LEJOS DE LOS RAY-BAN, CERCA DE LOS NIÑOS
“Recuperar lo que es el esquí”
“Si la vida es un momento/ así como llega pasa/ solo el amor con su magia/ detiene el rumbo del tiempo/ le pone trino al silencio/ y a la piedra la hace agua.”
Así comienza Sombra enamorada, una canción con letra de Adolfo Marino Ponti.
Quien cita ese extracto de la letra es el referente territorial de la Dirección de Educación Física y Artística del Ministerio de Educación y Derechos Humanos de Río Negro, Daniel Fischer, quien por estos días lleva adelante la tarea de organizar el Esquí Escolar, por el cual se busca que los alumnos de quinto grado de escuelas públicas de Bariloche y la zona puedan aprender a esquiar.
No es casualidad que Daniel, de cuarenta y siete años, recurra a un tema folklórico para resaltar la importancia de buscar la trascendencia de la existencia a partir de pequeños momentos vividos al máximo.
Sucede que es hijo del reconocido folklorista “Tata Chango”, a quien define como “un bohemio guitarrero”.
Ya metiéndose en la temática del esquí, califica al programa que se lleva adelante como “una máquina de hacer esquiadores”, porque se forma a “mil quinientos por año”, que es “la matrícula de todos los quintos grados del Consejo Escolar Zona Andina”.
En 2013 arrancó en el Esquí Escolar como profesor, pero desde 2016 está como referente.
Daniel nació en Buenos Aires, pero es “barilochense por elección”.
De pequeño, sus padres solían venir en los inviernos y se instalaban durante unos días en el actual estacionamiento del cerro Catedral. “Tuve la suerte de tener unos viejos que, desde que yo era chiquito, plantaban una casa rodante en lo que, en aquel momento, era un playón de tierra donde no se cobraba. Así que esquío desde los cuatro años”, cuenta.
De esa manera, entre remembranzas a las “estalactitas” que se formaban en el vehículo en el que llegaban a la región, Daniel señala que, una vez que se recibió de profesor de Educación Física en Buenos Aires, decidió instalarse en esta parte del mundo. Corría el año 2000.
Ahora, como referente territorial de la dirección de Educación Física y Artística ministerial, lleva adelante varios programas, pero, seguramente, no es descabellado indicar que el del Esquí Escolar sea el de mayor trascendencia.
Durante dos meses (este año la actividad comenzó el 8 de agosto y se extenderá hasta fin de septiembre), los alumnos de quinto grado de escuelas públicas –cada uno, cuatro días– aprenden a deslizarse por la nieve, cosa que, seguramente, salvo excepciones, dado el costo que involucra en general este deporte, les sería imposible hacer.
El programa nació en 1999, aunque con un segmento acotado de alumnos.
En 2012, se masificó.
Este año, tras el parate obligado por la pandemia, regresaron a la “aventura”.
Pero estuvieron a punto de no hacerlo.
Daniel da a entender que, con Mercedes Jara Tracchia al frente del Ministerio de Educación y Derechos Humanos, la cuestión era una incertidumbre -aunque se estaba más cerca de no hacer nada que de la reactivación.
“Hubo un gran apoyo de la comunidad educativa, y en las escuelas comenzaron a juntar firmas. A la vez, se produjo un cambio de autoridades ministeriales. Así que, si bien existió un retraso en la decisión, con el nuevo ministro, Pablo Núñez, la determinación política de continuar con este programa fue rápida y se pudo organizar a tiempo”, señala Daniel.
Asimismo, se refiere a los niños que, con el Esquí Escolar, tienen la posibilidad de acceder a la actividad: “Estadísticamente, de mil quinientos, quizá encontrás cincuenta que pueden esquiar en un club o con su familia; el resto es la primera vez que viene al cerro, incluso a conocer la base”.
También remarca que, logrando salvar los inconvenientes por las dificultades vinculadas a lo oneroso del deporte, “hay gente que llega y después sigue relacionada con el esquí”.
En ese sentido, destaca “los derechos de los pibes y pibas para tener acceso a los bienes culturales y deportivos de un lugar de montaña”.
“En cualquier pueblo del mundo, quienes viven cerca de un cerro van y esquían o caminan por el lugar; acá parece que tenemos algunas resistencias”, manifiesta, en relación a las dificultades que implica el desnivel económico.
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De tal manera, considera que, para él, esto se trata de “recuperar lo que es el esquí”.
“Para mí, esquiar no es andar con anteojitos Ray-Ban y perfumado… Se trata de, cuando termina el día, estar sudorosos, cansados, pero alegres de que pudimos reivindicar un tejido social. Ese pibe que vuelve a su casa le cuenta a sus viejos que la pasó rebien, y quizá los padres también estuvieron en el Esquí Escolar y saben de qué se trata”, expresa, tras lo cual se emociona hasta las lágrimas –y no es una exageración; hay testigos.