UNA EXCEPCIÓN A LAS NORMAS DE LA TOPONIMIA
¿Quién fue el Melgarejo del arroyo?
Ni explorador de origen alemán al servicio de Chile ni integrante de los sectores acomodados que había que homenajear. ¿Por qué anduvo por acá y qué hizo?
En la toponimia de la región, es sorprendente la cantidad de nombres que homenajean a profesionales o científicos que estuvieron al servicio de Chile en la época en que se delimitaron los nuevos límites. Es el caso de los lagos Martin o Christie, por ejemplo. También están los que se originaron en homenajes más argentinos, como el lago Gutiérrez o el cerro López. Pero sin contar los de orígenes mapuches, son más bien escasas las denominaciones que recuerdan a gente de los sectores populares que, aunque de manera borrosa, dejó huellas por aquí.
Al momento de escribir estas líneas, brilla el sol y las torrenciales lluvias de no muchas semanas atrás apenas si están presentes en el recuerdo, salvo que uno se asome a las orillas de lagos, arroyos o ríos de la zona. Uno de ellos “nace en el reborde norte de la sierra de la Ventana y desagua en el lago Gutiérrez”, según la descripción que puede leerse en “Toponimia del Parque Nacional Nahuel Huapi”, de Juan Martín Biedma (Editorial Caleuche-2004).
El Melgarejo, claro. Según el investigador, no se debe su nombre a Francisco Moreno, responsable de buena parte de la toponimia que prima en nuestros días, sino a su hijo Eduardo, en recuerdo del así llamado “Chino” Melgarejo. Si bien durante buena parte del siglo XIX y principios del XX se utilizaba esa palabra con connotaciones despectivas para denominar a los mapuches, el origen del homenajeado era otro.
Melgarejo acompañó al futuro perito en su viaje de 1880, en cuyo transcurso llegó por segunda vez al lago Nahuel Huapi, aunque proveniente de sur. En la primera oportunidad, se asomó desde el nacimiento del Limay, después de pasar unos pocos e intensos días en las tolderías de Saihueque. Claro que las cosas habían cambiado y mucho, porque desde el año anterior el Ejército Argentino tenía en marcha la llamada Campaña al Desierto.
En “Reminiscencias de Francisco P. Moreno” (EUDEBA-1979), Eduardo incluyó un texto en el que su padre contextualizó a la figura de Melgarejo, un milico que, evidentemente, no eligió la suerte que le tocó. “El recuerdo de aquellos soldados de enérgico físico, más de uno condenado por la Justicia al servicio de las armas, como de su despreocupación ante los peligros y sacrificios de esa durísima vida, sonrientes al desensillar su caballo jadeante que más de una vez cayó al suelo al verse libro del freno y el recado, y listos para volver en el acto al peligro, si así lo exigía el servicio, se me ha avivado al saber que en algunos lugares de Estados Unidos, los condenados por la Justicia, a largos años de trabajo, lo hacen vigilados solo por la palabra de honor que han dado de cumplir su condena”.
Después de ese prolongado párrafo, añadió el bonaerense que “en nuestro soldado de línea de esas condiciones, no fue común la deserción, aun cuando el peligro continuo del servicio hubiera sido siempre causa atenuante de ella. También tenían honor en cumplir con su deber”. En este punto Moreno se equivocó y mucho, porque después de la insurrección de Buenos Aires de ese mismo año, fueron innumerables las deserciones de correntinos, cuya provincia se alió con la díscola. Como castigo, integraron la 1era Brigada en la segunda fase de la Campaña al Desierto, pero escaparon a Chile.
Pero volvamos al nombre del arroyo. “¿Cómo he de olvidar aquí al presidiario que poco después, tanto me sirviera en mi primer viaje a Nahuel Huapi y al ‘Chino’ Melgarejo, chasque prisionero tomado a López Jordán y que luego, destinado al 5° de línea, me fue tan fiel en las durezas del año 80 en los días de mi cautiverio en los toldos del Caleufú (sic) y durante nuestra nueva evasión?”
Entonces, puede deducirse que Melgarejo era un gaucho entrerriano. Ricardo López Jordán se levantó en tres ocasiones contra el Gobierno nacional, en manos de los vencedores de Pavón y sus sucesores. La última de sus insurrecciones tuvo lugar en 1876, aunque ni Moreno padre ni hijo puntualizaron en cuál fue tomado prisionero “el chasque”. Tampoco informaron qué fue de su vida. Al menos Eduardo, tuvo la deferencia de usar su apellido para designar un arroyo y así, periódicamente, preguntarnos quién fue aquel “Chino” que, al menos, no cayó fusilado, como muchos de sus comprovincianos en esa década fea. Obviamente, no hay imágenes suyas.