UN MAGNATE DEL TURISMO UNOS 100 AÑOS ATRÁS
¿Quién fue y cuáles fueron las posesiones de Carlos Roth?
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Cuando la célebre Chile-Argentina resolvió disolverse, el patrimonio que afectaba a sus actividades turísticas y de transporte quedó en solo unas manos. Una magnitud descomunal.
Cuando las accionistas de la célebre Compañía Comercial y Ganadera Chile-Argentina decidieron iniciar su proceso de liquidación, se encontraron con que la magnitud de la empresa era tan grande que no pudieron acordar con un solo comprador. Entonces, a partir de 1916 se empezó a desprender de su patrimonio por rubros o secciones. La rama turística del gigante quedó en manos de Carlos Roth, quien, a su turno, impulsó la empresa de viajes y transporte La Andina del Sur.
En efecto, al tomar los antiguos dueños su decisión, “la comunicación entre Chile y la Argentina vía lacustre, hoteles e instalaciones anexas del lado chileno y las construcciones del lago Frías” más “el hotel de Puerto Blest”, pasaron a manos del empresario, al igual que “los circuitos turísticos que monopolizaba la compañía”. Analizó el acontecimiento la historiadora Laura Méndez en su libro “Estado, fronteras y turismo. Historia de San Carlos de Bariloche” (Prometeo-2010), fuente de consulta insoslayable si se quiere saber qué sucedió aquí en el pasado.
Desde la perspectiva sectorial, el cambio de manos dinamizó la actividad. “Con respecto a la actividad turística y lacustre, el paso de propiedad de la Chile-Argentina a Carlos Roth implicó un impulso para el turismo que desde Chile llegaba al Nahuel Huapi”. Por entonces, era significativamente mayor el flujo de visitantes que provenía del oeste, en comparación con el procedente de Buenos Aires.
Méndez reproduce en su obra fragmentos de una carta que Roth envió en 1917 al entonces ministro de Agricultura, Honorio Pueyrredón, de cuya lectura se desprende el enorme patrimonio del que se había hecho, luego de la liquidación. “Soy propietario de la empresa de transportes que sirve la región del Nahuel-Huapi, en sus relaciones con la provincia chilena de Llanquihue. Desde que adquirí los elementos de la Compañía Chile-Argentina que hacía antes ese servicio, me empeño en mejorar este”, aseguraba.
Probablemente, Roth quisiera impresionar a su interlocutor. “Cuento con barcos a vapor en el lago Todos los Santos, lago Frías y lago Nahuel Huapi, actualmente estoy limpiando el río Frías que une el lago de este nombre con el Nahuel Huapi, he construido el camino más hermoso de la cordillera de los Andes. Cuento con hoteles en el lado chileno que no tienen iguales en la cordillera, si se exceptúa el de Puente del Inca”, sito en Mendoza.
Además, “en el Parque Nacional (Donación Moreno) –paréntesis en el original– soy dueño de otras casas de hospedaje, en lago Frías, y en Puerto Blest, las que deseo emplear para que en la estación próxima cuenten con comodidades suficientes para el número de turista”, anhelaba Roth. “En San Carlos de Bariloche soy dueño del muelle, cuya construcción fue autorizada por decreto y que usa gratuitamente el Gobierno de la Nación”.
Comprensiblemente, “todo esto me ha demandado muy crecidas erogaciones, que van aumentando desde que el servicio internacional lo exige, y lo exigirá más a medida que se divulgue el libro ‘Paisajes Cordilleranos’ que acaba de publicar la señorita Ada M. Elflein, como resultado de su visita en 1915 en estos lugares”.
Como ya mencionara El Cordillerano, antes de reunir sus artículos en la publicación, la escritora y periodista había dado a conocer los atractivos de la zona en artículos que publicaba en el diario capitalino La Prensa. La que dio su apellido a una calle céntrica, precisamente ingresó al Nahuel Huapi desde el oeste y conoció de primera mano la ruta que arranca terrestre y lacustre que arranca en el lago Llanquihue.
Obviamente, la exhaustiva enumeración que hiciera Roth no tenía solamente finalidades de ostentación. “Solicito autorización para, dentro de los términos de donación del doctor Moreno, construir a mi costo, mejores instalaciones de hospedaje y usar la leña seca para la navegación a vapor del lago […]. No cortaría árbol alguno en el Parque Nacional, pero se me permitiría abrir caminos cómodos”, calculaba. Es de suponer que el empresario logró su cometido.