CON CERO GRADOS DE TEMPERATURA
Escalaron el Lanín solo en short y calzado para desafiar el frío
Que deportistas decidan hacer cumbre en el volcán Lanín ya no es noticia, pero sí que lo hagan “en cuero” para desafiar el frío.
Lo hicieron para poner en práctica el Método Wim Hof, que busca nuevas experiencias a nivel físico y mental enfrentando el frío, ya sea sumergiéndose en aguas con hielo o, como en este caso, exponiendo el cuerpo a bajas temperaturas.
El único instructor certificado en la región de Neuquén es Federico Gerlero, quien esta vez rompió un nuevo récord contra el frio. Luego de sumergirse en piletas llenas de hielo y de meterse en lagos congelados, esta vez eligió escalar el Volcán Lanín prácticamente sin ropa.
Gerlero alcanzó los 3.200 metros de altura junto a su amigo, montañista y coordinador de actividades del Método, Matías Metzger. Ambos hicieron cumbre luego de escalar durante 7 horas y media, vestidos únicamente con shorts y botas.
Estas prácticas de someterse a las bajas temperaturas, buscan que el cuerpo y la mente puedan alcanzar un estado óptimo. Se trata de un reconectar con uno mismo, con otros y con la naturaleza.
"Practicándolo de forma correcta y consistente, este método aporta un amplio rango de beneficios para la salud, incluyendo mejor inmunidad, incremento de energía y mejor estado de ánimo, reducción en niveles de estrés, mayor rendimiento y mejora en la calidad de sueño. Sobre todo, te sentirás más feliz, más fuerte y más saludable", aseguró Gerlero a LMNeuquén.
El deportista comenzó a compartir la práctica de este método en Neuquén, donde propone ejercicios de exposición al frío y trabajo de fortalecimiento mental hace un año. Desde entonces, cerca de 350 personas de Neuquén y el Alto Valle se acercaron, ya sea para sumergirse en agua helada o también para participar de retiros donde se meten en los lagos congelados de Caviahue, Primeros Pinos y Bariloche.
Esta vez el instructor se puso una nueva meta. "Hace muchos años que vengo haciendo montaña, ya había subido al Lanín en tres oportunidades y había hecho cumbre. Y con un amigo con el que comparto estas aventuras pensamos en hacer algo distinto, y salió la combinación del montañismo con la práctica del método. Y así salió subir pero sin remera, solo con pantalón corto, sabiendo que iban a ser varias horas con frio y viento", relató.
El ascenso al Lanín de estos dos deportistas neuquinos comenzó a la 1 de la madrugada, ahí la temperatura marcaba 12 grados. Ya alrededor de 4 había bajado a 5 grados, y la parte más fría de este desafío fue cerca del amanecer, a los 3.200 metros de altura, cuando el termómetro marcó 0 grados.
En esta prueba, lo más duro, según comentó el deportista, era la cantidad de horas que iban a soportar el frio de la montaña. Si bien tenían la mente puesta en lograr su meta, ambos llevaron en sus mochilas ropa de abrigo por si no podían lograrlo. "No fuimos con la idea de matarnos en la montaña, sí de tolerar esa incomodidad que la mente a veces nos pone", aclaró.
Alcanzaron la cumbre en 7 horas y media, llegaron a las 8.30 de la mañana del domingo 21 de enero. Caminaron toda la noche, con todo el equipamiento que se exige para ascender, linternas, baterías de recambio, radio, cascos, grampones, piquetas.
"La gran diferencia en este desafío contra los anteriores fue la duración de la actividad y saber que estás en un lugar donde no tenés control. Cuando estamos en una pileta de hielo estás cómodo, sabés que es un lugar cuidado, en cambio, acá en la montaña era un lugar inhóspito, con viento, frio, rocas cayéndose. No te podés descuidar, tenés que estar atento a la gente alrededor, a que no te caigan piedras", describió el deportista.
Para los practicantes de este método someterse a las bajas temperaturas facilita conectarse con lo que les pasa. "Con nosotros y con nuestro propósito", dijo Gerlerlo. "¿Cuál es el propósito de sumergirse en una pileta del hielo? Salir de nuestra zona de confort, desafiarnos y poder superar límites", explicó.
Aquella noche de escalada en cuero, los deportistas recibieron varios gritos de las personas que se cruzaron, quienes llegaron hasta llamarlos "Tarzán". "Teníamos frio, claro. Pero el frío te ayuda al trabajo mental", aclaró.
"Yo bajé de la montaña con una fortaleza muy distinta, con una confianza superior a la que tenía cuando empecé a subir. Y realmente ese reconocimiento y esas ganas de seguir adelante son inmensas", afirmó el hombre de 32 años, quien cumplió este desafío junto a su compañero de 37.
Este último desafío se convertirá en pocos días en un entrenamiento para Gerlero, quien está rumbo a Polonia donde realizará el siguiente nivel del instructorado del Método Wim Hof. Allí escalará, también en cuero, diferentes montañas de Europa en pleno invierno. "Siento que parte de mi misión no es solo desafiarme, sino compartirlo con más personas", contó.