LA LEY CUMPLIÓ 17 AÑOS EN VIGOR Y JAVIER MILEI PIENSA “ANULARLA”
Contenidos de Educación Sexual Integral tienen el mismo valor que Lengua o Matemática
Resaltó su importancia Marina Copoloechio, quien se desempeña en la Universidad Nacional del Comahue y en el Instituto de Formación Docente. En diálogo con El Cordillerano, repasó logros y apuntó cuestiones pendientes.
La Ley de Educación Sexual Integral (ESI) entró en vigor en 2006 y los contenidos suyos que se enseñan en las escuelas tienen “el mismo valor e importancia que la enseñanza de Lengua o de Matemática”, según valoró Marina Copolechio, docente e investigadora en la Universidad del Comahue y el Instituto de Formación Docente Continua. Una de las fuerzas políticas con chances de acceder a la Presidencia plantea su anulación porque según su candidato, es “un mecanismo” para “deformarle la cabeza a la gente”.
Más bien al contrario, para quienes entienden del asunto hace falta más ESI. “En estos 17 años se produjeron muchos avances, lo que no implica que esté todo logrado. Se han producido materiales para acompañar las prácticas docentes, materiales que son muy interesantes y que también son revisables por ejemplo porque poseen aún una mirada binaria”, alertó la especialista. “Se han ofrecido capacitaciones gratuitas e incluso algunas virtuales que son sumamente interesantes y que han permitido que se formen docentes de distintos lugares del país”, completó.
Durante poco más de década y media, “en las escuelas, la ESI fue ganando espacio. Fue fortaleciéndose, en general de la mano de docentes con alto grado de compromiso con su tarea que se fueron formando en estos temas. Desde ahí, también pudieron entusiasmar a sus colegas”, compartió. “Las familias se fueron acercando a las escuelas, participaron de jornadas sobre ESI, se fueron interiorizando sobre las temáticas que aborda y fueron comprendiendo que es un derecho. Son contenidos a enseñar en las escuelas, con el mismo valor e importancia que la enseñanza de la Lengua o de la Matemática”, equiparó Copolechio.
No obstante, “aún queda camino por recorrer. Es necesario seguir fortaleciendo todas estas prácticas, profundizar los canales de diálogo entre quienes conforman las instituciones educativas, socializar las experiencias ESI entre docentes de todos los niveles, revisar materiales o producir nuevos y que lleguen a todas las escuelas. En relación con las familias, también hay un camino para seguir recorriendo y que se relaciona con poder conversar con las familias acerca de lo que implica”.
La docente e investigadora no pierde de vista que el punto anterior “supone una lucha contra los discursos que circulan en relación con la ESI, que lo único que hacen es tergiversarla para desvalorizarla. Entonces, es muy importante seguir trabajando para que se comprenda que la ESI no es una ideología, sino que está sustentada en una amplia gama de producciones académicas, de movimientos sociales y, sobre todo, de leyes y experiencias educativas”, completó.
En esa línea, “también es necesario que se conozcan cuáles son los ejes de la ESI: cuidar el cuerpo y la salud, respetar la diversidad, valorar la afectividad, reconocer la perspectiva de género y ejercer nuestros derechos”, señaló. “Esto permite ampliar la mirada y comprender que la ESI nos enseña a hablar cuando algo no nos gusta, a cuidar nuestro cuerpo y combatir lo que nos generan los modelos hegemónicos de belleza, a poder elegir lo que queremos cuando disponemos de información, a vincularnos con mayor amorosidad (sic) y respeto en las escuelas, a mantener relaciones más igualitarias, a reconocer y compartir lo que sentimos y nos pasa, a dialogar, a decir no ante situaciones de discriminación, a denunciar las violencias, los abusos y los malos tratos, entre muchísimos otros temas”, destacó.
Para Copolechio está clarísimo: “se trata de una ley que protege a las infancias y adolescencias. Si tuviéramos que destacar algunos logros puntuales podemos mencionar la posibilidad de hablar de abusos en la escuela y que esto tenga su consecuencia en denuncias que activan protocolos para proteger a las niñeces y adolescencias”. Otros puntos a favor son “hablar de la afectividad como un campo político” y “reconocer la Educación Sexual Integral como un contenido pedagógico político y no solo un contenido de las Ciencias Naturales”.
También hay que incluir en la columna del haber “que se hable de sexualidad integral desde el nivel inicial hasta la formación docente”, además de “la posibilidad de haber fortalecido las voces de las niñeces y adolescencias”. No es menor “la posibilidad de corrernos de una mirada adultocéntrica (sic) y escuchar más qué es lo que el estudiantado tiene para decirnos, entre otros muchos logros”.
En relación con sus apreciaciones anteriores (ver sección Cultura de El Cordillerano), avisó Copolechio que “una norma no se cae, se tiene que derogar con lo que todo eso implicaría. Puede que ciertos proyectos no continúen por falta de un marco normativo que lo respalde o de financiamiento, por ejemplo, las capacitaciones a docentes que son fundamentales o el aporte de materiales didácticos para enseñar ESI. Sin embargo, hay un territorio ganado, conquistado y que va a resistir porque hay un convencimiento de que la ESI es libertad, es abrazo, es amor, es diálogo y es construcción”, defendió.
En el peor de los escenarios, a escala barilochense y rionegrina “quizá cambien algunos nombres de proyectos, sean otras las formas o los espacios, pero la ESI se sostiene y mucho, desde abajo, desde las aulas. Eso da una gran fuerza y continuidad a los proyectos pedagógicos que, por supuesto, con una ley se fortalecen. Es importante la ley, por supuesto, pero lo que ya se ha generado tiene potencia para continuar”, desafió la docente e investigadora.