2024-10-18

UN CINEASTA CON UNA HISTORIA PARTICULAR

Barco hundido en el Nahuel Huapi: la emotiva historia del hijo que cumplió el sueño del padre

“Lo que una persona no descubra, otra lo hará."

Jacques-Yves Cousteau

 

“Tengo cuarenta y un años y nací en Bariloche, soy nyc (nacido y criado)”, sonríe Nicolás Mazzola, director de la película en desarrollo La búsqueda del Helvecia, un documental que gira en torno al hallazgo de una embarcación sumergida en el lago Nahuel Huapi que, durante más de cien años, rumió un sueño mudo sin que nadie la encontrara.

Foto: Eugenia Neme.

De por sí, el hecho de que en Bariloche se haya podido dar con un barco sumergido tanto tiempo atrás –así como que el recorrido de la investigación se registrara para su edición visual– conforma un hecho significativo.

Pero, además, si a ese núcleo potencial se le suma una historia familiar que se entremezcla con la búsqueda, donde un hijo hace carne la ilusión del padre –quien falleció y no pudo observar los resultados–, todo toma un matiz distinto, donde entra a jugar lo emotivo.

Foto: Eugenia Neme.

“Nací en una familia de buceadores; la mayor parte del tiempo la pasaba en el agua. Mi viejo, Juan Carlos Mazzola, fue un pionero de la actividad en la zona”, dice Nicolás, quien, al referirse a su padre, detalla: “Era originario de La Plata, y cuando se radicó en Bariloche, en la década del ochenta, dio clases en el Industrial. Luego fundó una escuela de buceo”.

El director recalca que, en las charlas que solía presenciar de su padre con otros amantes de la sumersión, era común que apareciera el tema del Helvecia, el barco desaparecido en 1906.

En los momentos libres, ir a bucear en busca de esa nave era "un plan" que Juan Carlos compartía con sus hijos (Nicolás tiene un hermano menor, Luciano).

Imagen gentileza de Nicolás Mazzola.

Tras el fallecimiento del papá, el 20 de marzo de 2018, Nicolás, de algún modo, buscó eternizar la utopía paterna al proseguir con la búsqueda, pero, además, uniéndose al abogado –y también buzo– Pablo Sigüenza, amigo de la familia, nació la idea de contar, en una película, la historia de aquella embarcación.

A ellos se les sumó el explorador cordobés Lucas Bonfanti.

Así, surgió un grupo investigativo de tres cabezas.

Imagen gentileza de Nicolás Mazzola.

Cabe destacar que el fallecimiento del papá provocó en Nicolás una especie de intención de proceder “en el nombre del padre”. Algo se revolvió en su interior. Había partido primero a La Plata, para estudiar cine, y luego a Buenos Aires, por razones laborales (era director de cámaras en América). La muerte de Juan Carlos sirvió como disparador del retorno. “Mis raíces están en el agua”, afirma Nicolás.

Y el Helvecia, en cierta manera, era el fantasma del papá… Pero estaba la esperanza de que esa sombra se transformara en algo palpable y, de esa forma, poder iluminar el espíritu paterno.

Nicolás, Pablo Sigüenza y Lucas Bonfanti husmearon en diversos registros.

Fueron tras noticias viejas en hemerotecas, husmearon en actas de defunción y otros documentos.

Foto: Eugenia Neme.

Los comentarios que habían vencido al tiempo eran confusos.

Se hablaba de una embarcación con tripulantes ebrios que perdieron el control. También se mencionaba una explosión. Asimismo, las zonas donde se ubicaba el accidente variaban.

Era un rompecabezas donde varias de las piezas que aparecían resultaban falsas.

“Ni siquiera se sabía la fecha en que se había hundido, que fue el 31 de diciembre de 1906”, apunta Nicolás.

Foto: Eugenia Neme.

Puestos a ver cómo podrían dar con el barco, en la Universidad del Comahue les prestaron equipos para mejorar la búsqueda. Con el equipamiento, un sonar de barrido lateral, registraron en el lago “una imagen fantasma”.

Por aquellos días, Lucas Bonfanti escuchó a un investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet), Gustavo Villarosa, hablando del lagomoto de 1960. De esa forma, surgieron más dudas: ¿aquel movimiento brusco del agua habría provocado que el barco quedara bajo sedimentos? o ¿se habría destruido?

Precisamente, para un estudio sobre el lagomoto, en el Conicet habían hecho una especie de mapeo submarino, con batimetrías, es decir, las irregularidades en el fondo lacustre.

Imagen gentileza de Nicolás Mazzola.

Nicolás y sus compañeros avanzaron a partir de eso, uniéndolo a los datos recabados con anterioridad, y surgieron diversos puntos como posibilidades.

