2024-12-07

PATAGONIA REVITALIZÓ LA VIVIENDA DE UN PIONERO

Casa Frey: con las puertas abiertas a la comunidad y la naturaleza

Un local/museo que invita a viajar en el tiempo.

De vez en cuando suceden cosas que renuevan el tablero donde se desarrolla la partida de la vida.

Buenas y malas, claro.

Pero, en este caso, hablemos de las positivas.

Pueden ser transformaciones a gran escala, pequeñas o intermedias.

Lo importante es el efecto.

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En muchas ocasiones se escuchan comentarios acerca de que haría falta recordar más a los pioneros. O que es una pena cómo se fueron perdiendo construcciones de antaño en pos de una modernidad acelerada. O sobre la falta de visión ecológica de emprendimientos comerciales.

Y de pronto, una empresa compra una vivienda en el kilómetro 1,5 de la avenida Bustillo que perteneció a una persona cuyo nombre se une simbióticamente a Bariloche: el ingeniero, agrimensor y topógrafo Emilio Frey. Así, la restaura manteniendo no sólo el espíritu, sino la estructura, hasta transformarla en una especie de negocio/museo que evoca a la primera mitad del siglo XX en tierra patagónica.

Todo además, con una actitud que prioriza el amor por la naturaleza, desde el cuidado para que no se pierdan plantas únicas en la zona, hasta incluso diseñar un camino interno según el trayecto que proponían los propios árboles, para no tener que retirarlos.

En cuanto a lo comercial, aclaremos que no se trata de una empresa más, sino de Patagonia, marca que impulsa un modo de vida lejano al consumismo, cosa paradójica, dado que se trata de un negocio.

Juan Pablo Baliña, investigador que colaboró en la guía histórica del trabajo (foto: Matías Garay).

La firma se especializa en ropa y accesorios outdoor.

Los materiales que se utilizan tienden a privilegiar el cuidado ambiental (fueron pioneros en el uso de algodón orgánico, por ejemplo).

Promueven la longevidad de los productos, incluso impulsando el arreglo de prendas o la reinvención de otras mediante el reciclado, a través del programa Worn Wear.

Un croquis hecho por Emilio Frey convive con los productos de la firma (foto: Matías Garay)

Desde hace algo más de dos años, vía un fideicomiso, las ganancias son enteramente destinadas a la lucha contra el cambio climático.

“La Tierra es ahora nuestra única accionista”, sostuvo en ese momento el fundador de Patagonia, el estadounidense Yvon Chouinard

Los jardines de la casa (foto: Matías Garay).

En definitiva, esa perspectiva medioambiental se unió a la valoración de alguien que ayudó a que Bariloche sea Bariloche: Emilio Frey, topógrafo del perito Francisco Pascasio Moreno en sus expediciones para definir el límite con Chile, cofundador del Club Andino Bariloche y primer intendente del Parque Nacional Nahuel Huapi.

El intendente del Parque Nacional Nahuel Huapi, Dámaso Larraburu (foto: Facundo Pardo).

Precisamente, quien está a cargo de la Intendencia del parque en la actualidad, Dámaso Larraburu, destaca la relevancia de Frey en lo referido a las áreas naturales: “Fue un verdadero pionero en la exploración y estudio de la Patagonia. Su incansable labor, desde las comisiones exploratorias hasta su participación en la Comisión de Límites Argentino-Chilena, dirigida por Perito Moreno, desde 1895 a 1903, sentó las bases para la creación y conservación de nuestros parques nacionales”.

“Su legado como director del Parque Nacional del Sud, desde 1922, y como primer intendente del Parque Nacional Nahuel Huapi, en 1934, trasciende las fronteras de su profesión, convirtiéndolo en una figura fundamental de la historia de la conservación ambiental de nuestra región”, aprecia Larraburu.

El presidente del Club Andino Bariloche, Juan Pablo Ordoñez.

Por su parte, el presidente del Club Andino Bariloche, Juan Pablo Ordoñez, remarca que Frey, además de ser uno de los fundadores de la entidad, fue “su presidente durante treinta años”.

“La influencia sobre el Club ha sido fundamental y determinante”, indica.

De tal forma, señala que los valores que impulsan desde la institución fueron heredados en gran medida de lo que promovió Frey. En tal sentido, enumera: “El amor a la naturaleza, el espíritu audaz de los pioneros, la solidaridad, el trabajo en equipo, el compartir paisajes, la pasión por acercar la gente a la montaña y hacer la montaña más accesible a la gente”.

La naturaleza está presente en la Casa Frey incluso a través de libros (foto: Matías Garay).

“Creo que Yvon Chouinard, el fundador de la empresa Patagonia, y don Emilio, si hubieran coincidido en espacio y tiempo, hubiesen sido grandes amigos”, considera el presidente del Club Andino, para luego opinar: “Nos parece muy adecuada la decisión de la familia Frey de permitir a la empresa Patagonia integrar la Casa Frey a sus operaciones”.

