EDGARDO LANFRÉ
Un barilochense hizo el Cruce de los Andes rememorando al general San Martín
Edgardo Lanfré, artista barilochense, decidió ir tras los pasos del general José de San Martín, cruzó los Andes a caballo intentando comprender la enormidad de aquella hazaña.
Una experiencia inolvidable y cargada de emociones, que compartió con El Cordillerano en su regreso a Mendoza. “Estoy valorando las cosas simples tales como encontrarte con una ducha y un colchón después de 8 días” comenzó diciendo.
Ariel Asuad, reconocido vecino de nuestra ciudad fue quien le habló de esta aventura ya que la había realizado el año pasado. “Me contó sus vivencias, me mostró fotos y me pasó los contactos para que pudiera hacerla”.
Comenzó la travesía el 5 de febrero. “Nosotros salimos desde Barrial en San Juan, lugar por el que cruzó San Martín quien iba en una de las seis columnas”. En el Valle de los Patos están todavía los corrales de piedra que construyó la gente que iba con el general para guardar los animales”.
“Inclusive hay un lugar donde están las trincheras que utilizaban para espiar a ver si se acercaba el enemigo, un morro en el cual es inevitable pensar que ahí estuvieron ellos tantos años atrás”.
“La hicimos justo en la fecha en la que pasó ese Ejército, un plus a nuestras emociones porque vas a caballo o en mula y pisando los desfiladeros pensás en lo que deben haber sentido ellos al pasar por ahí”, detalló.
Habló del terreno: “Hay senderos que son muy vertiginosos, una huellita por la falda de la montaña al borde de un precipicio, el punto más alto por el que pasamos está a casi 5 mil metros de altura”. Un lugar que se llama El Espinacito “de ahí bajamos al Valle de los Patos y luego a otro que se llama Hermoso y ahí ya nos acercamos al hito de la frontera con Chile”.
Hasta allí llegaron para comenzar a regresar por otros caminos hacia Argentina.
Lanfré habló de la rutina diaria de recorrido y descanso. “Salimos de Las Hornillas, allí fue donde se cocinaron más de 400 vacunos para hacer el charqui para los soldados”.
“A partir de ahí comenzamos a subir haciendo marchas de 4 o 6 horas y un par de 11 horas, esas últimas fueron densas, yo hago un poco de ejercicio físico y además, unos días antes de salir estuve andando a caballo para acostumbrar el cuerpo”, contó.
“El caballo no va al galope ni al trote, es todo tranco, tuvimos que llevar mucha ropa porque pasas por un vallecito soleado y de repente desembocás en una olla de la montaña y el frío y el viento que te obligan a usar antiparras y abrigarte mucho.”
“Las noches fueron muy frías, llegábamos tipo cuatro o cinco de la tarde a un lugar y armábamos campamento, a comer y dormir, no hay muchos lugares donde quedarse porque es todo piedra”, describió.
Lafré integró una caravana de 22 personas, contando con un historiador y liderada por un grupo de arrieros, "los baqueanos que nos iban esperando con la comida y atendiendo a los animales”.
Al mediodía comían una vianda y por las noches algún guiso, luego disfrutaban del fogón comunitario donde se contaban vivencias. Obviamente que una de las mulas, además de llevar parte de la carga, transportó la guitarra de Edgardo, quien regaló su música en cada sobremesa nocturna.
“Incluso cantamos el Himno Nacional todos juntos, la verdad es que vivimos momentos de gran emoción”, comentó.
“Más allá de ser una excursión de turismo aventura, lo tomé con un sentido patriótico, pisando las mismas huellas de aquellos militares, incluso hay una piedra muy particular en la cresta de un cerrito, como tallada por el viento y en ese lugar te lo imaginás a San Martín mirando la caravana porque no hay otro lugar por donde pasar en ese sector”.
“Imaginar toda la logística que utilizaron es alucinante, dos mil o tres mil hombres, mulas cargadas y sin contar con toda la indumentaria o equipos de la actualidad”, explicó.
Este lunes 12 de febrero regresaron a Mendoza, puesto que volvieron por otro recorrido.
“Más allá de lo histórico a nivel personal es muy fuerte, ante esas montañas tomás consciencia de lo que somos frente al Universo” reflexionó.
“Arriba en un sector pasamos por parte del recorrido que hizo la caravana del general Soler, hay una frase que se le atribuye a San Martín y dice que una victoria aún mucho más importante que la que uno puede tener sobre el enemigo, es la que uno tiene sobre sí mismo”, rememoró.
“Recrear lo que pasó hace más de 200 años es terrible, ellos llegaban con todo el cansancio del Cruce de los Andes a librar una batalla, hicieron todo el camino sin saber con qué se iban a encontrar y no teniendo ninguna certeza del regreso con vida”, valoró.