2024-01-14

LA SABIDURÍA POPULAR LE ATRIBUYE CARÁCTER DE AUGURIO

Hay que prestar atención al canto de chucao

No siempre quiere decir lo mismo, según de dónde provenga o qué sonido emita. El ave vive sobre todo en Chile, pero también entre Neuquén y Chubut del lado argentino.

Todavía puede escucharse a lo lejos en algunos de los barrios que lindan o se extienden hacia el cerro Otto, pero es más posible percibir sus expresiones al caminar por el bosque. Es bastante más fácil reconocer su presencia por sus sonidos que verlo, porque es más bien pequeño y escurridizo. No obstante, los encuentros pueden darse si se observa con detenimiento y sin hacer aspavientos en las profundidades verdes que rodean Bariloche.

Ahora, hay que prestar atención al canto del chucao. Es hermoso en sí mismo, pero para ciertas tradiciones populares no se trata solamente de una manifestación de la naturaleza. Los sonidos que emite la pequeña ave tienen significados que la gente haría bien en conocer porque se les atribuye carácter de augurio. En ciertas circunstancias y posiciones, benéficos. En otras, no tanto.

En “El libro de la mitología. Historias, leyendas y creencias mágicas obtenidas de la tradición oral” (1998) se dan algunas pistas. Se trata de una obra escrita en Chiloé por Renato Cárdenas Álvarez, historiador y recopilador que falleció dos años atrás. No obstante, el área de distribución del chucao supera el célebre archipiélago en incluye áreas cordilleranas de la jurisdicción argentina, como Bariloche.

La síntesis de Cárdenas define al chucao como “avecilla del interior del bosque, del tamaño de un zorzal, de color café” y “con zonas que derivan hacia el rojo”. Precisamente, “sus cantos son penetrantes y según las modulaciones que adquieren -huitreu y chudec- el viajero interpreta el augurio que ellos contienen. También se cree que, si canta a la derecha, el viaje será benéfico”, pero no así si lo hace por siniestra”.

El recopilador se remontó a la historia remota de las creencias populares. “En los antiguos matrimonios que se iniciaban con el rapto de la novia, la pareja sólo regresaba del monte una vez que el chucao les daba la buenaventura”. Desde una perspectiva climática, “cuando el chucao grita incansable y fastidioso es porque viene lluvia y temporal. Pero también acompaña y ayuda al que busca animales extraviados en el monte”.

Para último en el aporte de Cárdenas, “hacer chucao es demorarse en una diligencia o hacer venado”. Otras fuentes coinciden y añaden perspectivas: “en la creencia popular, su grito anuncia la suerte de quien lo escuche”, entonces, “para algunos el oírlo a la derecha es señal de buena suerte y oírlo a la izquierda una mala señal”. En tanto, “para otros anuncia mala suerte oír el grito habitual (huitreu o huirothroy) y un buen augurio si se oye el grito menos frecuente (chudec)”.

Más allá de esas interpretaciones, vendrá bien saber que el chucao es una especie endémica de los bosques templados del centro-sur de Chile y de áreas cercanas de la Argentina. En el primero de los países, está presente desde el Biobío hasta Aysén y en el segundo, desde Neuquén hasta el sur de Chubut. En la célebre isla Mocha (Chile) existe una subespecie, el chucao de la Mocha, que se caracteriza por ser un poco más grande.

En particular, habita en las partes más densas y húmedas de los bosques subantárticos, en la llamada selva valdiviana. Es localmente común en el suelo o cerca de bosques que presentan sobre todo fagáceas, como la lenga, el raulí, el ñire, el coihue y demás, hasta los 1.500 metros sobre el nivel del mar. ​Mide entre 18 y 19 centímetros m de longitud aproximadamente. En el lomo tiene un color pardo rojizo.

El chucao vive en el sotobosque y cuando quiere desplazarse, camina o da saltos con su larga cola en alto. También puede emprender vuelos muy cortos y raramente sale a los bordes del bosque, de ahí que no sea tan fácil verlo. Es omnívoro, se alimenta sobre todo de insectos, pero también de frutos carnosos. Nidifica cuando el suelo todavía está húmedo y fangoso por las lluvias invernales.

Construye su hogar en una cueva que cava en el suelo, en alguna barranca o ladera escarpada con mucha vegetación. Pone de 2 a 3 huevos blancos de tamaño relativamente grande en relación con el suyo. Es durante la temporada reproductiva que se escucha su canto, justo cuando menos se deja ver. Es resonante, alto y abrupto. Seguramente, no esté pensando en la suerte de las personas humanas que puedan escucharlo, sin en dar con otro u otra chucao.

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