A todo esto, descubrieron que el Helvecia había sido construido en Glasgow, Escocia. Nicolás cuenta que la nave se encontraba en Neuquén y, desde allí, una empresa la trajo a Bariloche para destinarla a acciones vinculadas al transporte de madera. Después, acá, fue adquirida por la Sociedad Comercial y Ganadera Chile-Argentina, que usualmente la utilizaba para llevar valijas desde Puerto Blest a Puerto San Carlos. Luego volvieron a la madera, que era para el uso que había sido pensado el barco.

Imagen gentileza de Nicolás Mazzola.

“Los tripulantes, en su mayoría, eran chilenos”, aprecia Nicolás, quien afirma que, sobre diversas cuestiones, todavía ronda un halo de misterio. Por ejemplo, cuenta que no se sabe a ciencia cierta quién era el capitán de la nave (quizá Nicolás Márquez, pero no hay registros oficiales al respecto). En el tramo investigativo de la producción, llegaron a descubrir que crónicas de la época mencionaban que “el capitán, aquella vez, había dado parte de enfermo”. De tal manera, “habría quedado a cargo, por subrogación, Santiago Pacheco”, quien había llegado de Chile pero vivía en Bariloche.

“Además, en los registros históricos, es muy difícil encontrar la palabra Helvecia”, añade Nicolás.

Imagen gentileza de Nicolás Mazzola.

En cualquier caso, se sabe que hubo seis víctimas, pero solo tres cuerpos fueron hallados. Incluso está la posibilidad de que los que aún permanecen desaparecidos todavía estén dentro del barco.

Cuando finalmente, en diciembre del año pasado, dieron con la embarcación, no ingresaron en ella, así que desconocen si hay restos humanos dentro. “No tocamos nada, no entramos por una cuestión de prevención… Eso es una cápsula del tiempo”, señala Nicolás.

Imagen gentileza de Nicolás Mazzola.

Su papá, en su momento, siguiendo una corazonada, se acercó a la zona donde finalmente el barco fue encontrado. “Había pasado a veinte metros, pero, por la profundidad y la manera en que la luz cae, puede pasarse por al lado sin verlo”, explica el director.

Cuando finalmente Nicolás, gracias a todos los datos cruzados, incluyendo el aporte que se hizo desde Conicet, se topó con el barco, se percató de que estaba intacto, con lo que la teoría de la explosión se evaporó. Para él, simplemente le ingresó agua y se fue a pique.

Imagen gentileza de Nicolás Mazzola.

Dice que, una vez que notaron la presencia bajo superficie de un barco, vía una cámara de deriva (suministrada por le empresa Pancora Robótica Submarina), se sumergió junto a Lucas Bonfanti, y al llegar al sitio en cuestión, desde las sombras, vieron cómo se “formaba” la silueta del Helvecia. Para ejemplificar visualmente lo que observaron, el cineasta recurre a una imagen de una película ochentosa, Los Goonies, en el momento que, en el film, se encuentra una embarcación pirata.

Aunque no puede brindar la posición en que se encuentra la nave, por un tema de cuidado con respecto a la misma, Nicolás apunta que se halla “en una profundidad avanzada, de entre treinta y cuarenta metros, y no está cerca de la costa”. Además, explica que “no hay un punto de referencia fijo; para llegar, deben tenerse las coordenadas precisas”.

Foto: Eugenia Neme.

Quizá, para él, lo más importante de haber podido estar frente al Helvecia tenga que ver con el factor humano. “Cuando estuve ahí, lo vi a mi viejo. Toda la vida había hablado de eso con él y, de pronto, el barco se materializó. Me llené de emoción”, suspira, con los ojos húmedos.

Su hermano Luciano, tras la muerte del papá, fue a vivir a Nueva Zelanda, donde sigue practicando buceo. En aquella parte el mundo, al enterarse, también sintió una vibración especial.

Lo mismo pasó en Bariloche con la mamá de ambos, Nuncia, docente jubilada.

Todos vivieron una especie de cierre de círculo.

Aunque todavía falta algo… terminar la película, la opera prima de Nicolás.

Resta muy poco, quizá dos semanas de rodaje.

Pero necesita financiación.

En eso anda.

Por lo pronto, lo más importante está.

El barco.

El Helvecia dijo presente.

Nicolás, de pequeño, junto a su padre y su hermano menor (foto gentileza de Nicolás Mazzola).

Nicolás, de pequeño, veía los documentales de Jacques-Yves Cousteau y jugaba a ser el oceanógrafo francés. Ahora sigue jugando bajo el agua, pero, más allá de las influencias, en el juego de la vida se personifica a sí mismo… Y se dio el lujo de poder cumplir el sueño que alguna vez tuvo su papá.

 

“Las misiones imposibles son las únicas que tienen éxito.”

Jacques-Yves Cousteau

Te puede interesar