A 10 AÑOS DE LA MUERTE DE ERICH PRIEBKE
El oficial nazi dividió a la sociedad barilochense, algunos lo consideraban “un buen vecino”
El 11 de octubre de 2013 moría Erich Priebke, responsable de la ejecución de 335 personas en 1944. El oficial de la Gestapo llegó a la Argentina en 1948 con una identidad falsa. Sin embargo, pronto recuperó su verdadero nombre y empezó una carrera de ascenso social que lo llevaría a la perdición. En el momento de su detención la sociedad de Bariloche se dividió en sus conceptos, para muchos se trataba de un criminal, para otros de “un buen vecino”.
Erich Priebke fue segundo al mando de las temibles SS en Roma –bajo las órdenes de Herbert Kappler– había sido el principal responsable de la masacre de las Fosas Ardeatinas, unas minas abandonadas en las afueras de la capital italiana donde el 24 de marzo de 1944 comandó el fusilamiento de 335 partisanos y judíos. La explicación nazi era que se trataba de una represalia por un atentado ejecutado el día anterior por la resistencia en el que habían muerto 33 soldados de las Waffen-SS, según relataron históricamente Eduardo Anguita y Daniel Cecchini.
En mayo de 1994 las aguas se dividieron en Bariloche, al producirse la detención del militar de las SS hitlerianas. Para algunos pobladores locales se trataba de “un buen vecino” mientras que otras personas consideraban, con razón, que se trataba de un criminal nazi y debía ser condenado.
El oficial de las SS primero fue empleado en un par de hoteles en esta ciudad, luego tuvo una fiambrería y escaló posiciones a partir de tener participación en instituciones locales, como el Colegio Primo Capraro, lugar que le permitió tener relaciones con políticos de la región.
En su relato, Anguita y Cecchini aseguran que el oficial de la Gestapo entró al país con un nombre falso y pasaporte de la Cruz Roja suministrado por el Vaticano, llegó al puerto de Buenos Aires en 1948 y pocos días después se dirigió hacia Bariloche, una ciudad donde, desde mucho antes de la guerra, los inmigrantes alemanes tenían una notable presencia. Allí, aprovechando una amnistía del gobierno peronista para quienes hubieran entrado al país con identidades falsas, recuperó su nombre en 1950. Desde entonces –a diferencia de su colega Eichmann– no haría otra cosa que hacerse notar.
Priebke se hizo notorio al convertir el colegio alemán, donde se impartía solo enseñanza primaria y llevó al instituto a una formación secundaria y terciaria e integró la Comisión Directiva y por ello muchos lo consideraban “un buen vecino”. Además, fue integrante activo de la Asociación Cultural Germano-Argentina. Pero en 1991 el escritor Esteban Buch publicó El pintor de la Suiza argentina, un libro que revelaba al mundo la presencia del criminal de guerra nazi en Bariloche.

A través de un corto tiempo dicho libro llegó a manos de una productora de la cadena de noticias estadounidense ABC, que se abocó a investigar los crímenes cometidos por Priebke en Italia. Con ese material recopilado, en 1994 un equipo televisivo encabezado por el periodista de ABC Sam Donaldson viajó a Bariloche y abordó sorpresivamente a Priebke en la calle. Su imagen recorrió el mundo y acabó con su impunidad.
La comunidad de Bariloche se dividió entre quienes defendían a uno de sus ciudadanos ilustres y quienes repudiaban su presencia en la ciudad. Mientras tanto, la justicia italiana y la alemana realizaron pedidos de extradición, lo que dio comienzo a una larga batalla judicial.
En noviembre de 1995 -cuentan Anguita y Cecchini-, el gobierno argentino concedió la extradición a Italia, donde fue sometido a dos juicios sucesivos. En el primero, un tribunal militar decidió "no proceder, ya que el delito extinguió por prescripción", y ordenó la libertad inmediata de Priebke. Sin embargo, el Tribunal Supremo de Italia anuló la sentencia y ordenó un nuevo juicio en su contra. Finalmente, después de numerosas apelaciones, en marzo de 1998 fue condenado a cadena perpetua, pero debido a su avanzada edad y a las leyes italianas cumplió con arresto domiciliario en Roma, hasta su muerte ocurrida el 11 de octubre de 2013.
Ante la detención de Erich (Erico lo llamaba los amigos) Priebke causó en Bariloche un enorme impacto social al conocerse su pasado. Según Wikipedia gran parte de la sociedad se resistió a creerlo. Inclusive un periódico local realizó una campaña a favor del oficial nazi, en la que se resaltaban las acciones de bien llevadas a cabo por él, y poniendo en duda que un afable abuelo y ciudadano ejemplar hubiera cometido los crímenes de los que se le acusó. La situación fue muy delicada, pues gran parte de la sociedad en principio se negó a aceptar que uno de sus vecinos más significativos hubiese cometido los crímenes de guerra denunciados, aunque en forma gradual se fue imponiendo el convencimiento de lo que en verdad sucedió.