UN ABISMO SEPARA LAS HAZAÑAS DE LOS ESTADIOS AZTECA Y LUSAIL
Entre México y Qatar hubo más que 36 años de distancia
En 1986, la Argentina llevaba un año de Plan Austral y la paridad cambiaria no era tan desfavorable. Del equipo que campeonó en el DF mexicano, sólo tres jugadores se desempeñaban en el exterior.
Cuando la Argentina se adjudicó el Mundial de México en 1986, gobernaba el país la Unión Cívica Radical con Raúl Alfonsín como presidente. Hacía menos de tres años que había retornado la democracia. En 2022, aunque a través Frente de Todos, gobierna el peronismo y precisamente el año que viene, se cumplirán 40 años de ejercicio democrático ininterrumpido. Por entonces, era impensable que otra fuerza política accediera a la Casa Rosada.
La dinámica del fútbol era muy diferente. La totalidad del plantel se instaló en el país anfitrión 26 días antes de que comenzara el certamen, una eternidad que seguramente, Lionel Scaloni envidió a Carlos Bilardo. Para el Mundial de Qatar, el técnico del flamante campeón recién contó con los jugadores unos 10 días antes del primer partido ante Arabia Saudita, que finalmente, significaría el único traspié del certamen.
Entre quienes vistieron la albiceleste en la altura y el calor mexicanos, sólo cuatro jugadores jugaban en ligas europeas: Jorge Burruchaga en el Nantes; Diego Maradona en el Nápoli; Jorge Valdano en el Real Madrid; y Pedro Pasculli en el Lecce. Por entonces, Daniel Pasarella militaba en la Fiorentina, pero como se sabe, una misteriosa indisposición terminó marginándolo del elenco. Del elenco que conmovió al pueblo argentino en Qatar, sólo uno juega en el país: el arquero suplente Franco Armani.
No sólo era inferior la proporción de quienes se desempeñaban en Europa: salvo Valdano, quien marcó el segundo gol en la final contra Alemania, el resto vestía camisetas de equipos que no eran potencias futbolísticas o económicas. En cambio, en 2022 Lisando Martínez juega para el Manchester United; Ángel Di María y Leandro Paredes son compañeros en Juventus; Lionel Messi vista la camiseta del PSG; Lautaro Martínez y Joaquín Correa son del Inter; y Paula Dybala de la Roma.
Para junio de 1986, argentinos y argentinos llevábamos un año de Plan Austral, un intento de contener la inflación que desarrolló el ministro de Economía, Juan Vital Sourrouille. La iniciativa implicó el reemplazo del peso como moneda nacional y la adopción del austral. Los billetes perdieron varios ceros y efectivamente, el gobierno alfonsinista logró contener la aceleración inflacionaria, aunque tres años después se desataría la hiperinflación. No obstante, cuando Maradona y los suyos se coronaron en el Estadio Azteca, todavía se vivía cierta bonanza económica.
En 2022, es muy probable que la inflación no supere el 99 por ciento, pero sobre todo, la paridad cambiaria con las divisas extranjeras es muy desfavorable para el peso argentino. Al día siguiente de consagrarse en el Estadio Lusail, el dólar blue cotizaba a 320 pesos aproximadamente. En los comienzos del Plan Austral, el 1 dólar valía 0,80 australes, circunstancia que facilitaban los viajes al exterior.
Quizás en el ámbito que más se noten los 36 años transcurridos entre un logro y otro sea en el tecnológico. Por entonces, era costumbre seguir los partidos por televisión con el volumen bajo y sintonizar radios. En 1986, básicamente eran dos las alternativas: José María Muñoz y Víctor Hugo Morales. El relato del segundo gol a Inglaterra que marcó Maradona por parte del uruguayo emociona y emocionará por siempre, pero en 1986, la audiencia estaba muy repartida con la tradicional voz de Radio Rivadavia.
Desde mediados de los 90, la televisión por cable desplazó de su lugar anterior a la abierta, aunque la TV Pública persiste. Hace un par de certámenes que también se generalizó el streaming. Un problema que se agudizó durante la reciente edición y que no existía en 1986 fue el así llamado delay: en varias ocasiones resultó más puntual enterarse de los goles argentinos por la gritería de vecinos o inclusive, la pirotecnia, que por la transmisión.
Obvio, en los tiempos de Pumpido y el recordado “Tata” Brown, no había nada parecido a las redes sociales. Una función similar a la que en la actualidad cumplen los memes, la desempeñaba el humor gráfico, pero limitado a los medios de prensa gráficos y a las entrañables revistas deportivas. En 1986, argentinas y argentinos apenas si eran más 30 millones, hoy son 47 millones. Aquel pareciera otro país, pero la pasión que se tuvo que contener en Italia (1990); Estados Unidos (1994); Francia (1998); Japón-Corea (2002); Alemania (2006); Sudáfrica (2010); Brasil (2014) y Rusia (2018), finalmente se desató y fue la misma.