OTRA ESPECIE INTRODUCIDA QUE HACE ESTRAGOS
¿Cuál es el predador oportunista y carroñero que aguarda la llegada del verano?
Está entre nosotros y nosotras desde la década de 1980 y parece muy difícil de controlar. Su presencia puede ir de la mera molestia hasta causar la muerte en seres humanos. Genera inconvenientes en el turismo y en otras actividades.
Su lugar de origen es el Mediterráneo, pero llegó a la Patagonia hace unos 40 años. A diferencia del ciervo colorado o el jabalí, no fue intención humana que se desparramara por cerros, costas lacustres, cañadones y menos aún, ciudades. Pero como sucede con cualquier especie introducida, si se adapta se convierte en plaga y genera estragos. Hasta la muerte de seres humanos puede provocar y muy probablemente, no haya forma de erradicarla.
Usualmente se la conoce como avispa alemana, pero para nosotros y nosotras, es la chaqueta amarilla. Se la caracteriza como un predador oportunista y carroñero, que posee una amplia dieta que varía de acuerdo con los requerimientos del nido. Mientras se aboca a su construcción o en períodos de bajas temperaturas, su dieta consiste principalmente en carbohidratos, pero por aquí, sólo volvemos a verlas en primavera.
Las chaquetas amarillas consumen proteínas desde artrópodos que pueden cazar vivos, como moscas, mosquitos u orugas, pero también desde carroña. Como bien sabemos, hacer un asado al aire libre en febrero o marzo implicará que se sientan invitadas sin que medie convite alguno. Más codician la carne cuando las obreras deben alimentar a las larvas y crías. Las bajas temperaturas por las noches del verano no es molestia significativa.
Además del sur de Chile y la Argentina, la chaqueta amarilla invadió con éxito el oriente de Estados Unidos, el sur de Australia y Nueva Zelanda. En general, donde proliferó en un ambiente, se considera plaga para diferentes actividades como la agricultura, la ganadería, la apicultura y el turismo. Su éxito invasivo tal vez se explique “por su gran adaptación a distintas situaciones del medio ambiente y por no poseer enemigos naturales”.
Todos y todas por aquí la conocemos, pero quizá no sepamos que sus patas amarillas se pliegan al volar. Sus antenas de color negro constan de 12 o 13 segmentos según el sexo y casi no tiene pelos en sus patas o cuerpo. Éste se divide en cabeza, tórax y un abdomen abultado, donde están sus características bandas amarillas y negras. También sale de aquí su molesto aguijón, que cuando pica inocula un veneno de muy alta toxicidad. En los seres humanos, puede producir desde una leve hinchazón hasta un shock anafiláctico.
A diferencia de la abeja de la miel, que tiene un aguijón con la así llamada rebarba, las chaquetas amarillas poseen uno liso que no pierden al momento de picar. Entonces, puede atacar varias veces a su víctima sin sufrir herida alguna. Además, tiene un aparato masticador con mandíbulas de gran poder triturador. De ahí que, además de picar es muy común que muerdan.
Como bien sabemos, la especie puede causar molestias y problemas a personas, animales e inclusive, alterar cosechas. Aunque no posee un comportamiento agresivo hacia el ser humano puede atacar si siente que la molestan. Por el contrario, sí es agresiva con los animales e insectos sobre los que preda, como las abejas, situación que afecta a la apicultura. También puede convertirse en un problema para la fruticultura por su afición a los azúcares, en particular durante el otoño.
La sociedad de las chaquetas amarillas está muy organizada. Sus colonias presentan diferentes castas -no es una alusión a la política argentina-, con la presencia de reina, obreras y zánganos. Los últimos son machos. Generalmente, la reina se encarga de poner los huevos y de regular las actividades de la colonia. En tanto, un conjunto de obreras se aboca a la recolección de alimentos y al mantenimiento del nido. Algunos zánganos, cuya función es meramente reproductiva, aparecen al final de la temporada.
Después del invierno, las reinas que hibernaron comienzan a construir el nido en sitios secos y protegidos. Solamente durante este período es posible verlas, de ahí que sea un momento clave para su eliminación. En áreas como Bariloche, se suelen ubicar en cavidades de paredes, espacios entre techos o tanques, entre otros espacios. Las colonias se inician en primavera y la reina se encarga de todo hasta que nacen las primeras obreras.
Éstas continúan con la construcción del nido, su mantenimiento y su defensa. También forma parte de sus tareas la provisión de alimentos a larvas y reina. Hacia el final del verano, la última comienza a producir los individuos reproductivos, es decir, zánganos y futuras reinas, que se van del nido para reproducirse. Otro momento clave… Luego, las nuevas monarcas buscan un lugar propicio para hibernar hasta la primavera siguiente, mientras que las obreras y los zánganos mueren de a poco. Cuando el frío afloja, vuelta a empezar para meses más tarde, renovar la pesadilla de las y los barilochenses.