BOSQUE, MONTAÑA, LUNA LLENA Y CELLO
Ana Verena Díaz toca Bach y Glass en el refugio Berghoff
La joven barilochense que se desempeña en la Filarmónica de Buenos Aires, se tomó la libertad de elegir repertorio para una inusual presentación en esta ciudad. Notables precisiones conceptuales.
La interrelación puede ser sublime: la atmósfera del refugio Berghoff, la Luna Llena y la música que propondrá la jovencísima Ana Verena Díaz, sola con su cello. Cita tan particular será parte del ciclo “Sturm und Drang”, tal vez uno de los más veteranos de Bariloche. Se pactó para el próximo sábado (28 de octubre) a las 19 y sería pertinente reservar al 2944 322182. Ana tocará obras de Juan Sebastián Bach y de Philipp Glass.
Chicos y chicas crecen y dieron comienzo a su propio recorrido, ya que la protagonista de la noche es hija de Diego Díaz e Irene Schulz, el primero sinónimo de formación musical académica en Bariloche. “Arranqué a estudiar cello allá con mi papá. Empecé a los 11 años y estuve tocando en Cofradía, tanto en la orquesta como en grupos de cámara y clases particulares. Después, me vine a estudiar a Buenos Aires, estuve en la Orquesta Juvenil José de San Martín y estudié en la Universidad Nacional de Artes”, introdujo la música en charla con El Cordillerano.
El camino continuó “en el Instituto Superior de Artes del Teatro Colón, donde terminé los dos años de la carrera y participé de un concurso en la Orquesta Municipal de Avellaneda, donde quedé como estable. Ahora estoy como cello fijo en esa orquesta y desde abril del año pasado, estoy tocando en la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires del Teatro Colón como contratada”, completó Ana, todavía desde la Capital Federal.
Además de seguir con el instrumento que, según su padre, es de una inmensa profundidad, la joven Díaz escribe de mil maravillas, como puede leerse en la información que llegó al cronista. “Bach es un recorrido por los bosques y montañas que habitan en mí. Cipreses que se estiran hacia cielos diversos, sensación de un rayito de sol entre las hojas verdes, caricias del viento despeinando el pasto, agua cristalina bajando por la montaña y salpicando con picardía”, compartió.
En la música del alemán, “los colores inundan la vista y danzan con gracia dibujando firuletes. De pronto las notas forman copitos de nieve que se acumulan y pintan lienzos de una blancura que acalla los ruidos y sumerge la vida en silencio y aire frío. Las notas soplan nubes y despejan el cielo. Insinúan un sol tibio que derrite el paisaje y lo transforma. Las notas bailan en los brotes verdes y se regocijan en los pétalos suaves que se van desplegando conscientes de su belleza, y así se deslizan”, según Ana.
La barilochense encuentra al estadounidense contemporáneo “tan distinto” y al mismo tiempo “tan parecido” al del siglo XVIII. “Juega con las ideas de manera similar, pero en mí, describen otro paisaje, otro momento de la vida, tal vez más crudo, más monótono, donde la inocencia deja lugar a las reflexiones. Se siente ese estado extraño de transformación. Una nostalgia que duele y un presente que se está tratando de entender”. ¡Tamaña descripción!
En Glass “predominan las edificaciones grises que se inundan de niebla y nos sumergen en un estado hipnótico donde la búsqueda sin comprensión nos lleva en un viaje constante pero casi estático. El mayor movimiento, cuando llega, se desata con desesperación. Pero siempre vuelve a la quietud y la extrañeza. Una constante respiración que acepta su ciclo y se mantiene. Reconoce el dolor, lo deja estar y lo deja pasar. Sopla suave, se aliviana... Se desvanece en el aire”, apunta Ana.
Para ella, la cita del Berghoff reviste importancia, según amplió ante la inquietud del cronista: “tener un repertorio entero yo sola es una experiencia bastante nueva, porque en general, toco en orquestas, grupos de cámara o me llaman para tocar en algún lugar y uno no tiene la libertad de elegir su propio programa. Es muy lindo poder hacerlo”, destacó. De manera que la del sábado será una oportunidad trascendente.
“Elegí Bach porque se podría decir que nací escuchando Bach y me siento muy identificada. Los desafíos que tiene para mí y más me costaron afrontar, es que hay un montón de interpretaciones distintas y todas quedan bien”, compartió. “La versión que quiero mostrar es la que tiene que ver con esta etapa de mi vida y esa búsqueda es más que interesante, porque es la búsqueda de uno mismo, aunque sean notas escritas hace un montón de años”, subrayó la joven intérprete.
Por otro lado, “la de Glass es una música que me acompaña mucho desde que me mudé a Buenos Aires”, traslado que implicó “el cambio de la naturaleza, la montaña y todo lo que sentía tan propio, a la ciudad y a un montón de experiencias nuevas. Creo que se puede seguir aplicando a los cambios que tenemos constantemente en la vida, así que tanto Bach como Philipp Glass son pilares musicales muy personales”, definió Ana, con notable profundidad. Como la que emana de su cello.