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03/05/2026

Hotel Nevada: esencia barilochense en un establecimiento que se renovó por completo manteniendo la identidad

Una familia sinónimo de hotelería.
Un espacio tradicional de Bariloche se renovó para, sin olvidar su origen, brindar la mejor atención. Fotos: Eugenia Neme.
Un espacio tradicional de Bariloche se renovó para, sin olvidar su origen, brindar la mejor atención. Fotos: Eugenia Neme.

Adriana y Sandro Gressani, sentados en la confitería del hotel Nevada, deshilvanan la historia de ese establecimiento ubicado en Rolando entre Mitre y Moreno, sitio que ya es un emblema de la ciudad. 

Ambos, junto al tercer hermano, Gianni, conforman el directorio de la firma.

El hotel acaba de reabrir tras una transformación profunda. Es decir, no se trató de un cambio de fachada (precisamente, el frente debe haber sido lo único que no se tocó), sino de una gran inversión motivada en la idea de adecuarse a los tiempos actuales, pero sin perder la esencia.

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“Somos una empresa familiar, tercera generación”, dice Sandro, con orgullo. Y señala: “Nos propusimos continuar con el legado que comenzaron nuestros abuelos, la nona Italia y Noé de Barba, que llegaron de Europa”. 

Luego cuenta que su abuelo hacía ladrillos. “En cierto modo, lo trajo Primo Capraro, que buscaba mano de obra calificada en la construcción, para sus emprendimientos en Bariloche”, dice.

El nuevo lobby.

Sandro comenta que sus abuelos, en primer lugar, pusieron una pensión.

“Había una cancha de bochas y albergaban a los inmigrantes. Daban comida y alojamiento, aunque había poquitos cuartos”, detalla Adriana, y luego Sandro especifica que a partir de 1952 el lugar se transformó en un hotel propiamente dicho.

“Toda la familia lo atendía. Estaban mi madre, Elda —que hoy la tenemos en el cielo¬—, y sus dos hermanos, Enzo y Reinaldo. Ella había nacido acá; ellos, en Italia”, indica Sandro.

Luego cada uno de los hermanos siguió un camino propio, y así fueron varios los senderos emergentes en Bariloche vinculados a la hotelería.

Indicaciones de los diversos sectores en un hotel "nuevo".

Puntualmente, Elba y su marido, Enrico Gressani, dieron continuidad al Nevada, aunque con modificaciones.

“En los sesenta, mis padres comenzaron a transformarlo”, informa Sandro, quien detalla que decidieron brindar “mayores servicios”.

Luego, en 1989, se incorporaron habitaciones. De veintipico pasaron a ochenta.

De algún modo, el Nevada pasó a ser un hotel que, al nombrarlo, era como decir Bariloche. Una buena confitería, gastronomía de relieve, un gran salón de eventos… Todo confluía del mejor modo.

La mejor atención.

Los hijos de Elda y Enrico, más allá de que siempre habían estado ligados al hotel, comenzaron a tomar un mayor protagonismo. “Nos hicimos cargo desde el espacio que nos dieron nuestros padres”, cuenta Sandro.

Primero, los dos mayores, Sandro y Claudio (“Él ya no está con nosotros”, suspira Sandro, en referencia al hermano que falleció joven). Después, también tomaron protagonismo Adriana y Gianni.

Comodidad y belleza.

Y en lo que hace a los años recientes, Adriana, Gianni y Sandro, tras haber superado la etapa de la pandemia, cranearon una reforma para el establecimiento.

“Hace un tiempo, en vez de venderlo, decidimos remodelarlo íntegramente”, apunta Sandro, que reconoce que fue a él a quien se le cruzó la idea de ponerlo a la venta. “Había demanda de gente que quería comprar hotelería… Pero entonces Adriana dijo: ‘¿Y si en vez de venderlo lo remodelamos?’. Yo pensé: ‘Otra vez a cambiar el Nevada…’. Porque, sistemáticamente, cada cinco o diez años, fue transformándose. En definitiva, la idea de venderlo duró tres minutos. Y no me arrepiento de la decisión que tomamos, de remodelarlo y seguir”, sonríe.

Luminosidad.

Adriana ahonda: “Siempre estuvieron, en la estrategia de la empresa, la renovación y la actualización constantes. Hemos mutado muchas veces. Esta fue integral e importante. Pero siempre vamos en la búsqueda del servicio al huésped. Estamos en cada detalle, en una búsqueda permanente. Queremos que nuestro espacio ofrezca una estadía en todo su esplendor, confortable”.

