¿LA HISTORIA DE BARILOCHE ES LA HISTORIA DE SUS CRISIS?
Las aduanas terminaron con décadas de comercio cordillerano en Nahuel Huapi
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En la década que medió entre 1920 y 1930, Chile gravó la entrada de ganado en pie y la Argentina respondió con otros derechos de importación. Los “intereses nacionales” se llevaron puesta la integración que funcionaba entre Osorno, Llanquihue y Bariloche.
La historia de Bariloche ¿será la historia de sus crisis? 100 años atrás, la zona del Nahuel Huapi afrontaba una que tuvo sus razones del otro lado de la cordillera. La década que comenzó en 1920 arrancó con problemas y terminó de la misma manera, aunque por razones muy distintas, ya que a la situación que se vivió a escala mundial después del crack de Wall Street, se sumó la incertidumbre que derivó del primer golpe de Estado del siglo XX en la Argentina.
En Chile, se discutía por entonces si mantener el régimen de “cordillera libre” o no. El Gobierno del vecino país enfrentaba las presiones de los grupos económicos que controlaban la comercialización y distribución del ganado en pie proveniente del este de las montañas. El proyecto consistía en mantener el régimen carente de imposiciones aduaneras, a través de un sistema de compensaciones.
En sentido contrario, marchaban los intereses de los ganaderos e industriales chilenos. La discusión comenzó a saldarse a partir de 1925, cuando la caída de las exportaciones salitreras y cerealeras hizo que Santiago “fijara altísimos impuestos para la importación de animales vivos”, según nos cuenta Laura Méndez en su obra “Estado, frontera y turismo. Historia de San Carlos de Bariloche” (Prometeo-2010). Aquella imposición implicó un fuerte golpe a la economía del Nahuel Huapi.
En 1927, una ley estableció “nuevos derechos de internación para animales vivos” con objetivos proteccionistas, porque en Chile procuraban proteger a su ganadería que venía en declive, a tal punto de requerir la importación de vacunos provenientes de la Argentina por valor de 60 a 70 millones por año. Desde la perspectiva trasandina, esa política dio resultados, porque en el transcurso de la década, el país alcanzó al autoabastecimiento de carne vacuna.
En 1930, se fijó el reglamento para la internación por los caminos en las Aduanas de Fronteras Terrestres, norma que fijaba para los interesados, una serie de trámites legales que debían afrontar antes de largarse a pasar el ganado. Además, ya no se podía cruzar por cualquier lado, solo quedaron habilitados los pasos que contaban con presencia de carabineros. Los derechos de importación debían pagarse en efectivo.
Vistas desde los ganaderos del Nahuel Huapi y de toda la zona cordillerana del noroeste patagónico, las nuevas trabas fueron perniciosas. “Las estadísticas del comercio exterior chileno muestran la significativa disminución de la entrada de ganado por los pasos de Neuquén y Río Negro a partir de esos años”, consigna el minucioso estudio de Méndez. Es más, desde 1920 funcionaba aquí el llamado “resguardo aduanero” del Nahuel Huapi.
Ante los altos aranceles, el Gobierno argentino respondió de la misma manera y gravó a productos chilenos como nueces, frutas y maderas. Entre Santiago y Buenos Aires, con criterios supuestamente de interés nacional, afectaron notablemente al intercambio comercial que por tres décadas había vinculado a la zona de Bariloche con la provincia trasandina de Llanquihue y con Osorno.
En 1930, la frontera chilena se cerró del todo para el ganado, de tan desmesurados los derechos de importación. El efecto se hizo notar en las exportaciones, tanto de vacunos como de lana. La Argentina respondió con otro incremento del 10 por ciento a las importaciones provenientes del occidente cordillerano. No obstante, las transacciones no cesaron del todo. Hasta 1939, se continuó con los envíos de bovinos, sebo, mantequilla y lana.
Como se sabe, hecha la ley… “La instalación del resguardo aduanero no implicó control total, ya que se denunció en reiteradas oportunidades a través de la Dirección de Aduanas que la vigilancia era insuficiente para controlar los pasos Cochamó, Machete y Pérez Rosales”, destaca la investigación. ¿Qué senderos habrán seguido aquellos arreadores, que casi de la noche a la mañana se convirtieron en clandestinos? En términos estrictos, las fronteras en esta zona apenas si tienen 100 años de existencia. Y su institución implicó una prolongada crisis.