DE JAPÓN A LA OTAKU KON
Un tal Mazinger
Tal como explicó Diego Camaño, baterista de Fullmecha, la banda que será parte de la convención Otaku Con, el sábado y el domingo en el gimnasio Pedro Estremador de Bomberos Voluntarios, el nombre del grupo, en parte, proviene de un subgénero de ciencia ficción llamado “mecha”, que tiene como protagonistas a figuras robóticas que son guiadas por pilotos humanos.
Para muchos que pasamos los cuarenta, Diego incluido, ese estilo está vinculado de manera directa con Mazinger Z, una serie animada nacida en Japón en 1972 (mismo año en que había surgido el manga, es decir, la historieta), pero que, en la Argentina, más allá de unas primeras emisiones en blanco y negro a finales de los setenta por Canal 13, se popularizó en los ochenta, ya a color, a través del 9.
El asunto es que hoy, al igual que pasa con series animadas de otros estilos, como ThunderCats o He-Man, conforma un signo generacional distintivo.
Al pasar por algún local especializado, frente a una vidriera, nos paramos a mirar remeras con la imagen de Mazinger Z. Obviamente, todas vienen únicamente en talle de adulto, porque los que observamos somos niños sólo en el corazón; en la edad cronológica ya andamos con una carga en la que mejor no profundizar.
Más allá del revival con productos con su estampa, lo cierto es que hoy sería imposible que, con las mismas características con que lo conocimos, Mazinger existiera.
Los jóvenes protagonistas, quien tripula a Mazinger y la chica que se encarga de Afrodita A, la robot buena de la historia, tienen una relación donde, con el correr de los capítulos, la tensión amorosa crece, pero, en el mientras tanto, se tiran objetos por la cabeza, se dan cachetazos, se insultan… Y existen muchas expresiones sexistas.
Y, como para que quede clara una visión sexual que había en todo, si Mazinger lanzaba sus puños, Afrodita expulsaba misiles/senos. Es decir, sus pechos salían despedidos.
Igualmente, la serie de Mazinger fue precursora en otros sentidos. Por ejemplo, había un personaje hermafrodita.
Como para completar la leyenda, Mazinger cuenta con una estatua gigante. Está en Tarragona, España, y su origen es, al menos, curioso.
Resulta que, al levantar una urbanización, los capitalistas veían la manera de atraer compradores. Como en un sector cercano unas figuras de la serie animada Heidi llamaban la atención y atraían a familias con chicos, a finales de los ochenta los constructores apostaron por Mazinger.
El monumento tiene más de diez metros de altura y está hecho de hormigón y fibra de vidrio.
Y aún está allí, como una no tan pequeña atracción turística…
Algo debe tener Mazinger, que, a más de cincuenta años de su creación, hasta nosotros, en el sur del mundo, muy lejos del Japón que lo vio nacer, hablamos de él…