PEDIDO DE INCLUSIÓN SOCIAL
“Te dan pase gratis a un colectivo que no podés acceder por no estar adaptado para discapacidad”
Hawa Moni Agostini es una vecina de la localidad de Dina Huapi, una persona que hace trece años entró a un mundo totalmente desconocido por ella, el de una persona con discapacidad. Ahora tiene 58 pero cuando tenía 45 años comenzó con una enfermedad crónica neuromuscular denominada Miastenia Gravis.
“La doctora que me atendió en ese momento me dijo que tramitara el Certificado de Discapacidad, lo hice y me dieron un papel con supuestos beneficios” comenzó diciendo.
“Nadie te explica que te den un pase gratis a un colectivo que no podés acceder por no estar adaptado para discapacidad, nadie te dice que no hay rampas de acceso y que te costará tanto hacer cada cosa”, detalló.
A nivel anímico muchas veces se da por vencida, “no por falta de fe y esperanza sino porque son tantas las barreras con las que te encontrás al salir que al final, terminás quedando aislado en tu casa”. El encierro muchas veces produce ataques de pánico.
Falta de empatía
La sociedad demuestra muy poca empatía con las personas con discapacidad, pruebas de esto se ven a diario ya sea por el estado de las veredas, las rampas de accesibilidad a muchos espacios y la dura tarea de ir de un lugar a otro.
“Aunque les parezca muy raro estoy muy agradecida por la enfermedad que tengo, pues gracias a ella conocí el submundo de las personas con discapacidad” aseguró. “Me siento muy bendecida porque en años de rehabilitación conocí a otros como yo que se levantan cada día e intentan seguir con una sonrisa a pesar de la indiferencia de la sociedad”.
Hawa vive en Dina Huapi desde hace 25 años. Cuentan con hermosas playas del lago Nahuel Huapi pero no hay rampa de acceso a la playa. “Hace dos años la señora intendenta dijo al INADI que la haría pero todavía no hay novedades”.
“Las personas con discapacidad por ley tenemos derecho de accesibilidad pero hay autoridades que no la están respetando ni haciendo cumplir”. Rampas que además utilizarían muchos adultos mayores y otras personas con problemas de movilidad.
“Veo que el mundo va muy rápido para fijarse y respetar realmente al que por discapacidad va un poco más despacio” reflexionó.
“A pesar que por momentos me agoto, pierdo mis fuerzas físicas y a veces debo guardar reposo por varios días, cada vez que presentó una nota, porque el estrés hace que mi cuerpo no funcione, yo siento que debo seguir insistiendo en los pedidos que vengo haciendo”, dijo.
“La discapacidad no se contagia, es solo una condición y cualquiera de nosotros puede tenerla. Agradezco a Dios, a mi hijo que siempre está a mi lado y a cada uno de los que no se asustan, siguen a mi lado mirando mi corazón y no mi discapacidad”, valoró.
Para finalizar dijo: “Cada persona con discapacidad tiene mucho que ofrecer a la comunidad donde vive y es muy triste que no se lo permitan. Creo que solo con amor, fe, real empatía y solidaridad el mundo mejorará si Dios quiere, pero para eso cada uno tiene que hacer su parte”.