AHORA, SI SE ESQUÍA EN LAS CALLES ES NOTICIA
90 años atrás, en Bariloche esquiaba cualquiera que tuviera buenas piernas
Antes de que el esquí se transformara en factor de desarrollo de la actividad turística, su práctica se concentraba en los fines de semana y se desplegaba en todos los cerros que rodean a la localidad.
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Durante la semana que finaliza, fue noticia la espontánea pista de esquí y snowboard que se aprovechó sobre la calle Onelli, a la altura del barrio Arrayanes. La apropiación popular del ahora insólito descenso hace rememorar la situación del esquí 90 años atrás, cuando en Bariloche esquiaba cualquiera que tuviera ganas y buenas piernas para el ascenso, porque medios de elevación todavía no existían. Hay semblanzas al respecto.
Como se sabe, “una institución clave para el desarrollo y expansión del esquí en la región del Nahuel Huapi, actividad que […] sería un eje en el desarrollo turístico de la ciudad, es el Club Andino Bariloche”, afirman Liliana Pierucci y Giulietta Piantoni en el segundo tomo del libro “Río Negro. Los caminos de la historia” (Pido La Palabra-2021). En particular, la aseveración está en el capítulo que se titula “El turismo en la provincia de Río Negro”.
Recuerdan las historiadoras que “esta institución, creada por Otto Meiling, Reynaldo Knapp, Juan Javier Neumeyer y Emilio Frey en 1931, concebía las prácticas en la montaña en vinculación con lo recreativo, el esparcimiento y el vínculo con la naturaleza. Introducida en el pueblo por hombres que lo habían conocido en Europa, no tardó mucho en contagiarse el entusiasmo por sentir el deslizamiento de las tablas sobre las colinas nevadas y por las calles del pueblo, provocando revuelo y admiración en los habitantes de la aldea”.
En efecto, por entonces era corriente llegar en tablas hasta el centro del pueblo, cuando todavía el Centro Cívico no existía. Esa práctica fue posible inclusive hasta la década de 1960, según confió por su parte, Hans Schulz en “Mandato paterno” (EDUCO-2011). Pierucci y Piantoni establecieron que “el esquí era una actividad más dentro de las que se realizan en la montaña”.
En sus albores, la institución de la calle 20 de Febrero “no era un club de esquí, sino un club ‘andino’, en donde la exploración, el montañismo, las excursiones, la escalada, el esquí, el cuidado de la naturaleza y su disfrute, eran parte de un mismo concepto integral de relación del hombre con el entorno”. En ese contexto, “quienes esquiaban en las laderas que rodeaban Bariloche, también realizaban excursiones a las montañas cercanas. Los cerros Otto, Ventana, Villegas, Carbón, López, entre otros, fueron los ámbitos de mayor presencia de estas actividades”.
La práctica no estaba concentrada en un solo complejo, no solo porque no existía, sino también porque “se salía a conocer y a explorar la zona; se subía caminando, con esquíes al hombro, o con sogas rodeando las tablas, por las laderas nevadas, para luego descender con los esquíes por la nieve honda. Lo hacían hombres, mujeres y jóvenes que se consideraban ‘aptos’ para realizar estas actividades durante los fines de semana, cuando el descanso laboral lo permitía”. Quiere decir que estaba al alcance de trabajadores y trabajadoras.
Además, “la cercanía de los lugares lo facilitaba”. Quienes sentían la vocación, “exploraban y lo daban a conocer, se recopilaba la información y se publicaba en distintos organismos oficiales o no oficiales, revistas científicas y de divulgación que lo solicitaran. La intención era que se conociera, se valorase, se disfrutase, pero por sobre todo que se cuidase. Y por esto, el turismo no estuvo ajeno al Club Andino”.
En esa línea, “desde la institución se promovió la construcción de sendas, picadas, caminos para que el acceso fuera cada vez mayor y se facilitaran las actividades para el disfrute de la naturaleza”. Las cosas comenzaron a cambiar cuando se creó la Dirección de Parques Nacionales en 1934 y a partir de entonces, el desarrollo del turismo fue una política del Estado Nacional que se diseñó desde Buenos Aires.
En particular, “la gestión de Exequiel Bustillo como primer presidente de la DNP (1934-1944) claramente llevó adelante una agresiva política transformadora asociada al turismo, donde Bariloche sería la cabecera de un sistema regional de villas turísticas”, acota el texto de Piantoni y Pierucci. Desde entonces, pasaron muchas cosas y ahora, cuando los sectores populares esquían en las calles, es noticia.