2022-12-18

EL MISMO QUE HABÍA EMBARAZADO A UNA CHICA DE 12 AÑOS

Aquel bandido de El Foyel terminó sus días en un tiroteo contra la Policía

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Atanasio Puchy (en las crónicas de la época aparece como Puchi) fue compañero de andanzas de Nicolás Román y Roberto Rojas, los bandoleros en los que se inspiró la película “Llena de ruido y dolor” (2020), de Nacho Aguirre.

Atanasio Puchy, el bandido de El Foyel cuya historia ventiló El Cordillerano parcialmente una semana atrás, estuvo involucrado en un asalto mortal en la zona Paso Chacabuco en marzo de 1928, junto con Nicolás Román y Roberto Rojas, también conocido como Foster. Como consecuencia de la tropelía, se lanzaron tras la banda efectivos policiales de Bariloche, Comallo y otras localidades. El resultado: Puchy fue abatido en un enfrentamiento, aunque según las crónicas de la época, solo tenía “captura recomendada por abuso de armas”.

Al aproximarnos al pasado del poblado vecino hace siete días, dimos con las andanzas de Puchy, quien fue intimado por la familia Eggers a casarse con una niña de 12 años, luego de dejarla embarazada. El bandolero también se vio obligado a dejar de lado su vida errante, al recibir amenazas de muerte por parte de los pobladores del paraje. Pero al parecer, su sedentarismo no se prolongó demasiado.

Unos días después de aquel asalto a mano armada que terminó con tres asesinatos, consignó los sucesos el periódico La Nueva Era. Arrimó una copia fotográfica de la crónica a este diario Raúl “Yuyo” Brigues, quien hace varios años regentea El Viejo Almacén, precisamente, un sitio emblemático de El Foyel que se entronca con su historia centenaria. Brigues pudo consultar el archivo del medio de prensa en la capital provincial.

Nótese la diferencia entre los relatos policiales de entonces y los de la actualidad. “El paraje denominado con el nombre de Paso Chacabuco, perteneciente a Paso Flores, en el que se encuentra diseminada por los campos una población de gentes sencillas y laboriosas, resultó días pasados, el nuevo escenario de una de esas tragedias misteriosas de que viene siendo víctima el territorio, hondamente conmovido ya por la magnitud de los sangrientos sucesos que con desesperante frecuencia viénense (sic) produciendo en su seno y en las que el plomo homicida ha conjugado miserablemente su más vil y vergonzante destino tomando de sorpresa la tranquilidad familiar de felices hogares que hoy viven la odisea fúnebre del más áspero y doloroso luto y sacrificando, a mansalva, preciosas vidas de hombres útiles a la sociedad y dignos de la consideración de todos”.

Después de introducción tan florida, nuestra colega fue a los acontecimientos. “En el hecho de Paso Chacabuco rodaron bajo la violencia mortal del proyectil siniestro, disparado alevosamente, tres hombres de enjundia cuyas honestas vidas, dedicadas a dar al ambiente en que actuaban mejores perspectivas de progreso, movíanse (sic) al calor de los sanos ideales y llenaban un destino benefactor dentro de la esfera de sus energías. Ellos son los señores Antonio y Fortunato Creide y José Marún”.

Después de establecer que, por entonces, solo se contaba con versiones, la crónica ofrece una pormenorizada descripción. “Siendo más o menos las 12 horas del día 14 del corriente (marzo de 1928), mientras en la casa de los señores Creide se servía el almuerzo, en circunstancias en que Fortunato Creide y José M. Marún salían de la cocina y penetraban al local donde se encuentra el negocio de almacén de propiedad de los dueños de casa, presentáronse (sic) inesperadamente tres individuos desconocidos, armados con pistolas mauser y winchesters (sic) y dirigiéndose a los primeros, ordenáronles que levantaran las manos, apuntándoles con las armas”.

Acto seguido, el desenlace. “Sorprendidos Fortunato Creide y José M. Marún por la intempestiva intimación, como advirtieron que habría resultado contraproducente toda tentativa de reacción, obedecieron a la voz de los asaltantes, quienes seguidamente descargáronles (sic) varios proyectiles que dieron en el blanco y produciéndoles heridas mortales los derribaron por tierra. Eliminadas estas víctimas, los delincuentes traspusieron el mostrador y penetraron al patio y sin dar tiempo a nadie para que pudiera obrar y asumir la defensa de la situación, abocando armas contra Antonio Creide, la señora de Fortunato y Eloy Martín, que también se hallaba en la casa, nuevamente volvieron a ordenar que se entregaran gritando manos arriba”.

En este punto, aquellos y aquellas que vieron “Lleno de ruido y dolor” (2020) encontrarán cierta familiaridad en la descripción. En efecto, el suceso inspiró al director Nacho Aguirre a la hora de escribir el guion de su película. “En tal situación y mientras uno de los asaltante descerrajaba un proyectil contra Antonio Creide y otro hacía fuego también contra Eloy Martín, la señora de Fortunato, horrorizada por las siniestras proporciones del cuadro que se presentaba ante sus ojos, conseguía escapar hacia el campo, sobre el cual precipitóse para poner a salvo a sus hijos”.

No obstante, la matanza ya estaba perpetrada. “Mientras tanto, ya desplomado en el suelo por los efectos del balazo recibido, Antonio Creide había perdido la vida y Eloy Martín, tendido al lado de su compañero muerto, simulándose sin vida, conseguía engañar milagrosamente a los delincuentes quedando a salvo e ileso en el lugar donde se le supone extinto por la acción de dos balazos que le fueron descerrajados”. Puede intuirse entonces quiénes fueron los que brindaron las primeras pistas.

“Consumado el drama, los asaltantes se dirigieron a la caja fuerte del negocio, desvalijándola y apropiándose de cuanto dinero contenía y acto seguido se retiraron por la puerta por donde habían penetrado, montando a pocos metros de ella en sus respectivos caballos y partiendo en dirección para Mallín Grande donde los aguardaba un grupo de cuatro hombres con los cuales continuaron con rumbo a Bariloche”. Unas cuantas horas después, comenzarían las pesquisas y las búsquedas que terminarían con la vida de Puchy (en las crónicas, el apellido aparece con i). Un western patagónico que fue demasiado real.

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