy sugestiva.
Su visita llamó la atención de Juan Martín Biedma, quien ironizó al respecto: “Precursor del turismo en la zona, fue, cuándo no, un inglés, nada menos que en 1883, en plena Campaña de los Andes al sur, comandada por el general Villegas. En esa oportunidad […] se encomendó al teniente primero Jorge Rohde la exploración del ‘camino y paso de Bariloche’. A su escasa tropa se le incorporó un turista inglés, William Andrews”.
La del año en cuestión fue la segunda expedición al gran lago que llevó adelante el Ejército Argentino. En la de 1881 las tropas acamparon por espacio de un mes en la actual jurisdicción de Dina Huapi, pero luego retornaron a sus bases sobre los ríos Negro y Neuquén. En cambio, en las acciones de 1883/84 se establecieron fortificaciones para hacer continua su presencia. Como Julio Roca ya estaba en la presidencia de la Nación, las operaciones quedaron al mando de Conrado Villegas.
En su búsqueda del mítico cruce cordillerano, efectivos de la Argentina se asomaron por vez primera al lago que hoy conocemos como Gutiérrez, al que Rohde confundió con el Seno de Reloncaví. Desafortunadamente, el nombre del visitante británico es tan común que no resultó posible dar con su paradero por medios electrónicos, pero convengamos que es como mínimo llamativo que acompañara a la vanguardia de una fuerza expedicionaria argentina un súbdito británico. ¿Habrá sido efectivamente un simple turista?
Pasaron aproximadamente 20 años hasta que se produjera la llegada de indudables turistas, aunque también traían otras intenciones consigo. “Corría el mes de marzo de 1902 cuando la bucólica paz del villorrio San Carlos se vio alterada por la curiosa caravana turística que integraban Aarón Anchorena y sus amigos Esteban Llavallol y Carlos Lamarca”, precisa Biedma en su “Crónica histórica del lago Nahuel Huapi” (Editorial Caleuche – 2003).
Embarcaciones en el muelle de Puerto Anchorena en 1930. Colección Lunde en Archivo Visual Patagónico.
“Estos pioneros del campamentismo (sic) habían salido de Buenos Aires el 15 de diciembre de 1901 a bordo del Chubut (itálica en el original), de la Compañía Hamburguesa de Navegación. Desembarcaron en Puerto Madryn donde contrataron el personal”, entre ellos, “George Hammond, capataz, malvinero, gran conocedor de la región”, además de “peones galeses”. Llamativamente, una vez más, “cuatro soldados del Regimiento 6° estaban encargados de la escolta”.
De Puerto Madryn a la cordillera
Era un auténtico destacamento: “el equipaje y los numerosos enseres para armar varias y espaciosas tiendas de campaña, mesas, sillas y abundantes provisiones, fueron transportados en dos fuertes carros”, asegura la descripción. “Cruzaron la estepa patagónica costeando el curso de los ríos Chubut y Senguer hasta el lago Fontana. Camino hacia el N. pasaron por el lago General Paz (el Vintter del presente), el valle de Teca, Foyel, las estancias Esquel, Leppa, Lelej y Maitén de la Compañía Argentina de Tierras del Sur”, precisamente, de capitales británicos por entonces.
“En el Nahuel Huapi encontraron al ingeniero Emilio Frey de la Comisión Argentina de Límites que había levantado allí su campamento”. Era la época en que la Argentina y Chile trataban de dilucidar por dónde debía pasar la nueva frontera. “Embarcados en El Cóndor llegaron a la isla Victoria, en uno de cuyos puertos, rodeado de impenetrables bosques pasaron varios días cazando cabras salvajes que en ese entonces abundaban. Los vecinos le dieron a la bahía donde habían acampado el nombre de Puerto Anchorena en recuerdo de su estadía”. Como sabemos, esa denominación perdura hasta hoy.
El terceto de turistas pioneros regresó “navegando en bote el Limay hasta la Confluencia (con el río Neuquén) donde tomaron el ferrocarril”. En la actual capital de la vecina provincia, “se cruzaron con el perito Moreno que se dirigía hacia el sur en lomo de mula. Anchorena, fuertemente impactado con la belleza de los lugares que acababa de recorrer, la manifestó a Moreno su deseo de adquirir la isla Victoria. No obtuvo la adquisición, pero sí el usufructo por vida”, apuntó Biedma.
Dos décadas después y aunque todavía faltaba para que Parques Nacionales mediante, Bariloche se volcara decisivamente al turismo, “los tres hoteles que disputaban las preferencias de los turistas y pasantes eran, Los Lagos, de Camilo Garza, con amplio edificio y terraza sobre el lago; Nahuel Huapi, de Alberto Parsons, y San Carlos, de Félix Pettiti”, señala la contribución de Biedma. “Para esta fecha (mediados de los años 20), Garza había vendido su hotel a Fernando Álvarez, quien introdujo mejoras y le cambió el nombre por Hotel Central. Fue el primero que suministró agua caliente y fría en sus habitaciones”. Toda una novedad que aquel inglés misterioso no pudo ni siquiera sospechar.