ESQUÍ ESCOLAR
“Changuitos” de la nieve
Cada grupo de niños del programa de Esquí Escolar escoge un nombre.
En general, son siete, ocho, a lo sumo nueve chicos que aprenden a esquiar de la mano de un instructor.
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Así, alumnos de quinto grado de la escuela 266, Domingo Faustino Sarmiento, estaban en duda entre denominarse “Los chiquis extremos” o “Los chiquis”, a secas –a una nena, lo de “extremos” le sonaba un poco fuerte.
Fue el profesor que les tocó en suerte, Kevin Simón, quien solucionó todo diciendo que, en lugar de “Los chiquis” o “Los chiquis extremos”, serían “Los changos”.
“No se habían puesto muy de acuerdo con el nombre, así que yo les decía ‘changuitos’ y venían enseguida”, ríe Kevin.
Tiene veintisiete años y es su primera experiencia con el programa Esquí Escolar, aunque ya ha trabajado con niños en diferentes clubes.
“Que los chicos puedan vivir esto es hermoso. Algunos ya tienen experiencia, pero la mayoría es la primera vez que viene y ni se imaginaba que podía llegar a tener esta posibilidad. Para nosotros, que nos gusta trabajar con nenes, es maravilloso”, expresa.
Kevin destaca que a los pequeños “se los observa muy animados y, también, agradecidos”.
“Se nota la predisposición para aprender, y el reconocimiento por el tiempo que uno les dedica”, indica.
En el grupito que le tocó esta vez (los famosos “changos”) ninguno sabía esquiar.
“Me ha costado un poco la progresión metodológica, pero nunca faltó la motivación. Ellos te ‘llenan’, te muestra una gratitud enorme”, apunta.
Keyla es una de las integrantes de “Los changos”. Cuenta que le agradó ir al cerro “porque es como una miniciudad que tiene de todo”.
“Fue la primera vez que subí a la montaña y me gustó mucho”, señala, a la vez que destaca que le entusiasmó la manera en que le enseñaron a esquiar y, sobre todo, que pudo estar junto a sus amigos.
Josefina, por su parte, a quien todos en su grado llaman Jose, indica que “la actividad es muy divertida”, pero advierte que “cansa”.
“Se necesita mucha práctica”, afirma.
Más allá del cansancio, parece que Jose se divirtió bastante en el colectivo, desde la escuela al cerro y viceversa: “¡Podías hablar con todos!”, festeja.
Para Milagros, en tanto, a quien le gusta que la llamen Mili, se trató de su primera vez sobre los esquíes. “La experiencia fue muy linda, los profes son muy buenos con nosotros”, dice, y reconoce: “Primero la montaña me dio un poco de miedo, pero después se me pasó y lo disfruté mucho”.
Teo, que es la primera vez que esquía, también destaca al instructor: “Fue muy bueno conmigo, me enseñó bien”, sostiene, y cuenta que antes, al cerro, solo había ido a pasear.
Tiziano, que también se calzó los esquíes por vez inaugural, recalca que los trataron de maravilla y afirma que le “encantaría volver”.
Para Bioy, en cambio, esta ha sido su segunda vez con los esquíes. Aunque la ocasión anterior en que se los puso fue solo por una tarde.
Una tía que vive en Santa Clara del Mar y es amante de la nieve lo vino a visitar y lo llevó a probar qué era eso de esquiar.
Pero esta semana no se trató solo de tirarse, caerse y volverse a tirar, sino que resultó un aprendizaje intensivo.
“Fue divertido. Me gustó. Ahora creo que ya sé. Me encantó bajar haciendo zigzag. Quisiera hacerlo de vuelta”, revela.
“Los changos” llegaron acompañados por la “seño” Isabel Ruiz y la vicedirectora Romina Di Dieco (a la maestra Josefina Feudal, esta vez, le tocó quedarse en la escuela).
Según trascendió, estos “changuitos”, al regresar en el colectivo, todavía tenían algo de pilas como para charlar entre ellos por más que los asientos estuvieran distantes. Pero, por la noche, en sus casas, los ronquidos hablaban de una jornada encantadora… pero extenuante.