2023-10-24

INVIERNO DE 1993, PRIMER CONCIERTO DE HERMÉTICA EN BARILOCHE

Ricardo Iorio, “unos días en el purgatorio y derecho al cielo”

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La banda tocó en el gimnasio Don Bosco cuando atravesaba su mejor momento. Contradictorio y vehemente, el icono del heavy metal que falleció en la mañana del martes dejó una huella indeleble en miles de barilochenses.

“Unos días en el purgatorio y derecho al cielo”. La frase que acuñó el guitarrista Mariano Rodríguez en una de las redes sociales quizá resuma con acierto el estado de ánimo que invadió a buena parte de la grey rockera de Bariloche, a medida que se difundía el fallecimiento de Ricardo Iorio. Sus incoherencias ideológicas de los últimos años y sus coqueteos con cierta fuerza política filonazi quizá deban quedar en segundo plano ante la magnitud de su contribución al heavy metal argentino. Después de todo, será la música la que otorgue medida a su valor.

Como recordó El Cordillerano no hace tanto, Hermética visitó por primera vez esta ciudad en el invierno de 1993, cuando la vigencia de la Convertibilidad y la exclusión menemista acentuaban el frío. Por entonces, la banda tenía en su haber “Hermética” (1989), el EP “Intérpretes” (1990) y “Ácido argentino” (1991), pero ya integraban su lista para los conciertos en vivo varios de los temas que grabaría para “Víctimas del vaciamiento” (1994).

No muchas veces hubo tan poca plata en Bariloche como durante esa década, pero el propietario de una roquería asumió la patriada y la banda que por entonces se conformaba con Claudio O’Connor (primera voz); Antonio Romano (guitarra); Claudio Strunz (batería) y el propio Iorio (bajo y voz) metió poco más de 300 personas en el gimnasio del colegio Don Bosco. Eran los estándares de la época.

Por entonces, el que firma todavía no cumplía 30 años y trabajaba para Diario Bariloche, un medio que dejó de existir en 1995. Llegó el aviso de una conferencia de prensa, que se hizo pocas horas antes del comienzo del concierto en un efímero local de la calle Rolando. Para mi sorpresa, un montón de fans acompañó el intercambio con los pocos periodistas que nos interesamos por la presencia de Hermética y hasta se hizo un tanto difícil trabajar, pero hablamos.

Iorio se explayó sobre la música que iría a integrar el próximo CD de Hermética y en particular, recuerdo cuestionamientos muy agudos al funcionamiento del sistema médico, al clientelismo político y a otras lindezas de los 90. Cuando le pregunté si sabía que estaban cobrando entrada para que el piberío pudiera acceder a un autógrafo suyo, se sorprendió y dijo: “yo nací para firmar autógrafos”. Quiso enfatizar su simpleza.

No faltaba mucho para el recital, que tendría a Eutanasia como banda invitada de Bariloche. No sé para qué volví al diario, que por entonces estaba en la calle 25 de Mayo y ya pensaba en rumbear hacia el Don Bosco, pero el recordado Daniel Bereau, quien entonces era nuestro secretario de Redacción, me pidió que escribiera la nota para que saliera al día siguiente. Me sorprendió, porque yo había entrevistado a Iorio para el Suplemento Joven, que salía los miércoles. Pero al final, se ganó la contratapa del diario un sábado. Impensable.

Otras impresiones de aquella primera noche quedaron plasmadas de manera magistral en “La otra cara de la postal. Punk en Bariloche”, el libro que Claudio Vargas editó en 2022. Su narración viene de comentar el primer concierto de Attaque 77 en la ciudad y afirma que “para el año 1993 otro hecho histórico y el cual marcaría la vida musical barilochense, sería el desembarco de Hermética, banda querida por heavies y punks. Se presentaron una noche de junio con un hermoso frío y llovizna, esta vez el lugar elegido fue el gimnasio del colegio Don Bosco”, precisa su evocación.

Además de la situación general ya descripta, era temporada baja. “Para esta época del año había poco dinero y varios de mis amigos no tenían para la entrada, así que gracias a un exalumno del colegio apareció la solución: entrar por las ventilas del baño de hombres que, por cierto, era bastante alto. Nos metimos y de paso, no nos matamos de casualidad, cayendo desde ahí arriba”.

Confiesa Claudio: “La verdad es que no sé por qué entré por ese lugar, si yo tenía entrada; tal vez por solidaridad con mis amigos”. Después de superar los obstáculos y “ya adentro, nos dirigimos al recital que había empezado con la banda telonera barilochense Eutanasia que hacía su debut en la primera división”, rememoró. Un tesoro invalorable cuyo valor comenzó a agigantarse quedó en la experiencia de aquellos jóvenes músicos.

“Minutos más tarde llegó el tiempo de la esperada banda”, sigue el relato de Vargas. “Qué decir de Hermética que no se haya dicho o escrito, una aplanadora en su sonido, sus letras y la escena que los llevaba a ser considerados como semidioses; tremendos pogos se vivieron con toda la masa metalera, los punks y los darks que había y en gran cantidad para aquellos años”. Son los que por estas horas despiden conmovidos a un tipo que en sus últimos años se puso muy contradictorio, pero dejó una huella indeleble en demasiados corazones. “Si buscas libertad, ya no andes por fuera”.

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