2022-07-13

LOS VAIVENES DE LA OPERACIÓN EN 2020

El responsable de lanzamiento del SAOCOM 1B evoca lo que sucedió al principio de la pandemia

Aquellos que estuvieron involucrados de una u otra manera en el lanzamiento del Satélite Argentino de Observación con Microondas (SAOCOM) 1B difícilmente olvidarán todo lo que tuvo que ver con su lanzamiento, que se concretó el 30 de agosto de 2020, con un largo derrotero previo, lleno de “amagues” que hacían pensar que la operación nunca iba a realizarse.

Cabe recordar que, en un primer momento, la fecha estipulada era el 30 de marzo, y la pandemia puso un freno imprevisto. Luego se indicó que se desarrollaría el 25 de julio, pero una vez más no se llevó a cabo. En ese último caso, se debió a que la empresa SpaceX, a cargo del lanzamiento, requirió mayor tiempo para la puesta a punto del vehículo lanzador. Se pautó como nueva fecha el 27 de agosto, pero tampoco pudo ser.

En aquella ocasión, el aplazamiento estuvo relacionado con una postergación de un lanzamiento previo, que hizo que el SAOCOM 1B, nuevamente, tuviera que esperar.

Finalmente, el 30 de agosto sucedió… El lanzamiento se realizó a las 20.18, en Cabo Cañaveral, Florida, Estados Unidos. 

“Es una emoción enorme”, afirmó, minutos después, el jefe de Proyecto de SAOCOM –por INVAP–, ingeniero Gabriel Achtig.

Al mediodía en la sede de INVAP en Bariloche antes del lanzamiento, se podía “palpar” la mezcla de ansiedad, nerviosismo y alegría.

Eran tiempos donde las medidas para ingresar en cualquier sitio público eran varias, y, en lo que hace a la empresa satelital, aun más estrictas. 

Frente a la presencia del COVID-19, en INVAP no solo tomaban la temperatura corporal y exigían la colocación de alcohol en manos, sino que incluso había que sentir el aroma de un frasco (café/vinagre) para comprobar el olfato.

Tras tantas idas y vueltas, por fin parecía que todo estaba dado para que el evento fuera un acontecimiento, es decir que algo que pudiera o no suceder se transformara en un hecho de importancia.

En el Edificio de Integración Satelital (EISA) de INVAP, dentro de un cuarto especial, desde el otro lado de los grandes vidrios que lo separan del resto de la estructura, se podía observar a nueve técnicos provistos de barbijos, delantales y cofias descartables (esos cuidados, aún hoy, a casi dos años de aquello, se mantienen) que trabajaban frente a monitores de diversos tamaños, en un sector acordonado, donde todo parecía realizarse dentro de normas de seguridad y prevención estrictas. Hasta las sillas poseían cobertores protectores.

Esos trabajadores terminarían su turno a las 17, cuando ingresarían aquellos que estarían presentes en el momento del lanzamiento. 

“Es la primera vez que se va a realizar en formato remoto”, explicaba la responsable de prensa, María Masoero.

En esa ocasión, gran parte del trabajo se llevaba a cabo –aparte del lanzamiento en sí (programado en Estados Unidos)– en distintos puntos de la Argentina: Córdoba, Buenos Aires y, claro, Bariloche.

La ingeniera Josefina Péres, jefa de Proyecto de SAOCOM –por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE)–, hablaba de “adrenalina pura”. Claro, faltaban apenas unas pocas horas para que aquello en lo que tanto se había trabajado fuera una realidad.

“El equipo está impecable. Esto ya empezó. El procedimiento corre minuto a minuto, y todo va bien”, indicaba, y destacaba “el suspenso” que había envuelto al lanzamiento del SAOCOM 1B.

“Cada postergación la aprovechamos para prepararnos más”, expresaba, y recalcaba: “Para la CONAE, es la culminación de un desafío”.

El ingeniero Gabriel Achtig, de INVAP, en tanto, al recordar a los técnicos que en esos momentos estaban en Florida, decía: “Ellos están tranquilos, confiados. Pero estoy esperanzado de que puedan volver lo antes posible. Han pasado mucho tiempo allá; ya es hora de que regresen a sus casas”.

