2025-03-30

FRANCISCO MORENO, EL GRAN CIPRÉS Y UN EPISODIO CONFUSO

Historia en el centro de Bariloche: ¿qué sucedió en el Paseo de las Colectividades?

En el verano de 1880 se produjo un encuentro que el viajero describió como su captura, aunque estudios históricos contemporáneos dudan de su veracidad. Todo sucedió a la sombra de un árbol que ya no está.

Entre el primer y el segundo viaje de Francisco Moreno al Nahuel Huapi la situación había cambiado drásticamente. Desde mediados de 1879 el Ejército ocupaba posiciones sobre los ríos Negro y Neuquén y si bien la gente de Sayhueque e Inacayal no había recibido ataques directos, un contingente de aproximadamente 70 conas y tres loncos fue aprisionado por las tropas al mando de Conrado Villegas cuando se dirigían a Carmen de Patagones. En ese ambiente enrarecido el futuro perito hizo su arribo a la zona proveniente desde el sur.

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Transcurría el verano de 1880 cuando tuvo lugar el episodio de su supuesta captura. El acontecimiento tuvo lugar en un rincón actualmente urbano de Bariloche: el Paseo de las Colectividades. El de Buenos Aires señaló en sus escritos que encontró a su pequeña comitiva -de la que se había alejado momentáneamente- debajo de un gran ciprés y en la compañía de una cantidad importante de guerreros. Tenían como misión conducirlo a la ruca de Sayhueque, por entonces autoridad principal en la Gobernación Indígena de Las Manzanas.

Veamos qué sucedió. A la altura de Esquel, Moreno comprendió que Sayhueque estaba al tanto de su presencia en los campos hoy chubutenses. La familia de Utrac, hijo de Inacayal que integraba la delegación del porteño, residía por entonces en Cholila. El 17 de enero un mensajero dio con el grupo en marcha para hacer entrega de una carta que tenía como destinatarios al viajero y a dos sobrinos del lonco principal, Hernández y Gabino, que también conformaban la partida.

En la misiva, Sayhueque desmentía rumores y hacía saber que un mes antes 35 guerreros que seguían su liderazgo habían partido de Maquinchao no con finalidades hostiles, como supuso Moreno, sino para brindar “el correspondiente recibimiento como personas conocidas de mi estimación”. El lonco manzanero calificó de “falso y muy refalsísimo (sic)” el rumor que adjudicaba a ese grupo finalidades guerreras.

Grupo de scouts en el ciprés, alrededor de 1930. Archivo Visual Patagónico.

En el mismo texto hacía saber que aguardaba a los tres destinatarios de la carta en su casa del río Caleufú -hoy sur de Neuquén- para “hablar personalmente”. En su reconstrucción de los hechos, Moreno puso énfasis en la desconfianza que le inspiraba Longkochino, secretario de Sayhueque, es decir, la persona que redactaba las cartas. También deslizó que, con la propuesta protocolar, su inminente anfitrión buscaba despegarse de un asalto que habían sufrido troperos a la altura de Choele Choel, incidente que, según Villegas, justificó la detención y castigo de aquellos 70 manzaneros. De hecho, Sayhueque atribuyó a “indígenas picunches” el hecho de violencia, es decir, a otros mapuches que vivián más al norte.

Sitio histórico

Según la cuenta del porteño, fueron 75 los guerreros que dieron con su comitiva donde actualmente está el Paseo de las Colectividades, empinado espacio verde que ornamenta el centro de la ciudad. Seguían el liderazgo de Chuaiman, hijo del lonco Molfünkeupu, cuya oratoria y dignidad habían impresionado a Moreno en su primer viaje por estas latitudes (1876).

Interpretó el viajero que “como con mis hombres habían quedado Utrac, hijo de Inacayal, fiel indio que se titulaba mi hermano y Gavino, indio pariente lejano de Shaihueque (sic) e intérprete mío, la indiada no les había hecho el menor mal”. Sin embargo, no era ejercer la violencia la idea de los supuestos captores, quienes estaban más interesados en que Moreno intercediera por sus parientes prisioneros de Villegas.

Ese tramo de su periplo había arrancado siete jornadas atrás en Tecka, donde por entonces estaban instaladas las tolderías de Inacayal y Foyel. Dos días después del encuentro al pie del gran ciprés, el grupo atravesó el río Limay “donde cruzara Musters e inmediato al sitio del naufragio de Cox”, según el de Buenos Aires. El primero, de origen inglés, anduvo por aquí -en sentido amplio- en el otoño de 1870 y el segundo, en el verano de 1863. Según el geógrafo Rey Balmaceda, el grupo de mapuches y tehuelches que acompañaba el británico, cruzó el curso de agua a la altura de Paso Flores.

En su narración, Moreno se presentó a sí mismo como prisionero de Saihueque y reconstruyó con lujo de detalles y dramatismo su hipotética fuga. Sin embargo, en todo momento conservó armas en su poder. Además, el tono de las cartas que de manera posterior remitieron a los jefes argentinos tanto Saihueque como Inacayal no se condice con el rol de captores. Para el historiador Julio Vezub, autor de un libro ineludible sobre la autoridad manzanera, las misivas “desmienten la versión heroica que Moreno proporcionaría de su fuga, sugiriendo que debió ser consentida por el círculo que tomaba las decisiones”.

Antonio Modesto Inacayal despachó dos cartas el 23 de febrero de 1880 desde “Río Caquil Güincul”, con la firma de su secretario Antonio Waitu. La primera se dirigía “a las autoridades de Choele Choel, Río Negro y Neuquén” y, sobre todo, tenía como finalidad solicitar que su hijo “Guitrac Nacayal no tenga dificultad en ninguno de esos puntos e impedimento pues quien dirijo en comisión a la Comandancia del Fuerte General Roca o al menos de la población de Choele Choel llevando consigo tres hombres”, que eran “un soldado y dos peones” de Moreno. También viajaba “un capitanejo lenguaraz”.

Venerable del Lago

Inacayal tenía además la deferencia de enviar siete caballos y dos mulas, propiedades del porteño, junto con dos fusiles Remington y “dos cargas de cosas curiosas que trabajó en los desiertos el señor Moreno”. Actitud que, en efecto, no coincide con la de un captor frustrado. En definitiva, fuera aprisionamiento o encuentro protocolar, el hecho tuvo lugar donde mucha gente espera el transporte urbano diariamente, sube o bajas escaleras.

En las primeras décadas del siglo XX se conocía al ciprés como Venerable del Lago o Ciprés de Moreno. Fueron muchos los actos que se hicieron cerca de su añosa silueta, en sintonía con el discurso morenista, claro. En 1958 se decidió su tala porque no era compatible con los planes de ensanchar la calle que lleva el nombre del perito. A pesar de su pérdida, el pasado remoto de Bariloche no está tan sepultado como podría parecer.

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