MENOS MAL QUE PREVALECIÓ EL ACTUAL
El primer nombre del Catedral fue cerro Pilatos
Entre chilenos y argentinos, claro. Quiso emular al prefecto romano en Judea Francisco Fonck, pero cuando conoció los diarios de viaje de fray Menéndez, cambió de opinión.
Hacia 1791, hacía décadas que ningún hombre blanco se aventuraba por estas latitudes. Las revoluciones que iban a conducir a las independencias de la Argentina y Chile todavía no estaban en los planes de nadie. Años antes, la monarquía española había expulsado de América a la orden de los jesuitas, que 80 años atrás, había intentado sostener una misión en cercanías del Nahuel Huapi con suerte fallida. En ese contexto, revivió viejos planes otro sacerdote, pero franciscano: Francisco Menéndez.
La suya no fue una aventura individual. Para intentar el cruce de la cordillera desde Chiloé, interesó al gobernador colonial del archipiélago y conformó a sus diversas expediciones con decenas de militares y milicianos, además de gente huilliche, que hizo de intérprete y baqueana. El primer intento por redescubrir el mítico Camino de los Vuriloches se practicó en el verano de aquel año y si bien el contingente no pudo conseguir el objetivo de arribar al lago, hizo una contribución insospechada a la identidad barilochense de la actualidad.
Según reconstruyó Juan Martín Biedma para su “Toponimia del Parque Nacional Nahuel Huapi” (Editorial Caleuche-2004), se debe al franciscano y sus acompañantes el nombre del cerro que cobija al “complejo invernal más importante de Sudamérica”, como gustan en calificarlo las y los barilochenses. En efecto, luego de sortear las alturas cordilleranas más importantes, el grupo “divisó un cerro a la izquierda de un abra que Fonck identifica con el brazo oriental del lago Mascardi”, determinó Biedma.
Como ya mencionamos varias veces en El Cordillerano, Fonck también se llamaba Francisco, aunque en castellano, porque era de origen alemán. Él escribió su propia historia en la región, porque junto con Fernando Hess, partió de Puerto Montt en 1856, tres años después de su fundación. Cruzó la cordillera por el antiguo Camino de las Lagunas y en Puerto Blest, se embarcó hasta llegar a península San Pedro. De hecho, se deben a su expedición los dos nombres.
Además de ser importante para el conocimiento del pasado de la región por su propio periplo, Fonck fue el que editó los diarios de viaje que había llevado Menéndez a fines del siglo anterior. El alemán-chileno logró su cometido en 1899, es decir, más de 100 años después de la hazaña del franciscano. Entre el viaje de uno y de otro mediaron 67 años y para ese lapso, no se conoce otro documento que se relacione con la historia remota del Nahuel Huapi, originado en presencias directas en la zona.
Para referirse a la altura en cuestión, Menéndez describió un “cerro con mogotones que parecen torres de Catedral”. La palabra mogotón cayó en desuso, pero fue de utilización corriente siglos atrás y al parecer, designaba a las formaciones pétreas que hoy llamamos agujas. Concretamente, para la jornada del 27 de febrero de 1791, anotó el religioso: “Por la mañana seguimos al este y a corta distancia encontramos un cerro redondo a cuya falda se hallan unos prados, y desde el más alto descubrimos dos lagunas al este, y otra al sur. Esta tendrá cuatro cuadras y las otras son más pequeñas. A la izquierda de la abra (sic) del este se ven sobre un cerro unos mogotones que parecen torres de una Catedral. También se divisa una pampa muy dilatada después de un cerro sin árboles y el pie un hoyo que presumo será derrumbo”.
En una extensa nota al pie de la publicación, Fonck sumó que “la pampa dilatada que el autor divisa desde el cerro Redondo es, según parece, el valle Vuriloche de Steffen al pie del paso Barros Arana; el ‘cerro sin árboles’ será tal vez el mismo yugo de este paso, que es pelado en la cima, o el último contrafuerte del Tronador que se junta con él y a cuyo pie se halla ‘el hoyo que presumo ser derrumbo’, es decir, el ventisquero que desciende de aquel macizo. Este ventisquero análogo al ventisquero del río Frío, por conducir ambos las nieves de la pendiente oriental del Tronador, ocupa una posición bien determinada que sirve de punto fijo para orientarnos”.
El libro salió en la época en que ya trabajaban en el área las comisiones de límites de los dos países, por eso mencionó Fonck a Hans Steffen, otro alemán al servicio de Chile. Añadió que “la abra (sic) del este es casi sin duda la depresión del brazo oriental del lago Mascardi y su continuación hacia el lago Nahuelhuapi (sic). La otra abra que principia a diseñarse desde aquí, la del sudeste, es probablemente la hondonada que encierra el brazo occidental del Mascardi y el valle Grande del Sur”.
Durante su expedición de 1856, Fonck le impuso al mismo cerro el nombre de Monte Pilato, por su semejanza con uno llamado así que existe en Suiza. Pero fue porque, por entonces, no conocía la existencia de los diarios de Menéndez. Cuando los tuvo frente a su mirada, admitió que debía prevalecer la sugerencia del español: cerro Catedral. Menos mal, ¿no? No quedan muy lindas denominaciones como Pilato Alta Patagonia, Hotel Gran Pilato o más atrás en el tiempo, Robles Pilato.