Justamente, alguien que se encontraba en aquel sitio era Pablo Ordoñez –de CONAE–, quien en el SAOCOM 1A había sido responsable de integración y ensayos, además de “suplente” en la campaña de lanzamiento (la persona backup del director ese momento), y, en la partida del SAOCOM 1B, era el director de lanzamiento, en Cabo Cañaveral.

Pablo Ordoñez.

“Fue un gran desafío, en un contexto muy complicado”, recuerda Ordoñez hoy. “Necesitábamos lanzar nuestro satélite en el medio de una pandemia. Ese lanzamiento fue totalmente distinto a todo lo que la CONAE había tenido anteriormente, en base a lo que fue su hermano gemelo, el SAOCOM 1A”, explica.

“El día de lanzamiento, generalmente, hay entre veinte y treinta personas, y nosotros sólo fuimos trece, divididos en dos lugares, y debimos absorber todos los roles”, rememora, en relación a lo que los tiempos dominados por la pandemia obligaban.

Además, suma otro inconveniente: “Nos tocó un día de lanzamiento muy complejo, con muchos problemas climáticos: tormentas, rayos, interrupciones de telemetría… Todo hizo que aumentaran un poco los niveles de complejidad”.

“Ahora, que pronto van a hacer dos años, la verdad es que estoy súper orgulloso de los resultados que tuvimos, con todo el esfuerzo que implicó por parte del equipo de CONAE y de todos los proveedores”, señala.

Así, Ordoñez evoca que los equipos de trabajo estaban armados “para poder hacer un lanzamiento en marzo”.

“Aproximadamente, una semana antes de la fecha programada, en Florida, que al principio fue uno de los Estados estadounidenses más golpeados por la pandemia, empezaron a poner restricciones que cada vez fueron mayores y, en un momento, no se podía entrar a la base de lanzamiento… Tuvimos que poner el satélite en configuración segura”, manifiesta, sobre aquel momento donde debieron regresar a la Argentina y hacer las cuarentenas previstas en aquel entonces.

Ordoñez, que en la actualidad está a cargo de la gerencia de proyectos satelitales de la CONAE, aprecia que “el lanzamiento se dispuso para julio, y empezó lo referido a organizar el equipo -completamente reducido- para viajar a Estados Unidos en medio de una pandemia”. Además, rescata que también hubo que preparar a las personas que atenderían “el lanzamiento de forma remota”.

“Era la primera vez que los equipos de trabajo, de Bariloche, Córdoba y Buenos Aires, no se iban a movilizar”, expone. De ahí que afirme que se trató de “un desafío enorme”.

“Las sorpresas no terminaron ahí”, dice, para luego mencionar la otra demora: “Un retraso ajeno a nosotros, relacionado con el lanzador… Perdimos la fecha de lanzamiento. Hubo que tomar una decisión: volver, con todo lo que eso implicaba en medio de una pandemia, o quedarse en Cabo Cañaveral, hasta que llegara el momento”.

Se quedaron…

“Por un lado, la parte técnica del satélite siempre estuvo perfecta, pero existía el tema humano. Se le tuvo que comunicar a la familia que había que quedarse un tiempo más, y después volver a hacer todas las cuarentenas. Hubo distintas situaciones, y el equipo, de alguna manera, se vio afectado. Lo importante fue mantener la unidad. No importaba si se era de CONAE, INVAP o lo que fuera, se trataba de un equipo con un solo objetivo, que era hacer un lanzamiento en tiempo y forma, como corresponde. Eso nos mantuvo unidos”, narra Ordoñez, quien igualmente aclara que, sobre el final, hubo otro inconveniente: “Para colmo, el día del lanzamiento nos tocó una gran complejidad climatológica”, indica.

Pero salió bien: “Dos años después vemos los resultados y, de ser necesario, lo volveríamos a hacer”, asevera.

Después de todo, Ordoñez, que en la actualidad tiene cuarenta y un años, desde pequeño deseaba llegar a ese lugar: “Siempre me gustó el tema espacial. Cuando era chico veía las transmisiones desde Cabo Cañaveral y soñaba con estar ahí para, al menos, ver con mis ojos un lanzamiento”, revela.

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