Así, remarca que se piensa en cada tipo de visitante. Por ejemplo, aquel que se dedica a los negocios (la ubicación céntrica brinda grandes ventajas en ese punto), en las parejas y en las familias completas, incluyendo los niños. Precisamente, por estos días están trabajando en la incorporación de algunos juegos de mesa o similares para que los más chicos tengan su espacio de diversión.

Un espacio que une los dos cuerpos del hotel.

Adriana también recalca que el proceso de transformación alcanzó al logo, que, en cuanto al concepto, ha vuelto a remitir al de los comienzos.

Es decir, tras tener en una etapa precedente una letra “N”, vuelva a mostrar la fachada del hotel, como en 1952. Pero, en este caso, ya no la que ofrecía en la década del cincuenta, sino la que pasó a tener con una modificación que se llevó a cabo en 1993. “Mi padre era carpintero ebanista, y él tomó la decisión con el arquitecto Miguel Pertile. Hicimos, entonces, el proyecto de este frente característico de un hotel de montaña”, expresa Sandro, quien particulariza que la fachada tiene reminiscencias al norte de Italia en convergencia con lo austríaco. “El techo a dos aguas es propio de una ciudad de montaña”, apunta. Asimismo, destaca que esa primera visión que se tiene del establecimiento “es un sello”. Por eso, a su lado, Adriana sentencia: “La fachada es fundamental. Ni dudamos en que había que mantenerla”.

El logo.

Pero, así como el frente se mantuvo, el resto tuvo un cambio profundo, tal como especifica Sandro: “El hotel necesitaba un avance en tecnología y en infraestructura”. Y sonríe: “Lo dimos vuelta”.

“En esta nueva etapa, aggiornamos los servicios buscando la sustentabilidad de los recursos”, expone. De tal forma, hace hincapié en modificaciones que tienen que ver con la electricidad, el gas y el agua. 

“Usamos un sistema inteligente. Las calderas tienen salida de vapor. Eso se reabastece para los circuitos de calefacción. Y en cuanto al agua, está todo eficientemente buscado con medidores para que no haya exceso de consumo. Y, en lo que hace al gas, se colocaron equipos modernos, y pedimos menos consumo de metros cúbicos, porque, aun teniendo prácticamente la misma capacidad de ocupación, se consume menos”, añade.

Las habitaciones también se mejoraron.

Adriana, en tanto, al referirse a lo edilicio, comenta que, aunque se mantiene la posibilidad de albergar a la misma cantidad de gente (ciento setenta personas), ahora hay diez habitaciones menos, es decir, setenta en lugar de ochenta, porque veinte de las que había se transformaron en diez departamentos para cuatro personas. “Era una demanda que teníamos”, señala quien ocupa la gerencia operativa del hotel. De esa manera, el hotel ahora cuenta con habitaciones classics, superiores y los departamentos, además de cuartos adaptados para gente con discapacidad. Al respecto, Adriana recalca: “Eso es muy importante, porque en Bariloche generalmente no sucede. Pensando en pasajeros con alguna discapacidad, contamos con habitaciones con más metros cuadrados. Y en las áreas públicas, tenemos rampas y baños para huéspedes con discapacidad”.

“En una agencia de viajes justamente nos decían lo bueno que es poder contar con eso en un hotel tres estrellas”, indica.

Y, hablando de la categorización, Sandro subraya: “Nos gusta decir que somos Nevada, más allá de las estrellas, porque la categoría la pone el cliente”.

 

Para recalcar: los espacios destinados a personas con discapacidad.

En cuanto a la decisión de afrontar un cambio tan amplio como el que se ve que tuvo el hotel, él mismo pregunta: “¿Por qué hacemos esto?”, para enseguida brindar una explicación: “Primero, los tres hermanos somos hoteleros; segundo, porque queremos estar a la vanguardia”.

En tal sentido, recuerda que ellos también son propietarios de Alma del lago, un hotel cinco estrellas al que le va muy bien. Lo abrieron en enero de 2011. Si bien a los pocos meses llegó la ceniza proveniente del volcán Puyehue, con la paralización del turismo, lograron capear el temporal para transformarse en un establecimiento de referencia.  “Es un hotel que ha tenido una aceptación increíble en el mercado”, sostiene Sandro. Es decir, la vara de comparación, para el Nevada, era muy alta. Sin embargo, las reformas que llevaron a cabo permiten afirmar que, cada uno en su categoría, ambos establecimientos están en un nivel óptimo.

Pensando en todos.

