CRISTIANOS DE EGIPTO LOS CALCULARON EN 60
Por 200 años se pensó que los Reyes Magos eran doce
El relato que circula en el siglo XXI sobre los Reyes Magos a veces coincide con los párrafos bíblicos, pero no la mayoría de las veces. La festividad del 6 de enero tiene su origen en una cita de San Mateo, uno de los cuatro evangelios que la Iglesia admite como válidos. Sin embargo, el texto no hace mención al número de magos que concurrió a Belén para honrar a Jesús. Por otro lado, el apóstol tampoco reparó en su condición supuestamente real ni mencionó a Gaspar, Melchor o Baltasar. También omitió orígenes o nacionalidades, fecha de la visita y destino posterior.
La ausencia de precisiones justifica que en distintas representaciones iconográficas que se realizaron durante los siglos III y IV, aparecieron dos, tres y hasta cuatro magos. En los primeros tiempos después de Cristo la interpretación bíblica fue bastante libre, ya que otras fuentes cristianas, en particular sirias y armenias, imaginaron doce reyes, porque se relacionaron a los adoradores con las doce tribus de Israel o los doce apóstoles.
Quizás con alguna exageración, los cristianos de Egipto los calcularon en 60. Recién a partir del siglo III comenzó a institucionalizarse el terceto. Le correspondió la tarea al teólogo Orígenes, quien vivió entre 185 y 253 y, precisamente, inició que los magos eran tres. Como el texto de Mateo menciona que Jesús recibió la misma cantidad de regalos, es decir, oro, incienso y mirra, terminó por imponerse esa versión.
Sin embargo, puede argumentarse que, como se trata de sustantivos incontables, pudieron ser decenas los adoradores que coincidieron en obsequiar diversas cantidades de oro, de incienso o de mirra. Gramos o kilos… El mismo relato se reprodujo en Israel y Palestina, pero adquirió formas singulares en Siria, Egipto y Armenia. Por otro lado, es casi seguro que Melchor, Gaspar y Baltasar no se llamaron de esa manera.
La adopción de esos nombres es bastante posterior a los acontecimientos. Los investigadores especializados apuntan a que esas identificaciones aparecieron por vez primera en un códice del siglo VII que se encontró en la Biblioteca de París. Además, cada tradición cristiana llamó a los enigmáticos personajes de diversa manera. Por ejemplo, en griego recibieron las denominaciones de Appellicon, Amerín y Damascón.
En hebreo, Magalath, Galgalath y Serakin. Aunque la veracidad de esos apelativos también es muy relativa porque según las interpretaciones más difundidas, los Reyes Magos no eran hebreos, más bien se les atribuye el carácter de astrólogos babilonios o sacerdotes persas. Quiere decir que difícilmente llevarán nombres en hebreo. Paradójicamente, a la luz de la historia del siglo XX y todavía actual, no sería extraño que alguno de los que concurrieron a Belén fuera árabe.
También se considera que eran hombres ilustrados en materia de astronomía, pero no desde la perspectiva de las ciencias modernas, sino desde un ángulo más bien espiritual. Dos milenios atrás se consideraba magos a quienes sabían interpretar el mensaje de las estrellas. Precisamente, “Magoi” es un término de origen griego que puede significar matemático, astrónomo o astrólogo.
Tiempo después del año cero, Tertuliano afirmó que los magos debían ser reyes que procedían de Oriente, de las mismas latitudes que durante el primer cuarto del siglo XXI potencias occidentales ahogaron en sangre. Persia es Irán y Babilonia quedaron en el actual Irak. Fue después de Tertuliano que se impuso la postura de considerar reyes a quienes adoraron a Jesús en el pesebre de Belén. Considerado uno de los padres de la Iglesia, el autor de la hipótesis vivió entre los años 160 y 220. Insistimos en que Mateo no afirmó nada al respecto, aunque es verdad que los magos -en el sentido histórico- poseían mucha influencia.
A la luz de la historia que arrancó en 1948 con su fundación como Estado parece mentira, pero dos milenios atrás, babilónicos y judíos tenían muchas cosas en común e Israel sufría la ocupación romana. Otros relatos consideran a los magos hombres de Persia, es decir, Irán, porque en verdad, muchas de las costumbres que se recrean en Navidad tienen su origen en tradiciones culturales anteriores al cristianismo.
Es que sincretismo o apropiaciones mediante, un conjunto considerable de las costumbres que hoy se consideran cristianas tiene orígenes remotísimos y en otras culturas. En los comienzos de la narración de los Reyes Magos, se representaba a los tres como pertenecientes a una misma raza. Con el paso del tiempo, se los pensó como un anciano (Melchor), un joven blanco (Gaspar) y un afro de barba espesa (Baltasar) para simbolizar la universalidad de la humanidad. A propósito, no está de más recordar que Belén queda en Cisjordania, es decir, bajo la administración de la Autoridad Nacional Palestina.