CASA MARA, UN CLÁSICO DE LA CIUDAD
Cierra “la” mercería de Bariloche
Por estos días, el perfil de Casa Mara, en la esquina de Onelli y Albarracín, presenta señales que dan el indicio de que la mercería está por cerrar.
Más allá de la abundancia de carteles anunciando descuentos, que simplemente podrían apuntar a una liquidación por cambio de temporada o algo así, el inequívoco cartel que notifica la venta del fondo de comercio es un signo claro de que el fin del negocio está cerca.

Ofertas.
Su propietaria, Gabriela Brandstatter, confirma que las persianas se encuentran próximas a bajar de forma definitiva.
La cuestión no responde a ningún acontecimiento puntual, sino, simplemente, a una decisión vinculada a un sentimiento propio: “Se trata de una etapa cumplida”, indica Gabriela, quien recuerda que el negocio nació en agosto de 1982, de la mano de sus padres, Matilde y Jorge.
El espacio actual, en aquel momento, estaba dividido en tres locales, y el matrimonio comenzó con el emprendimiento en el de la esquina propiamente dicha.

En Mara siempre se consiguió de todo.
En un principio, se abarcaron varios rubros. “Había perfumería, lencería, marroquinería, moda… Incluso se llegaron a vender juguetes y calzado”, rememora Gabriela, quien destaca que “muchas mujeres compraron en Mara sus vestidos de quince y de novia, con todos los accesorios”.
La mujer no recuerda la fecha precisa, pero señala que se hizo cargo del lugar hace veintitantos años.
Apunta que durante un tiempo un hermano compartió la aventura, pero que luego él se dio cuenta de que eso no era lo suyo y siguió otro camino.
Dice que el recorte más fuerte en cuanto los rubros trabajados se dio durante la pandemia y, en ese sentido, comenta que “aquello que tenía que ver con moda implicaba viajar a Buenos Aires para elegir las cosas y hacer los pedidos”, algo que en ese momento no era posible llevar a cabo.
“Durante el último tramo, me enfoqué a lo que es lencería y mercería, y dejé también algunas cosas de marroquinería”, cuenta.

Gabriela y una mezcla de sensaciones.
Pero, más allá de los cambios que implicó la llegada del covid, lo cierto es que la idea de cerrar ya hacía un tiempo que le venía dando vueltas en la cabeza.
La cuestión se vinculaba a lo personal, a no querer destinarle más tiempo al lugar. “A un comercio hay que dedicarle mucho para que funcione. No se trata sólo de atender el mostrador. Está la reposición de mercadería, el cumplir con los proveedores, la carga fiscal… A lo largo de estos cuarenta y dos años, pasamos por todo tipo de economías”, manifiesta.

Ir a "la" mercería de Bariloche, una costumbre de varias generaciones.
En cuanto a la razón por la que los barilochenses consideran que Casa Mara (cuyo nombre refiere a la liebre patagónica) es “la” mercería de la ciudad, analiza: “Son muchos años, y pasamos por varias generaciones. Tratamos siempre de tener una cercanía con el cliente, de intentar solucionarle los problemas; incluso, si no tenemos lo que busca, recomendamos otro sitio donde quizá lo consiga. Ese tipo de cosas se valora”.

En Casa Mara, siempre hay que sacar número, porque la concurrencia es mucha.
Ante la decisión inclaudicable de cerrar, Gabriela reconoce que son días complicados, donde aflora la sensibilidad a cada rato. “La gente viene y recuerda cosas, agradece… Todo eso moviliza”, aprecia.

Empleada y dueña, en una relación casi de familia.
La dueña de Casa Mara recalca el rol de la empleada “histórica” del lugar, Eliana Flores, que trabaja allí desde que la mercería abrió sus puertas. “Conoce el talle y el gusto de todos”, comenta.
“Este es un negocio espectacular; fue mi primer y único trabajo”, dice justamente Eliana, quien desde hace dos años lleva adelante, de manera paralela a su labor allí, un emprendimiento junto a sus hijas, María José y María Belén –una de las cuales también se desempeña en Mara–, con un negocio ubicado a un par de cuadras, en Onelli 971.

Eliana.
¿Y en qué rubro se enmarca la propuesta? ¡Mercería y lencería!
De algún modo, entonces, Eliana y sus hijas continuarán con el legado comercial.

Siete lunas, una nueva mercería.
El proyecto se llama Siete lunas, denominación que tiene que ver con la fascinación de Eliana con ese número, al que relaciona con acontecimientos importantes de su vida.

Gabriela, en su rol de vendedora.
Gabriela, en tanto, informa que las puertas de Casa Mara se cerrarán para siempre en algún momento entre Navidad y Año Nuevo.

Botones... algo sencillo pero necesario, una de las tantas cosas que la gente de Bariloche se acostumbró a ir a buscar a Casa Mara.