Justamente, para la firma era importante hallar un sitio con una historia significativa.

El country manager de Patagonia Argentina, Agustín Fox, explica que les llevó dos años encontrar “el lugar ideal”.

El director de Patagonia Argentina, Agustín Fox (foto: Matías Garay).

“Buscábamos algo con lo que pudiéramos generar un regalo a la comunidad barilochense, con el impacto de la restauración, un espacio que tuviera que ver con lo que sentimos. Es decir, no levantar algo nuevo, sino poner en valor un sitio en particular, y nos inclinamos por este por la historia de Emilio, que, como nosotros, era un defensor de la naturaleza. Además, la casa nos encantó. ¡Y el jardín de Rosa! Parece un pequeño parque nacional en el centro barilochense”, dice el director de la firma, que, cuando habla de Rosa, se refiere a la esposa de Frey, Rosa Schumacher, quien, siguiendo la guía de su nombre, era una amante de las rosas y trajo semillas desde Europa que dieron vida a plantas que, en la región, sólo se pueden ver allí.

Orgullo por el trabajo hecho (foto: Matías Garay).

Agustín Fox es cocinero. Nació en Buenos Aires, vivió durante más de una década en Bariloche y en la actualidad reside en Las Pampas, zona rural de Chubut.

Hace quince años lo contrataron para un casamiento en Estados Unidos. Allá, en medio de una jornada de pesca, conoció al creador de Patagonia.

Yvon Chouinard lo invitó a su casa, fueron a pescar nuevamente… y Agustín también le preparó comida: “Le cociné un hongo gigante que encontramos en Yellowstone”, sonríe al evocar la situación.

Fox; detrás, el cartel de Patagonia (foto: Matías Garay).

Desde hace seis años, es formalmente el director de la firma en la Argentina. “La filosofía de Patagonia es la mía y la de todos los medioambientalistas patagónicos: trabajar mucho y pasarla bien; nos tomamos seriamente divertirnos”, afirma.

En cuanto a la Casa Frey, cuenta: “Estaba en muy buenas condiciones, con los cimientos originales. Tiene un sistema de ventilación subterráneo, sobre piedras, que la mantuvo seca. Sólo tuvimos que darle amor. La lijamos y la pintamos. Después debimos añadir las cuestiones que tienen que ver con la electricidad y la calefacción”.

Una visitante lee junto a plantas cuyas semillas fueron plantadas por Rosa Schumacher hace alrededor de cien años (foto: Matías Garay).

Los orígenes de la casa se remontan a la segunda década del siglo XX, cuando Emilio y Rosa compraron el lote 45 de la granja de la familia Runge, en la ladera del cerro que hoy lleva su nombre. 

Una vez que adquirieron la tierra, se contactaron con el constructor italiano Primo Capraro para que hiciera un “chalet”.

Junto a imágenes antiguas, los bastones de Frey (foto: Matías Garay).

El trabajo comenzó en 1916, en madera de ciprés y tejas de alerce.

Cuando las obras finalizaron, Los Cipreses –la ahora Casa Frey– destacaba entre las aproximadamente doscientas viviendas que, por aquel entonces, había en Bariloche. 

Fotos de época (foto: Matías Garay).

Agustín Fox detalla que a los descendientes de Emilio Frey “les encantó el proyecto de puesta en valor y restauración”. 

“Nos contaron detalles y nos dieron objetos relacionados con la familia… No dimos un paso sin consultarles”, expresa.

Así, en la casa se observan los bastones que utilizaba don Emilio, su piqueta, fotografías de época, croquis hechos a mano por él y un largo etcétera.

Una silla longeva (foto: Matías Garay).

De ese modo, los productos de Patagonia son exhibidos en el mobiliario original de la vivienda (en uno de los costados de un mueble que se utiliza como estantería, aún permanecen marcas juveniles de alguno de los niños que pasaron por la casa).

Y ciertas cosas revivieron con un uso diferente para el que habían sido creadas. Por ejemplo, puertas de roperos pasaron a las paredes de los probadores, colocadas de modo que el espejo interno quede a la vista, para así poder verse en ellos.

En la restauración trabajaron artesanos locales, que incluso se encargaron de detalles en sillas y mesas.

Puertas de ropero utilizadas para los espejos en los probadores (foto: Matías Garay).

Cada rincón convoca a un viaje en el tiempo.

Es la historia la que sirve de anfitriona en lo que ahora es el local/museo de Patagonia.

“La idea es que esta sea una casa de puertas abiertas, para que todos puedan disfrutarla”, sintetiza la marketplace experience manager, María Noguera, lo que sumado a la frase formada por letras de madera en el ingreso a la casa, no hace más que pensar que esta es una de esas veces donde, en el tablero de la vida, se hizo un buen movimiento: “Estamos en este negocio para salvar nuestro hogar, el planeta Tierra”, reza el cartel.

El plantel de Patagonia... ¡Hay equipo! (foto: Matías Garay).

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