2022-10-23

SUS HALLAZGOS SON MUY RELEVANTES PARA LA ARQUEOLOGÍA

¿Qué aportan los moluscos marinos al conocimiento de la historia patagónica?

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Al encontrarse al este de la cordillera cucharas, adornos colgantes y cuentas de collar confeccionados con valvas del Pacífico, se concluye la existencia de “rasgos culturales compartidos” entre la Araucanía y el norte de la Patagonia en épocas muy remotas.

Para la arqueología, el hallazgo de moluscos marinos en la vertiente oriental de la cordillera a la altura de la Patagonia Norte brinda información muy valiosa sobre la manera en que los antiguos grupos humanos se relacionaron con el hábitat y sobre cómo interpretaron el circuito que, en la actualidad, llamamos corredor bioceánico. Desde ya, las conclusiones ratifican que solo muy recientemente las montañas operan como frontera.

En efecto, en la terminología de las y los arqueólogos, “los moluscos marinos históricamente han tenido especial relevancia en diversas culturas, como objetos muy apreciados, eventualmente de elevado valor económico y simbólico. La presencia de estos moluscos en sitios arqueológicos del interior de Norpatagonia resulta de singular importancia para inferir aspectos relacionados con la movilidad, el uso del espacio y el intercambio”.

La aseveración puede leerse en “Espacio, cultura y tiempo: el corredor bioceánico norpatagónico desde la perspectiva arqueológica”, un artículo de elaboración conjunta que lleva la firma de Adán Hajduk, Ana María Albornoz y Maximiliano Lezcano. El texto se publicó en la compilación “Cultura y espacio. Araucanía-Norpatagonia”, que tuvo como compiladores a los historiadores Pedro Navarro Floria y Walter Delrio.

Contrariamente a lo que podría suponerse, “su presencia en los sitios registrados no responde a desechos de alimentación, sino a diversidad de usos, incluyendo recipientes como cucharas y pequeños contenedores; adornos colgantes y cuentas de collar empleados por ambos sexos en tiempos históricos”, establece el estudio. “Los restos hallados, generalmente fragmentarios y escasos, suelen presentar modificaciones propias de la factura y/o el uso de estos artefactos”.

Nuestras y nuestros mayores valoraron a los moluscos por “la resistencia de sus valvas, en algunos casos con sus vivos colores y por su propio carácter alóctono (es decir, su origen remoto) y su escasez sugerida por el registro arqueológico”. Hajduk, Albornoz y Lezcano mencionan que “la presencia más antigua de estos moluscos se registra en Cueva Traful I”, que se fechó nada menos que 7850 años antes del presente, aproximadamente.

“Se trata de un artefacto de borde dentado confeccionado en valva de choro zapato”, cuyo nombre científico es Choromytilus chorus. Se trata de un “molusco bivalvo de relativamente gran tamaño, endémico del Océano Pacífico. Este bivalvo es el más recurrente en sitios del área y se lo registra en el sitio El Trébol desde el 5600-5800 años AP”, es decir, en la actual jurisdicción municipal de San Carlos de Bariloche.

Uno de los moluscos marinos más recurrentes y llamativos es un “pequeñísimo gasterópodo marino”, cuya denominación científica es Homalopoma cunninghami. En la actualidad, habita tanto el Pacífico como el Atlántico. El registro arqueológico más temprano de esta especie procede del sitio El Trébol, entre 5600 y 5800 años antes del presente, junto con fragmentos de valvas de otra especie.

También se encontraron restos del gasterópodo en otros sitios de Río Negro y Neuquén, inclusive en el este de la segunda provincia. “Todos los ejemplares presentan orificios de suspensión que indican su uso como cuentas. Su frecuencia por sitio es variable, con registros aislados o más frecuentes, como en el sitio Valle Encantado I y El Trébol. La distribución actual de este molusco estaría restringida por el Atlántico a un sector distante unos 1500 km al sur de nuestra área, mientras que la costa del Pacífico se encuentra aproximadamente a unos 90 km, lo cual sugiere una relación más probable con el océano Pacífico”, afirman la y los especialistas.

Además de analizar la presencia de moluscos, el artículo también pasa revista a los hallazgos de restos cerámicos y a pinturas rupestres. Muy significativamente, les autores concluyen que “el registro arqueológico muestra movimientos de grupos humanos a gran distancia entre Araucanía y Norpatagonia, en circuitos de circulación de bienes e información que involucraron diferentes ambientes entre las costas de los océanos Pacífico y Atlántico”.

En consecuencia, “la distribución de los rasgos culturales compartidos en ambas vertientes cordilleranas es variable en el tiempo y en el espacio, con registros que se remontan a 7800 años antes del presente, incrementándose desde los últimos 1500 años, ya en contextos culturales cerámicos”, sostiene la investigación. Aquellos y aquellas que tienen responsabilidades políticas o jurídicas en el presente harían bien en tener presentes aportes de claridad tan meridiana.

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