MOTOSIERRA SIN FIN
Van a hacer falta hasta 18 años de ajuste para que el gasto llegue al 25% del PBI
En un análisis acucioso realizado por el Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), se aborda la ambiciosa meta del gobierno nacional de reducir el gasto público al 25% del Producto Bruto Interno (PBI), un objetivo contemplado en el Pacto de Mayo. Este objetivo, sin embargo, parece estar más allá del horizonte cercano y podría alcanzar su culminación recién en el año 2042, según lo proyectado por dicho instituto.
La propuesta del IARAF parte de supuestos variados, proyectando un crecimiento económico del PBI de 3%, 4% y hasta un optimista 5%, todo ello acompañado por un incremento del gasto real sostenible de apenas 1,2% anual. Este enfoque moderado en el incremento del gasto se plantea sin la aplicación de recortes drásticos, pero con la intención de que el crecimiento del gasto no supere al de la actividad económica. No obstante, el año 2025 significaría transitar por un terreno plano en términos del PBI, con expectativas de mantener el gasto sin alteraciones sustanciales.
A partir del 2026, se perfilan tres trayectorias potenciales para la economía argentina. En el primer escenario, con un crecimiento económico anual del 3%, solo se lograría tocar el ansiado 24,8% del PBI en el transcurso del año 2042. Escalando hacia un crecimiento económico del 4%, el horizonte se acorta a 2036, y en el mejor y más optimista de los casos, es decir, con un crecimiento del 5%, el objetivo sería tangible para el 2033.
El informe recuerda, además, que en 2024, el gasto público podría ubicarse en el orden del 17,7% del PBI a nivel nacional, marcando un descenso notable en comparación al año anterior. Similares reducciones se espera a niveles provinciales y municipales, haciendo prever que el gasto consolidado argentino podría experimentar una significativa disminución de 7,1 puntos porcentuales del PBI, pasando del 40,6% en 2023 al 33,5% en 2024.
Sin embargo, para concretar este ambicioso ajuste, se requiere de una disciplina fiscal rigurosa y una coyuntura económica favorable que sustente el esquema de crecimiento proyectado. Persisten dudas sobre la viabilidad de mantener un ritmo de crecimiento económico suficiente para absorber el incremento de gastos previstos sin afectar los servicios esenciales provistos por el Estado a una población en crecimiento.
Así, la motosierra fiscal proyecta un camino angosto, donde cada año cuenta en la tentativa de un ajuste que equilibrar los libros estatales y liberar recursos para eventualmente acelerar la expansión económica, sin afectar el bienestar social. Sea como fuere, el tiempo será el juez final de estas proyecciones.