2025-04-13

HASTA 1960 FUE SIMPLEMENTE UN “PORTILLO”

No siempre fue tan fácil transitar por el paso internacional “Cardenal Samoré”

Antes de reconocer al hombre de la Iglesia que medió entre la Argentina y Chile, se llamaba simplemente Puyehue. Hubo otras denominaciones, pero no perduraron en el tiempo.

Que por la ruta los automovilistas son capaces de llevarse por delante fauna autóctona y que en cercanías de los recintos aduaneros crece la basura. Que Carabineros acaba de detener a un argentino que pretendía cruzar drogas ocultas en el motor de su vehículo. O que modifica su horario de atención y que las medidas de fuerza alteran su normal funcionamiento… Semana tras semana, día tras día, el paso “Cardenal Samoré” es noticia para Bariloche y Villa La Angostura, por un lado, para Osorno, Puerto Montt y Valdivia, por el otro. Pero ¿saben lectores qué poca historia tiene el cruce internacional más transitado de la zona?

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Hasta fines de la década de 1960 era simplemente un portillo, es decir, un paso entre montañas, que inclusive del lado argentino se conocía como Puyehue. El cruce cordillerano propiamente dicho transcurre a 1314 metros sobre el nivel del mar y debía su nombre anterior al lago cercano, que está en jurisdicción de Chile. A su vez, el espejo de agua alude a un pez, el puye, que abunda en su interior. En idioma mapuche, puyehue significa “lugar del puye”.

Del lado chileno también supo llamarse paso Errázuriz, aunque esa denominación no prosperó. Muy probablemente el tránsito humano por su extensión se remonte a milenios, pero los primeros que consignaron su existencia por escrito fueron Bernardo Azócar, José Tauschek y Federico Ide, en una ocasión en que se dirigían desde el oeste hacia el Nahuel Huapi. Su periplo tuvo lugar en el verano de 1890.

Al año siguiente, también aprovecharon su utilidad para atravesar la cordillera Federico Eggers y Pedro Adams, quienes partieron desde Osorno, cruzaron, pasaron por el lago y llegaron a Carmen de Patagones, travesía que demandó nada menos que 75 días. Juan Martín Biedma, el autor que consultamos para esta reconstrucción, mencionó que “Luis Riso Patrón poseía un rudimentario croquis de este conocido viaje”.

El aludido fue un destacado geógrafo chileno. Por su parte, en 1892 atravesó el Puyehue un periodista inglés, C. E. Akers, corresponsal del diario “Standard”, que también describió el recorrido para su libro “Argentine, Patagonian and Chilean Sketches”, trabajo que se publicó en Londres al año siguiente y que, al parecer, no se tradujo al castellano. Profundizaron las exploraciones ese mismo año Pablo Stange y Gustavo Schmidt, también provenientes de Osorno.


Segmento del mapa que elaboró Riso Patrón.

Luego de atravesar el portillo, descendieron hasta el extremo noroeste del Nahuel Huapi y levantaron “un itinerario de todo el trayecto”, además de hacer “numerosas observaciones sobre la geografía física, geología, vegetación, que fue publicada por Petermann”, una editorial alemana. Luego de estas primeras aproximaciones, se sucedieron los relevamientos por parte de las célebres comisiones de límites que debían fijar por dónde pasaría la frontera entre los dos países.

A vela por el lago

La chilena que tenía como misión explorar el río Palena, bastante más al sur, se dividió en dos secciones. Su trabajo se extendió desde diciembre de 1893 hasta marzo del año siguiente, bajo la dirección de Juan Steffen. La segunda sección se conformó con Stange, Pablo Krüger y Pablo Kramer, quienes salieron de Osorno el 22 de diciembre y navegaron el lago “en el bote a vela del propietario de los baños de Puyehue”, consignó Biedma.

Según el investigador argentino, “estas fuentes termales fueron descubiertas en 1851 por Hermenegildo Molina. En ese entonces, era un balneario bastante concurrido, aunque muy primitivo”. Como se sabe, en el presente usufructúa esas aguas un cotizado hotel que no está muy lejos del puesto aduanero transandino. En cuanto a los expedicionarios de 1894 “por la cuenca del río Golgol, se adentraron en la cordillera”.

El libro de Biedma se publicó por primera vez en 1967 y nótese su observación: “Por el diario de P. Stange, nos damos cuenta de que las dificultades del cruce no difieren sustancialmente de las que tienen que afrontar los que hoy se internan en el paso”. Quiere decir que hace poco menos de 60 años, el tráfico no se parecía en mucho al actual, cuando con asfalto roto y todo, es un trámite casi rutinario.

“Cerca del límite divisorio de las aguas a una altura de 1350 metros, comienzan los arenales de lapille (sic) compuesta de piedra pómez y lava de basalto”. Después de la erupción del Caulle-Puyehue (2011) esos materiales están muy presentes. En definitiva, aquella expedición trasandina atravesó las lagunas Tres Mellizas, que se comunican entre sí a través del arroyo de los Caracoles, antes de dar con la Cuesta Temerosa. Ahí tuvieron que acampar por la presencia de nieve y recién al día siguiente, 1° de enero de 1894, cruzaron el paso propiamente dicho.

La travesía está circunscripta al norte por el cerro Mirador y al sur, por el Pantojo. En nuestros días, hay allí un mirador que permite disfrutar una espléndida vista cordillerana. Por su parte, observó Biedma que “el declive del paso Puyehue es desigual en ambas pendientes, suave del lado chileno y escarpado del lado argentino. Tan escarpado lo es que hoy se lo conoce como Cuesta del Diablo”. Insistimos en que el “hoy” del autor eran los últimos tramos de la década de 1960.

1901

En cuanto a la comisión chilena que mencionábamos, transitó por el valle del río Correntoso, que sería el actual Pireco, y arribó al brazo Rincón del Nahuel Huapi, “donde Hube tenía su vaquería”. El texto se refería a Federico, uno de los primeros empresarios de la zona a comienzos del siglo XX. Aunque de manera rudimentaria, el Puyehue era transitado, a tal punto que “Stange y sus compañeros encontraron en el Rincón (otro nombre del paso) a tres suecos que llegaron el 8 de enero de 1894, con lana del Limay para Chile”.

Finalmente, el hito fronterizo se colocó el 18 de marzo de 1901, faena que cumplimentaron los ingenieros de la cuarta Subcomisión Mixta de Límites. Con el nombre que ostenta en la actualidad, ambos países rinden homenaje al cardenal Antonio Samoré, cuya tarea de mediación fue central para que no corriera la sangre a fines de 1978, cuando las dos dictaduras instaladas en Santiago y Buenos Aires se precipitaban hacia la guerra. Esa sí que hubiera sido una malísima noticia.

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