NO, A MEILING NO
¿A qué Otto recuerda el nombre del cerro?
Los integrantes de las comisiones de límites que trabajaron aquí a fines del siglo XIX y principios del XX conocieron a la elevación con otra denominación. Una historia que tiene su costado trágico.
Como Otto Meiling edificó en el cerro un refugio de montaña en sociedad con Heriberto Tutzauer, no faltan quienes suponen que la elevación así se llama en homenaje al pionero del montañismo en estas latitudes. No obstante, el origen de la toponimia en vigencia es otro, a tal punto que a fines del siglo XIX se conocía al paraje con el apellido de quien allí residía. Desafortunadamente, el colono encontró trágico final para su vida.
En efecto, “su primitivo nombre fue Goedecke o Gödicke y Ottoshöhe por un colono chileno-germano, Otto Goedecke, que se estableció en Nahuel Huapi en fecha anterior al 1897”, es decir, bastante antes que su compatriota. Meiling recién hizo su arribo a estas latitudes en 1930, dos años después de la fatídica muerte de su antecesor, quien también tuvo como predilección caminar por las montañas.
Juan Martín Biedma incluyó una breve semblanza en su “Toponimia del Parque Nacional Nahuel Huapi” (Editorial Caleuche-2004). Según el investigador, “cuenta Juan Steffen que en abril de 1897 ascendió al cerro Gödicke (sic)”, de 1390 metros. Se denominaba así “en homenaje a este colono que, como muchos otros, emigró desde las orillas del lago Llanquihue, estableciéndose en Nahuel Huapi bajo las condiciones más primitivas”.
Interlocutores que tuvo lo compararon con hombres de otra procedencia. “El 31 de diciembre de 1897, Lehmann y Wehrli, de la séptima Subcomisión Argentina de Límites, llegan a Puerto Moreno”, según la reconstrucción de Biedma. Ellos escribieron: “En la misma tarde nos fuimos con caballos que nos facilitara el señor Boock a la casa del colono, señor Tauschechk (sic), no sin visitar la casucha de nuestro ya conocido señor Otto Goedecke, tipo de un verdadero pionero americano”.
Sigue el testimonio de primera mano: “El señor Goedecke, nacido en Sajonia, después de haber pasado unos años en América del Norte, vino a establecerse en estos parajes con una majada de ovejas que le dan buenos resultados. Tiene un cultivo de papas, arvejas, etcétera y espera con ansias la posibilidad de hacerse dueño del terreno ya valorizado por sus trabajos”. A ese respecto, tuvo suerte.
Según Biedma, “con el fruto de su trabajo consiguió adquirir la falda Norte del cerro que hoy lleva su nombre y en el año 1919 aproximadamente, su chacra estaba vecina a la de don Luis Pefaure y a la casa de Federico Reichert”. En el presente, ¿cuántos barrios se despliegan arriba de la avenida Los Pioneros? ¿Dónde quedaron las ovejas, las papas y las arvejas?
Como decíamos, “Goedecke tuvo una infortunada muerte. En la noche del 1° de mayo de 1928 regresó antes de la hora acostumbrada y sorprendió a un muchacho de 15 años que estaba robándole manzanas en su chacra. El intruso le disparó un tiro mortal”, aporta la reconstrucción de Biedma. Además del cerro que queda en la jurisdicción municipal de Bariloche, hubo un tiempo en que su apellido designó a un lago, actualmente Anasagasti.
Algo más de dos años atrás, aquel colono alemán fue noticia para El Cordillerano. Quizá recuerden lectoras y lectores que al realizarse tareas en el exterior del colegio Ángel Gallardo, afloraron sorpresivamente restos óseos de origen humano. En esa oportunidad, este medio se contactó con Graciela Pino, profunda conocedora del pasado barilochense desde mediados del siglo XX en adelante.
Según la vecina, hacia 1963 paseaba con unas amigas de la infancia por el predio que, por entonces, era apenas un pastizal. En su deambular, el grupito dio con unas lápidas, entre las cuales se destacaba la de Otto Goedecke. Cuando se dispuso el traslado del cementerio que allí funcionó, nadie se interesó por remover la tumba porque el fallecido en 1928 no tenía parientes.
Precisamente y según un informe municipal, “por no tener familia, sus bienes fueron vendidos en remates públicos en 1930. Así, el lote fue adquirido por Carlos Sutton, un joven enfermero de un hospital capitalino”, que también era soltero. “Venía solo en verano, levantaba una carpa en su predio y hacía vida de campamento durante meses trabajando solo la tierra -zanjando mallines- o jugando al golf en sus praderas con los amigos que lo visitaban”.
Según el mismo texto, Sutton “promovía insistentemente la visita de turistas a la cascada Goedecke y hasta editó una postal turística con el motivo. Esta caída de agua se encuentra hoy en el predio del hotel La Cascada”. Luego, el enfermero cedió “parte de sus tierras para obras de beneficencia en la capital. Posteriormente, en un sector se instaló Tomas Warton, con un tambo”. Pero el nombre de cerro Otto, ya estaba instituido.