2022-08-21

LOS PIONEROS FUERON EL “SUIZO”, EL “SAN CARLOS”, EL “CENTRAL” Y EL “ITALIA”

Argentina año verde: Parques financiaba la construcción de hoteles

En realidad, esa política comenzó a instrumentarse a partir de 1934, cuando desde Buenos Aires se dispuso incentivar el turismo a partir de la política estatal.

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En su afán para instaurar el modelo turístico que, finalmente, se adueñó de Bariloche, la Dirección de Parques Nacionales no solo levantó, compró o amplió hoteles, además brindó créditos al sector privado que coincidiera con su proyecto. Si bien los inicios de la actividad hotelera son anteriores en el pueblo, curiosamente visto desde hoy, el boom se produjo a partir de la iniciativa estatal.

“Aunque de manera muy incipiente, desde la fundación de Bariloche comenzó a desarrollarse muy lentamente la actividad turística y a surgir emprendimientos hoteleros de distinto tipo. En 1920, la ciudad ya contaba con por lo menos cuatro hoteles en el casco urbano” y “una oficina de turismo”, puntualizan Liliana Pierucci y Giulietta Piantoni en el segundo tomo de “Río Negro. Los caminos de la historia” (Pido La Palabra-2021). En particular, la aseveración forma parte del capítulo “El turismo en la provincia de Río Negro”.

Aquellos establecimientos pioneros fueron el hotel Suizo, el San Carlos, el Central y el Italia. “A ellos se sumaron algunos ubicados fuera de la zona urbanizada como el Hotel Perito Moreno de Carlos Wiederhold y el Hotel Correntoso de Primo Capraro, entre otros”, reconstruye la narración de las historiadoras. Pero el crecimiento vertiginoso del sector se decidió desde Buenos Aires.

En efecto, “el desarrollo y despegue definitivo del turismo como actividad económica a nivel territorial local y regional estuvo motorizado por políticas estatales y prácticas simbólicas que se corresponden con su planificación como destino turístico. Desde la creación de la Dirección de Parques Nacionales (DPN) en 1934, se pusieron en marcha diversos planes locales, provinciales y regionales anclados en sus bellezas escénicas”, dicen las autoras.

Como se sabe, “la DPN llevaría adelante la creación de representaciones acerca del lugar y, paralelamente, prácticas materiales de ampliación de la infraestructura y la accesibilidad. La intención era integrar la arquitectura con el medio natural y crear ‘pasajes urbanos’ dando lugar a la imagen idealizada de pueblo de montaña estilo europeo, la tradicional postal de ‘la Suiza argentina’”, destacan Piantoni y Pierucci.

Los resultados de aquellas políticas todavía están a la vista. “Su intervención máxima es el conjunto arquitectónico del Centro Cívico, pero no por ello debemos olvidar obras monumentales como el Hotel Llao Llao, el Hospital Regional, la Escuela 16, la pavimentación de la Av. 12 de Octubre, la Catedral Nuestra Señora del Nahuel Huapi; y la reorientación del esquí como práctica turística en el cerro Catedral, entre muchos otros proyectos”.

Precisamente, que el Estado afrontara la construcción de un hotel desde sus arcas generó molestias en el sector hotelero barilochense, como ya ventiló El Cordillerano en otra oportunidad. Pero no solo del Llao Llao se encargó Parques. “Para aumentar la capacidad de recepción de visitantes a la región, se optó por la compra de hoteles o su ampliación y por la construcción de nuevos refugios, hosterías y plantas de campamentos”.

Con esas inversiones “se buscaba […] promocionar la actividad turística a partir de demostrar su rentabilidad, propiciando que agentes privados, por medio de la inversión propia o con ayuda de los créditos facilitados por la repartición, se volcaran a la multiplicación de la planta hotelera y de servicio para el visitante, quedando siempre bajo la regulación de Parques la regulación de las tarifas y la estética arquitectónica”.

La DPN también se interesó en promocionar el esquí, como ingrediente de peso para su política turística, a tal punto que contrató a Hans Nöbl para “iniciar” el deporte, que, en realidad, ya se desarrollaba aquí con anterioridad. Hasta entonces, las y los barilochenses esquiaban los fines de semana y en la pendiente que más accesible quedara al trabajo de sus piernas.

“El entorno planificado para el desarrollo planificado de este atractivo fue el cerro Catedral: allí se desmalezó para comenzar con las obras del camino de acceso desde Bariloche, los refugios, hotel, obras sanitarias, capilla y, por supuesto, la construcción de medios mecánicos de ascensión”, añaden las historiadoras, cuyo artículo trae a colación una sentencia de Exequiel Bustillo, quien justificó la transformación con el “ansia de construir y construir para cambiar, de una vez por todas la fisonomía de aquel desierto”. Desierto no había ninguno, pero que la cambió, la cambió. 

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