PRIMERA EXPOSICIÓN INDIVIDUAL DE UNA PROFUNDA CONOCEDORA DE BARILOCHE
Milena Razinger, con amor por la “Modesta Victoria”
Inicialmente dibujante, abrió su trabajo al color no hace tanto tiempo. Después de trabajar toda su vida como guía de Turismo, los paisajes, las flores y el lago se mudaron a sus pinturas.
Milena Razinger está particularmente orgullosa de la pintura que reproduce a la “Modesta Victoria”. No es para menos, porque buena parte de su vida transcurrió a bordo de la emblemática embarcación. “He contado la historia de ese barco mil y una veces”, justifica. Pero sus obras también alcanzan esplendor cuando replican contornos de cerros queridos si se ven entre hojas otoñales. O el perfil de una vivienda de las que ya quedan pocas. En este caso, la de su padre Blas.
La expositora vino al mundo en Bariloche en 1958, sin embargo, todavía denota acento foráneo. Es que, en su hogar, se hablaba esloveno. Sus trabajos empiezan con “fotos que, por ahí, me llaman la atención en algún momento. Las voy guardando, hago fotocopias y cuando me decido a hacer algo, voy y pinto. Siempre tuve mucho amor por el lago, porque fui guía de Turismo en ese sector del Parque Nacional, así que la Modesta Victoria es mi debilidad”, enfatizó.
De hecho, la que señala es la pintura de mayores dimensiones de las que están expuestas en Vertiente-Café con Ideas hasta fines de enero próximo (el lugar está cerrado hasta el 2 del mes que viene). “Por eso hice el tríptico: un día cayó en mis manos una foto con toda la cordillera atrás y dije: bueno, me voy a sentar y lo voy a hacer. Lo hice, pero nunca pensé que me iba a salir tan bien”, se enorgulleció Razinger, aunque más bien suele hablar con mucha humildad de su arte.
“Siempre supe que puedo dibujar y copiar cosas, de un dibujo a otro”, historió. “Cuando era chica, era un juego con el hermano que me sigue. Estaban las revistas D’Artagnan, El Tony y todas esas, entonces jugábamos a ver a quién le salían mejor”, confió. “Él tenía sus revistas y yo las mías, siempre prestadas. Era una forma de ocupar el tiempo libre, porque no había mucha televisión, ni celulares ni demás”, bromeó. “Después, en la escuela, cuando había que escuchar al profesor, por ahí me ponía a dibujar al lado de lo que había que escribir. Y eso me quedó”.
Entre aquella infancia y el presente, pasó mucho sin que esa expresión aflorara. “Trabajé muchos años durante 10 o 12 horas por día, nunca tuve mucho tiempo de dibujar hasta que, por problemas de salud, me fui del trabajo”, compartió. “A partir de ahí, me propuse dedicarme a mi persona, a tener mejor calidad de vida y a hacer lo que por ahí, podía hacer. Entonces, empecé ir al taller de José Luis Rogel, que me indujo a la pintura, porque de pintura yo no sabía nada. Eso fue a partir de 2004 más o menos”, mencionó.

El cuadro de la izquierda, reproduce la casa familiar, en cerro Catedral. Foto: Matías Garay.
Luego sobrevendría otro paréntesis, “un impasse, como de ocho años, y después, probé ir a La Llave, a ver qué me podían enseñar en cuanto a dibujo y ahí estuve con Viviana Dziewa. Ella me dio algunos tips para ver cómo podía seguir y todo lo demás es propio, cosas que uno va aprendiendo. Ahora, hará tres o cuatro años que estoy con el grupo de croquiseros urbanos y ellos, los arquitectos y demás, hablan de técnicas y es como que a todo eso, lo voy recopilando y de a poquito, metiendo en mi obra o trabajo”, explicó la expositora.
En 2022, para Milena el arte “es un pasatiempo. Sigo trabajando, pero no mucho para que no me haga mal, así que un poquito el trabajo y otro poco el dibujo, así se me pasa el tiempo”, señaló. “Me gustan los días de mal clima porque aprovecho y pinto. Me inspiran porque como no se puede salir, es un buen momento para poner el atril en el living de mi casa, preparo todo y me pongo a pintar”, comentó.
Tanto para sus anfitrionas (Lorraine Green y Helen Cowan) como para ella, son días de sensibilidad a flor de piel. “Siento mucha emoción. Son cosas que hay que experimentar, pero es muy emocional y no es para hacerlo muchas veces”, admitió la pintora. “Me saca de eje y tampoco me hace bien, aunque ya hice otras muestras, pero siempre acompañada. Esta vez me lancé sola y eso cuesta un poco más, pero dicen que hay que tener este tipo de experiencias y ahí estoy. Son totalmente satisfactorias”, admitió. “Sus pinturas dejan entrever un Bariloche que ven los que viven hace mucho en esta región”, escribió Green y con razón. Y un evidente amor.