Por otra parte, cuando surge en la conversación el nombre del cinco estrellas, Adriana retoma el tema de la atención a personas con discapacidad y suma: “Alma del lago, en 2011, ya contaba con habitaciones adaptadas y rampas. Y cuando hicimos las modificaciones en el Nevada quisimos que las personas en general pudieran tener acceso a todos los espacios del hotel”.

De esa manera, ya volviendo netamente al Nevada, Adriana hace hincapié en una decisión que tomaron a la hora de realizar los arreglos: “Esta renovación se hizo con proveedores locales. Trabajamos con una empresa constructora de Bariloche”.

Cada habitación invita al mejor descanso.

Asimismo, Sandro acentúa que mantuvieron a los empleados. “En los dos años exactos que el hotel estuvo cerrado, incluso dando licencias para estar en su casa, porque la obra no permitía que ellos puedan desempeñarse en su puesto de trabajo, se les abonó los sueldos”.

“A los temporarios también”, suma Adriana, quien, a la vez, pondera que “la remodelación optimizó los espacios de empleados y colaboradores; se incorporaron nuevos materiales, se cambiaron alfombras y se pusieron porcelanatos”, destacando así que “la transformación incluye, precisamente, optimizar los procesos de trabajo”.

Algunas habitaciones se transformaron en departamentos. 

“¿Por qué se tomó la decisión de mantener a los empleados y no indemnizar?”, se autopregunta Sandro, para después afirmar: “Porque es un equipo muy valioso”.

De ese modo, ambos especifican que varias de las personas que se desempeñan allí tienen muchos años de antigüedad. “Cuando hacemos reuniones de equipo, algunos se acuerdan de cosas de mi padre o de mi madre porque hay gente que, además de con nosotros, también se formó con ellos”, dice Adriana.

“Y, sobre todo, es gente que responde y que está con la camiseta del Nevada puesta”, agrega Sandro.

Lo mejor para un sueño placentero.

En lo referido al salón Arrayán, un espacio clásico del hotel, con una acústica privilegiada que impulsó, por ejemplo, el desembarco de la Filarmónica de Río Negro, ya que la agrupación, en su momento, escogió ese espacio para ensayar, Adriana anuncia que la intención es profundizar la realización de eventos: “Queremos ponerle más ímpetu y hacer allí diversas cosas”.

“Siempre hemos promocionado acontecimientos locales, ya que el hotel está muy arraigado en la ciudadanía de Bariloche”, completa Sandro.

El cuidado en cada detalle.

De tal forma, resaltan la importancia del legado hotelero. “Es muy raro que tres hijos sigan con el mismo negocio”, reflexiona Sandro, mientras que Adriana explica: “Los valores de nuestra empresa son confianza, honradez e identidad. Justamente, la identidad es muy importante. Estamos convencidos de lo que tenemos”.

Acerca de la relación familiar, teniendo en cuenta que comparten la firma, Sandro sonríe: “Discutimos, como buena empresa italiana, pero después todo llega a su curso de cordialidad y respeto. Hay un directorio conformado por tres hermanos, y está muy claro la visión y la misión que tenemos”. Igualmente, aclara: “Es una empresa familiar, pero la cuestión de los afectos familiares pasa por otro lugar. Por un lado, está lo profesional. Después, sí, nos juntamos a comer asado todos los domingos”. “O lasagna”, apostilla Adriana.

Clásico y moderno.

—¿Creen que sus hijos continuarán con el legado? —pregunta el periodista.

—Algunos sí —opina Sandro, y continúa: —De hecho, en este emprendimiento, es decir, en la reforma, participaron dos. En realidad, intervienen todos, porque opinan y están presentes, pero dos lo han hecho profesionalmente.

—O sea, imaginan un futuro de continuidad familiar —insiste el periodista. 

—Sí, sin duda —responde Sandro, y reconsidera: —Salvo que incorporáramos el hotel a una marca, pero, incluso en ese caso, la parte operativa igualmente la dirigiríamos nosotros, porque, en realidad, Nevada tiene su propia marca.

—¿Qué piensan que significa el hotel Nevada para la comunidad barilochense?

—Un hotel icónico que se ha ido renovando. Somos montaña. Si bien, en la actualidad, es un hotel con servicios modernos, sigue siendo de montaña. Soy esquiador, montañista, entiendo dónde vivo y lo sensible que son los recursos naturales —contesta Sandro.

—El hotel Nevada es Bariloche —sintetiza Adriana, añadiendo: —Y, algo no menor, somos una empresa que da puestos de trabajo.

El encanto de lo tradicional y un toque de modernidad.

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