2022-07-31

POR ESO CAPRARO DEMANDABA LA LLEGADA DEL TREN

Hacia 1916, la cerveza y los vinos que se consumían en Bariloche venían de Chile

A la vez que exhortaba la conexión para iniciar un proceso de sustitución de importaciones, el empresario anhelaba una salida para la producción de la zona del lago.

Hacia 1916, la casi totalidad de la cerveza, vinos y licores que se consumían en Bariloche venía de Chile. Otro tanto sucedía con “buena parte” del azúcar, el arroz y la harina. Como contrapartida, la producción del lago tenía serias dificultades para comercializarse fuera de la región. Esos límites hacían que empresarios como Primo Capraro clamaran por la llegada del ferrocarril, que recién se concretó casi dos décadas después.

En su libro “Estado, frontera y turismo. Historia de San Carlos de Bariloche” (Prometeo-2010), la historiadora Laura Méndez reprodujo varios fragmentos de una carta que envió Capraro a Luis Rapelli, director de los Ferrocarriles del Estado, el 14 de diciembre de aquel año, es decir, ya cumplido un centenario de la Declaración de Independencia. Indirectamente, sus palabras legan una semblanza de la fisonomía que presentaba la zona en aquella época, sobre todo en materia económica.

“Llegando el ferrocarril a Nehuen Nigen (que es el verdadero centro de gravedad del mismo F.C.) empezarán los productos de la región cordillerana del Nahuel Huapi, Bolsón, Epuyén, Cholila, Traful a entrar en lucha con los productos que por vía fluvial llegan a San Antonio Oeste, por los siguientes artículos: madera para construcciones en general, artefactos y derivados de la madera, cereales, tuberosas, verduras y forrajes”, puntualizaba el empresario. Suponemos que se refería a Huahuel Niyeo, nombre antiguo de Ingeniero Jacobacci. Y de su descripción deriva que el tráfico por el río Negro era intenso. Los paréntesis son suyos.

Como contrapartida, “la zona andina importa casi en su totalidad, la cerveza, vinos, licores, buena parte del azúcar, arroz y también harina de Chile: como asimismo objetos de zapatería, talabartería, ferretería, bazar, etcétera”, describía el hombre fuerte de la economía barilochense. Fortaleza que convivía con una evidente debilidad, a raíz de la cual demandaba apurar la llegada del tren.

Con ánimo de revertir la increíble demora, señalaba Capraro que “el F.C. ganará financieramente y llenará el objeto para el cual ha sido construido (es decir: nacionalizar los Andes del Sur y fomentar las industrias de aquella región que la Naturaleza ha dotado de todo lo que el hombre pueda desear), se buscará de ayudar los esfuerzos particulares y de estudiar de cerca sus problemas”. Una vez más, los paréntesis son del autor de la misiva.

Hasta un parangón religioso arriesgaba el italiano. “Los pocos pioneros (animados de buena voluntad y conscientes de la futura grandeza de la región) que ejercen alguna pequeña industria manufacturera […] esperan que se acerque el ‘Redentor’ el ferrocarril que los unirá al consorcio humano y colocará en contacto de la Civilización la zona más bella, más rica y más sana del mundo”.

En términos prácticos, sugería que “para fomentar actualmente la iniciativa de los particulares habría que empezar usando en el F.C. los materiales de la localidad, que pueden, tanto por el precio como por la calidad, sustituir los que transportan de San Antonio o del extranjero, como a ser: madera aserrada, durmientes, postes de telégrafo, postes de alambrado y varillas y artefactos de madera”.

Ante el déficit que presentaba el intercambio de mercaderías 106 años atrás, “casi no hay troperos desde Bariloche a Punta Rieles, porque los productos del lago no tienen salida y porque muchos otros productos vienen de Chile. Si fomentasen con comprar en Bariloche los productos forestales los mismos carros al regresar a Bariloche, llevarían los productos nacionales: vino, cerveza, azúcar, harina, etcétera, que hoy vienen del Pacífico exclusivamente, ganando así también el F.C. y se fomentaría en tal forma la población, pues los trabajos del monte, los acarreos, los aserraderos, etcétera, implican la necesidad del obrero”, aconsejaba el empresario. A pesar de la claridad de su diagnóstico, el tren demoraría 18 años más en llegar a Bariloche.

Te puede interesar