LA ESPERANZA DE UNA SALIDA LABORAL
Sonrisas de ayudantes de cocina
Resulta grato llegar a un sitio donde la alegría y la esperanza son palpables.
No pasa seguido, pero en ocasiones sucede.
La sensación se apreció el miércoles en el Centro de Formación Integral (CFI) Don Bosco, del barrio El Frutillar, donde un grupo de jóvenes recibió su diploma por haber realizado un curso de ayudante de cocina.

Para seleccionarlos, entre más de doscientas personas que se habían inscripto, se tuvo en cuenta que no tuvieran empleo y se encontraran en búsqueda de uno.
Por ejemplo, Gisela Dufey, de veinticinco años, al ver el anuncio en El Cordillerano, se anotó pensando en la salida laboral rápida. “Cuando vas a buscar trabajo, lo que más piden es para tareas en hoteles, entonces, tener la referencia de un curso de auxiliar de cocina ayuda bastante”, indicó, para después enfatizar que quedó muy contenta. “Estuvo muy bueno, me gustó hacer cosas que nunca había hecho, como escabeche”, contó.

A Morena Chavol, de veinte años, en tanto, todo lo vinculado a cocinar siempre le agradó, así que, apenas su mamá le envió la información de la web El Cordillerano, se inscribió. Durante la entrega de diplomas, su sonrisa confirmaba la alegría que la envolvía.
A Lucila Uribe, por su parte, de veintidós años, le agrada la cocina y optó por encarar el curso para sumar experiencias en su currículum, y, sobre todo, destacó el compañerismo que reinó y el buen trato de los profesores.

Justamente, Diego Buenoman fue uno de los profes. Lo curioso es que hasta no hace mucho, era alumno. “Egresé de panadería”, dijo, haciendo referencia a uno de los oficios de dos años de cursada que habitualmente se brindan en el CFI. Cabe indicar que el curso de ayudante de cocina duró tres meses, y es el primero que hacen de este tipo en el lugar, gracias a una idea conjunta de la Asociación Damas Salesianas y la Asociación Empresaria Hotelera Gastronómica.
Diego afirmó que guiar a quienes participaron “fue hermoso”.
“Si bien al principio costó un poco, con el pasar de las semanas agarraron confianza”, reveló, a la vez que deseó que este tipo de actividades se vuelva a realizar.

Agustín Pérez, quien fue profesor de Diego y ahora su colega en esto de enseñar, destacó el entusiasmo de los participantes y recalcó lo práctico de este tipo de cursos breves, donde prevalece la intensidad y las ganas de afianzarse, a la vez que se evita el desgaste que implican períodos más extensos.